Otro artículo más en Rebelión sobre transgénicos que no habla de transgénicos, sino de capitalismo.
La verdad es que diversidad de opiniones, casi antagónicas, no le faltan a la web. Mientras Dieterich hace apología del keynesianismo y su productivismo “patriótico” como paso inevitable al socialismo del siglo XXI, patxi coira critica la expresión de una ingeniera que afirmaba que la agricultura biológica es un capricho de niños ricos.
Yo digo que sí lo es, es hoy un capricho.
Veamos qué críticas, una a una, se le hacen a los cultivos transgénicos en este artículo:
Analiza (sic) la “mejora genética” de los últimos años, como más “dañina” que la de los últimos 10.000. Con dos ejemplos, uno la de los gallos asesinos que no reconocen a las gallinas por haber perdido el “gen del cortejo”. Muy ibérico por otro lado. Otro de los ejemplos es el de los pollos inválidos por obesidad.
Igual que la última vez que escribí sobre esto tengo que repetir que la causalidad hay que demostrarla con datos. Por otro lado la mejora genética no utiliza, en un principio, la ingeniería o modificación genética dirigida, sino que utiliza selección artificial.
Si el mundo lo rige el mercado, o sea la burguesía, y ésta lo único que quiere es ganar más, querrán pollos más gordos, por eso se les rompen las patas y no por la mejora genética. Y lo de los gallos…no comment.
México, cuna del maíz, tuvo que soportar la bioinvasión en sus cultivos tradicionales de genes extraños introducidos por las exportaciones de los Estados Unidos.

¿Por las exportaciones de qué? Si la exportaciones son de semillas, vale, pero si es del maiz, error. El maíz transgénico comercial es estéril, esa es de hecho una de las “quejas” más consistentes de los anti-transgénicos. Por lo que el maíz desarmado no puede invadir al maíz endémico.
El peligro de la desaparición de la biodiversidad y la pérdida de fertilidad del suelo son consecuencias colaterales de la agroindustria que representan los transgénicos. Una agricultura que ya ha convertido cientos de hectáreas de suelo fértiles de los valles de California en eriales. Sin ir tan lejos, se calcula que el 16% del suelo agrícola de Andalucía se ha perdido como consecuencia de la agricultura industrial.”
Es verdad que uno de los retos de los cultivos de vegetales transgénicos es la posible pérdida de biodiversidad agrícola que podría generar. Pero en la siguiente frase critica la agroindustria, y la asocia con la pérdida del 16% del suelo andaluz, lógica aristotélica erronea. Los transgénicos no representan la agroindustria en andalucía, por tanto estos no son responsables de la pérdida de suelo.
El siguiente párrafo merece otro texto aparte, porque a mí, como andaluz me gustaría saber qué comunidades son esas las que han prohibido el cultivo de transgénicos y no solo la comunidad vasca.
El hecho de que el aumento de los transgénicos no haya disminuido el hambre no significa que estos no sirvan para alimentar a la población. Otra vez una lógica errónea, el hambre en el mundo no tiene nada que ver con la agricultura en sí, sino con la mercantilización de la agricultura, el reparto de la riqueza, sí, pero desigual, muy desigual. El hambre es consecuencia del capitalismo, el capitalismo necesita hambre y el capitalismo utilizará los transgénicos para generar más hambre, más dependencia. Por eso las semillas son estériles y los herbicidas y pesticidas específicos.
Es posible que en un África socialista, con autosuficiencia alimentaria, con solidaridad entre países, etc, etc no necesitaran transgénicos. Pero todos los “niños ricos anti-transgénicos” se pueden olvidar de probar el café, el cacao, los neumáticos, todo tipo de cauchos, gomas, etc; África necesitaría el 100% de su superficie cultivable para dar una alimentación básica, sin desnutrición a su población. Eso, si el cambio climático es reversible, porque si no lo es, más vale que los científicos sigan desarrollando plantas resistentes a la sequía, transgénicas, claro.
¡POR FAVOR, MÁS SERIEDAD, QUE LA SIMPLEZA Y LAS MODAS HACEN MUCHO DAÑO A LA IZQUIERDA!

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