No se trata de resucitar a Smith o a Ricardo, no se trata de alcanzar el maravilloso sueño del libre mercado autorregulador y distribuidor de riqueza. Nada de eso, se trata de “la pela”. Eso es la famosa “Directiva Bolkenstein”.El Capitalismo tiene que ganar cada vez más dinero, como sea. Invadiendo y saqueando países, haciendo guerras, cambiando las leyes laborales para que se explote aún más a los trabajadores, etc. A esta premisa hay que añadirle la de que el capitalismo ya no necesita de más Estado del bienestar para evitar las crisis de sobreproducción Por tanto, sólo necesita una élite de trabajadores muy cualificados y el resto que tienen que estar sometidos a lo que ahora llaman “flexibilidad laboral”. Entonces se juntan dos cosas, por un lado que ya no necesitas una clase trabajadora como en el fordismo, antes de 1972, que consumiera mucho, con un Estado regulador y paternalista, que evitaba las crisis económicas aumentando el consumo y las políticas con mano dura a veces (fascismo y “macarthismo”) o con sometimiento ideológico otras (estados del norte de Europa). En aquel entonces, los trabajadores tenían que ser gorilas. Según Taylor, el teórico del “fordismo”, el proceso productivo tenía que recortarse, planificarse tanto que lo que hacía un obrero lo podía hacer un gorila.

Ahora, sin embargo, sólo se va a producir lo que se va a vender y cuando se va a vender (just in time). La tecnología y el abaratamiento de los transportes hacen que los componentes de un ordenador sean producidos en varios continentes distintos. La producción se dispersa. El trabajador occidental está muy cualificado, de hecho generalmente realiza su trabajo con una cualificación muy superior a la necesaria.

Así el proceso de producción se diversifica, flexibiliza, externaliza, precariza en definitiva. El trabajador, autónomo, se cree parte del sistema, es absorbido ideológicamente. “Sé tu propio jefe, sé emprendedor”, nos bombardean a diario.

Ni con esas el Capitalismo tiene bastante, las multinacionales quieren más, y hay 2 jugosas fuentes de plusvalía y riqueza no lo suficientemente explotadas:

La sanidad y la educación.

La liberalización de los servicios es uno de los puntos más importantes de la directiva. La sanidad y la educación dejan de ser un derecho de todo “ciudadano”, al que los trabajadores sea cual sea su condición económica, formativa, etc, tenían acceso, sino que es un “servicio”, una posibilidad. De lo que se trata no es sólo de la jerarquización del conocimiento y la sanidad. Como en el siglo XIX en el que sólo los hijos de los burgueses tenían acceso a la escuela o a un médico. Por ejemplo en EEUU hay 45 millones de pobres, y 1 de cada 7 estadounidenses no tienen ningún tipo de seguro médico.

Se trata sobre todo de que la medicina y la formación sean un negocio. Ya lo son en realidad. Buena parte de la asistencia pública sanitaria se hace mediante empresas privadas. TODO el material consumido es vendido con precios escandalosos por multinacionales, y un largo etcétera. El siguiente paso es privatizar

El 15 de febrero, el parlamento europeo rechaza una de las partes más polémicas de la directiva, la que dice que las empresas se atendrán a la legislación laboral de su país. Por lo que una empresa polaca afincada en España no tendría que respetar la legislación española en materia laboral. ¡qué escándalo! Sin embargo sus excelencias socialdemócratas europarlamentarias no se indignan igual cuando una empresa de los países que todavía conservan alguna protección laboral se muda a países como Polonia donde la salarios son más bajos, y por tanto la explotación y la plusvalía, lo que no se le paga al trabajador se multiplica proporcionalmente a la miseria. Pero es que además mientras “nuestras” empresas destruyen su medio ambiente, “nosotros” le compramos “cuota de CO2”, ¡le vendemos contaminación a precio de coste!.

Así y todo, este maquillaje de última hora de la directiva es gracias a las movilizaciones de los sindicatos en Estrasburgo. De todas maneras esta modificación tiene que pasar y ser aprobada por los que de verdad mandan en Europa, la comisión y el consejo europeo, que veremos si están dispuestos a ceder.

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