No más ejecuciones extrajudiciales

Colombia es un país de contrastes. Perogrullo. En Bogotá por la noche se alcanzan los 12-15ºC. Fresquito. Montamos en un autobús, donde además de las 3 mangas es necesaria una manta para soportar el frío del aire acondicionado durante 9 horas de viaje. Nos amanece, ateridos, abro los ojos y todo el paisaje se ha llenado de pozos petrolíferos y oleoductos. Aquí no se desperdicia ningún espacio para hacer propaganda. Las perforadoras de los pozos están decoradas con los colores de la bandera colombiana. Y los parques infantiles representan un campo de extracción de petroleo. Km de vallas delimitan lo que una vez fueron tierra de campesinos. Tierras donde crecía alimento y ahora se llenan de charcos de “agua” sucia donde pastan unas pocas vacas. Tierras que eran de personas, campesinos, y ahora alimentan los coches del Imperio y ensucian el ambiente de la Tierra.

Barrancabermeja, tierra caliente. Me preguntaban, caliente en qué sentido, en todos. Ciudad de matanzas, que la cruza el Río Magdalena, río que acoge en su seno a cientos de campesinos.

Al salir del autobús recibimos una bofetada de calor tropical. Somos recibidos con un abrazo caluroso por parte de la Asociación de campesinos del valle cimitarra (ACVC), una de las organizaciones más numerosas y poderosas de Colombia.

Nada más entrar en la casa-oficina, uno que es muy curioso, empiezo a oír conversaciones mientras se observan las vistas de la refinería desde el balcón. Esas conversaciones hablan de hijos desaparecidos, de mujeres asesinadas. Por la tarde me doy cuenta de que estoy rodeado de personas muy especiales. Con historias de lucha y muerte, de sufrimiento y orgullo.

Paseamos por la ciudad. Ciudad poco urbana, con casitas y barrios bonitos, tranquila, educada. Poco muestra esta ciudad lo que esconde sus entrañas. Si uno abre mucho los ojos, e imagina un poco, puede ver que una inmobiliaria sin apenas apartamentos y con muy mal servicio parece esconder un lavadero de dinero. Pero poco más.

A las 2 de la tarde, después de almorzar, el calor es insoportable. En la tele no hay películas de sobremesa, no hay tetas operadas, no hay fútbol. Un grupo de personas ve un documental sobre los “falsos positivos” (ejecuciones extrajudiciales) por parte del Estado colombiano. Es un documental de sus vidas, se la conocen perfectamente, conocen a muchos de los que salen, pero no le quitan ojo.

Entre ellos un padre al que le mataron al hijo mientras él estaba en la cárcel por un montaje. No pudo ir al entierro de su hijo.

Las ejecuciones extrajudiciales son debidas a que como dicen, han convertido a los militares en “empresarios de la muerte”, porque por cada “guerrillero” muerto se recibe un aumento de sueldo, unos días de permiso o un ascenso. Si de paso esos ejecutados sirven para aterrorizar al pueblo en lucha, para desaparecer a líderes…dos pájaros de un tiro. Son miles. Y a esto lo llama el gobierno, “política de seguridad democrática”.

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