Un día mi padre me preguntó, a ver, ¿por qué de pronto sale a la luz la corrupción urbanística? Como si de algo nuevo se tratara.
De la misma manera se llevan años denunciando las consecuencias medioambientales del capitalismo, o al menos del consumismo. Sin embargo nada se veía fuera de los telediarios de la 2. De pronto, desde Al Gore, Clinton, Chirac hasta ligeramente Bush se apuntan al carro del “ecologismo” y hasta E-on apaga las luces 5 minuticos para denunciar el derroche energético. Esto ya lo denuncié el otro día.
Pero hoy hojeando Rebelión he leido un artículo interesante del que me quedo con este párrafo:
Quienes sostienen como argumento principal que «todos somos culpables» deducen de ello que hemos de ser todos y cada uno de nosotros los que aportemos la solución, cambiando nuestros hábitos de vida, renunciando a comodidades que en el fondo representan un derroche, volviéndonos, en suma, más austeros. «Echar la culpa a “los de arriba” es fácil. Cada uno tiene que asumir su cuota parte del cambio», concluyen…
Pretender que se produzca una revolución social como resultado de la suma de millones de mini revoluciones individuales (o familiares, tanto da) es una pura ensoñación. Eso no va a ocurrir jamás.

Y es verdad, el apagoncillo del jueves redujo apenas un 2 y pico % el consumo eléctrico, y después un subidón. Sin embargo por lo que decían los panfletos gratuitos, como Metro, con sus fotos y todo, es que el seguimiento había sido “masivo”.
Metro tiene una tirada diaria mundial de 6 millones de periódicos, que se leen en menos de 10 minutos y van a la papelera, cargados de publicidad inutil (la mitad del periódico).
Cuántas toneladas de papel, cuánta energía derrochada para convocarnos a una acción individual que nos redimidirá de luchar contra el cambio climático…

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