Se ve una carga policial brutal mientras el presentador del telediario narra: “La policía asegura el derecho al trabajo”. Y es cierto, el derecho a trabajar es un derecho constitucional. Lo que no termino de entender es dónde están esos policías cuando se trata de defender ese derecho de 5 millones de personas. Porque no entiendo por qué hay que garantizar ese derecho sólo en los días de huelga y no en el resto del año. Y es que lo han defendido con disparos y todo.

Y mientras el señor ZP dice en el congreso que el gobierno está trabajando para garantizar el derecho al trabajo y a la huelga, no veo a esa misma policía haciendo mucho por garantizar el 2º derecho. No estaba cuando Spanair obliga a sus trabajadores a entrar de paisano mientras sus servicios mínimos son del 100%. Ni a mi cuñada, a la que obligan a ir a trabajar si no tendría que pagar ella los perjuicios que se ocasionen a los clientes.

Y ya que la policía no acude en ayuda de los miles de maestros de escuelas privadas y concertadas que se han visto obligados a ir a clase, alguien tendrá que echarles un cable. Y sí, están obligados, si no, no se explica que la asistencia a la huelga de los maestros públicos sea de alrededor del 70% y la del privado y concertado del 40% (cifras de memoria del telediario de la 1ª). ¿qué pasa, que los maestros de la pública están más concienciados?

La violencia.

No entra en mi “gran” cabeza el que la gente se solidarice con un banco al que le queman un cajero y no entre en cólera cuando ese mismo banco nos cobra 2.5€ cuando sacamos un dinero que es nuestro.

¿No es violencia correr el rumor en una empresa de que se va a despedir a gente, para que sus empleados curren horas extras sin cobrar, sin rechistar o hagan turnos nocturnos, menos vacaciones, etc? Que venga Gandhi y me lo diga.

Yo no las tenía todas conmigo con la huelga del 29 (y todavía no las tengo), pero aún así asistí a los piquetes. Llamarlos “informativos” es tan cínico como llamar a esto que vivimos democracia, pero es lo que hay. Los piquetes en los que estuve informaban de las consecuencias de no cerrar el bar. Recibimos el guiño de algún “gorila” de discoteca, el puñetazo del dueño de un bar “progre” y las provocaciones de los empresarios granainos y su estirpe.

Al contrario de lo que decía Toxo, la huelga no es una “demostración democrática de la ciudadanía”. Es la manera que tenemos los trabajadores (y no los “ciudadanos”) de demostrar que somos los que producimos la riqueza, y que no queremos que nos roben más (huelga defensiva) o que no queremos que nos vuelvan a robar (huelga ofensiva). La actual es la primera, obviamente.

Yo creo que la huelga ha ido mejor de lo que se esperaba. Y he visto más gente, más joven y más cabreada que en el 2002 (en la que también participé activamente). Aún así la mayoría de los pequeños comercios estaban abiertos. Lo cual me parece normal e inevitable. Las huelgas tienen que ser dañinas para los que mandan. La caída del 20% en el consumo eléctrico es un buen síntoma, pero no suficiente. Es necesario asegurar de cualquier forma que todos los trabajadores que sientan algo de rabia puedan ejercer el “sabotaje”, que cuando es masivo y mayoritario es una forma de huelga. En definitiva de lo que se trata es de paralizar la producción, da igual cómo. Eso sí, con la menor represión posible.

La violencia indiscriminada y no dirigida es inútil y no consigue ni de lejos lo esperado: parar la producción.

Es imprescindible saltarse la represión del patrón mediante el sabotaje clandestino. Tenemos que conseguir que los trabajadores sigan cobrando sin ir al trabajo, impidiendo que este se de.

Es imprescindible crear una red de información para que los trabajadores sin derecho a luchar, bajo represión, puedan solicitar ayuda para paralizar su empresa sin consecuencias sobre ellos. Una red de solidaridad. Sin llamar excesivamente la atención.

La clandestinidad surge de la privación de libertad. No hay peor cárcel para un trabajador que el paro crónico y el trabajo precario. Si eso recibes con la lucha, hay que volver a la clandestinidad del siglo XXI. Que consistiría en combinar los espacios de libertad que da el parlamentarismo (prensa, internet, cargos políticos, etc.) con técnicas de sabotaje clandestino.

Este sabotaje no puede, necesariamente, ser individual o impuesto. Tiene que diferenciarse del terrorismo en que es una acción colectiva, solidaria y con un objetivo, este sí, hecho público. Con sus consignas, objetivos, llamamientos, etc. Tendrá que ir acompañado de una campaña de información y llamamiento a la solidaridad, etc.

Esta huelga tiene que demostrarnos que la “no asistencia” voluntaria al trabajo es muy insuficiente e incluso injusta por insolidaria, ya que sólo unos pocos pueden ejercer realmente ese “derecho”.

A mí el día de huelga me reafirma en que no sólo es necesaria la organización de los trabajadores, sino que es urgentísima la organización de los propios burócratas sindicalistas. Durante los piquetes había más jefes que indios, total descoordinación, caos, falta de planificación y de objetivos que llevó a que el miércoles por la mañana estuviéramos más quemaos que la pipa un indio y a que se difundiera (de difuso) el potencial de los piqueteros.

No suelo hacer esto, pero me apetece terminar con una consigna:

¡Al sabotaje masivo, democrático y de clase de la explotación!

Anuncios