Yo pensaba que irse de safari era ir a cazar leones o “guanaminos“. Pero no, resulta que Safari significa viaje en Swahili. También le llaman “game”. Es una de las experiencias más emocionantes que he vivido, recomendable a todo los amantes de los animales.

Nuestros anfitriones nos consiguieron un conductor (con su coche) que nos llevaba al parque nacional “Queen Elizabeth”, sí, se llama así porque la susodicha lo visitó. El viaje fue un golpe de suerte detrás de otro. Primero porque el conductor – guía nos salió bastante barato para como están los precios de las agencias. Además de que ese dinero iba directamente al que nos estaba haciendo el trabajo, no a la empresa como en el caso de la excursión en Kibale.

Por la tarde hicimos una excursión en barco por el “Kazinga channel”, cocodrilos, búfalos, hipos, elefantes, aves, babuinos, pescadores… Impresiona ver los poblados de pescadores rodeados de animales peligrosos. Según dicen la mortalidad por hipos es mayor que por cocodrilos. Más de una vez hemos leído relatos en la prensa de ataques de elefantes a casas de campesinos, a parte de destrozar sus cultivos. Se ven leones a kilómetros de los parques y los campesinos los matan siempre que tienen ocasión.

En los últimos años Uganda está prestando mucha más atención al turismo como fuente de ingresos, y por tanto a la conservación de los parques naturales, lo que está generando problemas con las comunidades.

Pero hay más inconvenientes en esto del turismo.

Por la tarde estuvimos tomándonos una cervecita (medio litro) en un hotel de lujo. Su precio, menos de un €, con una buena ración de palomitas y cacahuetes que compartíamos con unos pajarillos rojos que comían casi de nuestra mano. Mientras que la habitación cuesta más de 100$. La ubicación, el panorama, de un incalculable “valor” para nuestras mentes occidentales. Sin embargo el complejo turístico presenta un aspecto “lamentable” si lo comparamos con Benidorm: falta de carreteras accesibles, infraestructuras, más habitaciones, etc. Evidentemente este parque no puede ser un atractivo turístico de masas y no sólo porque no tiene jirafas. Pero a lo mejor es mejor así. Y aquí viene el segundo inconveniente del turismo como motor económico. Todo lo que hemos visto en cuanto a turismo, genera un empleo de muy mala calidad y mal pagado. ¿os suena? Los parques están gestionados por empresas privadas, muchas veces extranjeras, que sacan beneficios con un coste casi cero. Por lo tanto el desarrollo “tipical spanish” de esos parques, que atraiga un turismo de masas, generaría una presión ambiental excesiva, destruiría formas de vida sostenibles (aunque a primera vista no lo parezca) y como siempre la mayor parte de la riqueza volvería al Norte enriquecido.

Tras un descanso después de perseguir a un fotogénico Warthog por los alrededores del albergue, cenamos y charlamos un rato con nuestro conductor. Fred trabaja en una fundación que gestiona microcréditos para los campesinos. Considera que su formación es insuficiente (como la mayoría de los titulados en Uganda), y que tiene que hacer un máster. Éste le cuesta, si mi memoria no me falla, unos 2 millones de chelines, que vienen a ser unos 700€. Tiene mujer y dos hijos, le pasa dinero a su madre y a una hermana que acaba de terminar la carrera. Es duro ser honrado en Uganda.

La conversación se acabó porque en España me habían timado con un supuesto anti-mosquitos ultrasonido, que se supone ahuyenta a las hembras…mosquito. Las hembras del parque se pensaban que aquello era un concierto de heavy metal con barra libre, por lo que nos fuimos dentro de la mosquitera que al día siguiente teníamos “game driving”.

Como unos campeones estábamos subidos en el coche con un guía, que yo esperaba fuera armado, ¡al menos con unos prismáticos!. En la primera media hora o más “sólo” vimos el gigante culo de un hipopótamo que volvía al agua y algunos búfalos. Pero la suerte empezó a sonreir: waterbacks, hienas, las típicas gazelas y de pronto el guía que iba mirando por la ventana manda a parar al conductor. No sé cómo, pero el tío vio leones. Se supone que llevaban días sin verlos y que no estaban por ahí. Yo creo que se llevan comisión. El caso que allí estábamos, en un camino viendo a unos ciento y pico metros una manada de leones. Pero lo más curioso es que era el mismo camino que utilizaban unos “comerciantes” de plátano verde, mattoke, que es la principal comida en Uganda. Estos hombres que vimos, según nos cuenta el guía, hacen unos 40 km para llevar ese mattoke al poblado pesquero a cambio de pescado. Van y vienen cargados en las bicis, pero andando, como en la foto. Y seguro que no cobran plus de peligrosidad.

Como cualquier receta del Fondo Monetario Internacional, del que hablaré en otros posts, la liberalización de la industria turística no llevará riqueza a estos pueblos. Sólo una gestión comunitaria de los parques en la que los beneficios se reinviertan en la conservación y el desarrollo humano de esas poblaciones, llevará asociada riqueza y estabilidad ambiental. Todo lo demás es destrucción del hábitat o humano o natural en general. Existen varios proyectos marginales de este tipo en Uganda, pero no basados en un turismo atractivo como el de los safaris.

¿qué elegirías tú, infraestructuras turísticas o “naturaleza salvaje”?

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