Nota: Todo lo que aquí escribo es únicamente mi opinión. Y esta no refleja la opinión de IAP. Todas las fotos que utilizo pertenecen a IAP.

Fuente: IAP
El ejército colombiano incumple sistematicamente el DIH

La dictadura del Capital en la que vivimos se refleja de diversas formas “supraestructurales”. Va de democracias avanzadas con un “estado” del bienestar universal como las norte europeas, hasta feroces dictaduras donde no se garantizan los derechos elementales como las de oriente, Arabia Saudí por ejemplo.

Colombia es un país donde conviven perfectamente las dos formas de Estado. Por eso se dice que hay dos Colombias, pero no es así, es la forma en la que el Capital y el imperialismo ejercen su dominio sobre un país donde conviven agricultura y extracción de recursos naturales como formas económicas. Por ello dentro de la burguesía colombiana existen contradicciones entre la burguesía comercial que exporta recursos minerales y controla el narcotráfico, y la burguesía conservadora ganadera y latifundista que se está “modernizando” mediante la implantación de cultivos intensivos como la palma africana.

fuente: IAP
Miles de Ha de palma africana para combustibles

Lo que tienen en común ambos sectores de la burguesía y del capital internacional es que a ambos les molestan los pobladores, los campesinos.

Antes de seguir definamos un poco algunos conceptos.

Marx definía Supra-estructura como la forma de Estado y gobierno, leyes, cultura, Ideología, etc. Básicamente son los marcos jurídicos, en un sentido amplio, y las estructuras necesarias para la reproducción del Capital (para el funcionamiento del capitalismo). Utilizando estos conceptos, al final lo que es legal o ilegal es de alguna manera secundario, pero sí es importante tenerlo en cuenta a la hora de analizar y de plantear la resistencia.

El fascismo legalizó la guerra sucia. Crearon las estructuras legales para reprimir y eliminar toda resistencia. Eso todo el mundo lo conoce. Las “democracias occidentales” no lo hacen. Pero sí utilizan la guerra sucia. El GAL en nuestro país, el Mosad y la CIA son ejemplos famosos de estructuras legales o no, cuya actividad, la guerra sucia, es siempre ilegal. Estas organizaciones que llamaré “paralegales” son a su vez financiadas de forma mixta. Los GAL de fondos reservados, o sea de dinero público sin control público. La CIA tiene fondos públicos pero sus acciones se han financiado desde el narcotráfico hasta la venta de armas a Irán (Irán contra). Y por último llamaré “paramilitares” a los grupos armados cuya creación, organización y financiación es compartida por el Estado legal y por el Capital (de forma ilegal).

Volvamos a Colombia.

Este es un país donde la guerra sucia no ha tenido un año de descanso. Por aquí se dice que tiene 50 o 500 años, dependiendo de si ponemos su comienzo después del Botogazo y el periodo de violencia (sic) o la conquista. Para mí tiene miles de años, los caciques indígenas no siempre entendían de Derechos Humanos y la invasión europea del continente no “legitima” las formaciones sociales anteriores.

Pero si nos remitimos a la historia moderna de Colombia, es donde la guerra sucia está al servicio del Imperialismo como tal.

La guerra sucia en Colombia en los últimos años se presenta en tres formas:

La legal: mediante los montajes judiciales hacia líderes y comunidades en resistencia.

La ilegal pero mediante el Estado: Mediante la utilización del aparato del ejército para desaparecer o ejecutar extrajudicialmente (los mal llamados “falsos positivos”). De todas maneras hay que apuntar que el Estado colombiano está fuertemente militarizado. Todos sus ministerios tienen presencia militar, y los tribunales militares tienen muchas competencias. Esto facilita y parcialmente legitima la guerra sucia.

Lo ilegal: el paramilitarismo. Son grupos armados, a veces verdaderos ejércitos, financiados por los terratenientes, el narcotráfico y las multinacionales. Sin embargo, es imposible separar al ejército de estos grupos. Muchos de sus miembros tienen “doble militancia”. No es sólo connivencia, sino que los segundos utilizan la inteligencia, las listas negras, los recursos, etc. del ejército. Y no es sólo una cuestión meramente militar, sino política y económica, ya que los líderes paramilitares se “infiltran” dentro de todas las estructuras políticas del Estado.

SITUACIÓN ACTUAL DE LA GUERRA SUCIA EN COLOMBIA.

Mi análisis se centra bastante en la situación del Catatumbo, región nororiental de Colombia, pero podría ser extrapolada al resto del país.

Durante el periodo uribista la guerra sucia alcanzó niveles alarmantes. Miles de desaparecidos, ejecutados, cientos de masacres, bombardeos de poblaciones, fosas comunes, crematorios…

Gracias a la resistencia del pueblo colombiano unido a la solidaridad internacional se consiguió que todo este genocidio saliera ligeramente a la luz pública. Esto hizo que los cínicos representantes del capital europeo y estadounidense dieran un toque de atención al gobierno colombiano. Incluso el parlamento europeo puso pegas para firmar un tratado de libre comercio con Colombia si no se “arreglaba” lo de los derechos humanos.

Para no alarmar a los votantes europeos y gringos hizo falta un lavado de cara. Primero con el gobierno una supuesta y vergonzosa desmovilización de los grupos paramilitares. Las Autodefensas unidas de Colombia se supone desaparecieron. Sus líderes, a cambio de información, fueron condenados a penas irrisorias de pocos años, algunos extraditados a EEUU. Personas que tenían en su haber cientos de masacres de una crueldad difícil de imaginar hasta que se lo cuentan a uno los supervivientes.

Pero esto no era suficiente, ya que durante el uribismo el ejército era responsable de miles de ejecuciones. Los soldados era recompensados por eliminar a guerrilleros. Esto llevó a una dinámica de ejecuciones de civiles. Ya sea indigentes, jóvenes de barrios pobres o líderes sociales y políticos. Todo valía por un mes de vacaciones con paga.

En la actualidad con el nuevo presidente Santos la imagen que se está dando es la de un ejército que ya no molesta a los campesinos, que ha salido de los pueblos para echarse al monte y combatir a la guerrilla y que pretende respetar los DDHH. Y aquí viene mi primera anécdota que ejemplifica esto. Es mi primera interlocución seria y satisfactoria con el ejército. Llegamos al pueblo sabiendo que las FARC habían saboteado un oleoducto de Ecopetrol a plena luz del día.

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Bosque manchado de petroleo tras el sabotaje de un oleoducto.

Eso nos hacía temer lo peor, que el ejército, después de un año de ausencia, hubiera vuelto a amedrentar a la vereda. Nada más llegar veo a un grupo de soldados. Me acerco al suboficial, creo que un cabo, y le suelto el rollo. “qué pena, pero mi obligación es informar a nuestras embajadas, gobiernos y organizaciones internacionales observadoras de DDHH de que ustedes hacen presencia en el casco urbano, ya que esto incumple el DIH”. El muchacho sólo me dice que es temporal y que no hacen noche en el pueblo. Con esto me despido. Como a la hora, cuando íbamos a cenar, oigo que me llaman, me giro y veo que viene hacia mí un oficial, con algunos soldados yo diría que un teniente por las 2 estrellas. Cuando mis gónadas vuelven a su sitio le vuelvo a soltar el rollo. Lo interesante del discurso del oficial es que por favor entendiéramos que esta era una situación muy especial, y que ellos no molestaban a la población, pero tenían que estar en el pueblo para proteger a los trabajadores y a la maquinaria que repararía el oleoducto. Yo le repetí que el DIH no hacía excepciones, señalando a unos niños que jugaban al fútbol a nuestro lado.

Quiero señalar dos cosas aquí.

1-La efectividad del acompañamiento internacional, junto con la necesaria solidaridad internacional. Pensad, un oficial vino a buscarme expresamente para que no lo denunciáramos. Además yo acababa de llamar a un coronel de esa brigada para expresarle también nuestra preocupación. Al día siguiente no vimos presencia militar. Y esa noche no hubo problemas, la última vez que reventaron un oleoducto hubieron combates muy fuertes dentro del pueblo.

2-El ejército está al servicio de las multinacionales. A unos kilómetros de allí grupos armados (paramilitares) están amenazando a la población con estos panfletos, robando, sobornando, etc.

Fuente: IAP
panfleto amenazante del "Comando escorpión"

En esos lugares los únicos que defienden a la población civil son las guerrillas (y no siempre). Esta zona, por ejemplo, está libre de paramilitarismo en los últimos años gracias a que las FARC estuvieron 3 meses combatiéndolos. El ejército, la fiscalía o la policía no actúa contra los paramilitares. Bueno, en realidad colaboran con ellos porque si no ¿cómo obtienen todos los datos de inteligencia?

Las comunidades están muy preocupadas por la reorganización de los grupos paramilitares. Esperan nuevas matanzas. Y esto consigue su objetivo, dificultar la organización de los campesinos frente a los distintos ataques imperialistas (recursos mineros y monocultivo). El ejército con el dinero de los contribuyentes gringos (plan Colombia) repliega a las guerrillas al monte, dejando vía libre a los paramilitares y sus mafias para el control del narcotráfico y las fronteras, y la eliminación de la resistencia.

Para terminar y no enrollarme más, quiero llamar la atención sobre la propaganda en este sentido del gobierno Santos. Ahora para todo el aparato de propaganda no existen paramilitares, son BACRIM (de bandas criminales). De esta manera eliminan cualquier connotación política, sacan de las cifras a los muertos de estas bandas, como si fuera delincuencia común, e intentan desligar al Estado de estos grupos armados.

Incluso la ONU, el responsable de DDHH en Colombia, declara que las BACRIM son el principal enemigo del Estado Colombiano. Ahí está la clave, eso es lo que hay que desmontar, esos grupos armados forman parte del Estado colombiano y sirven a los intereses de las multinacionales.

Nota final. Para no llevar a equívoco, no pretendo hacer una defensa de las guerrillas, que también tienen lo suyo, sino elaborar un escuetísimo mapa del conflicto en Colombia.

 

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