Vuelvo por aquí después de unos cuantos meses de sequía para escribir algo rápido y desordenado, desde mis entrañas. Tengo que escribir sobre la matanza que se está dando en el Catatumbo colombiano.100_4780

El Catatumbo es una región del noroeste colombiano muy rica en recursos e historia de luchas populares. Tuve la suerte de recorrer la región como pocos colombianos han podido hacer. Cúcuta, Ocaña, Convención, Aserrío, Tibú, etc. se convirtieron en nombres muy familiares. Lo hice junto con IAP, con la que hice acompañamiento internacional, algo de lo que he escrito bastante. Y acompañábamos a ASCAMCAT, La Asociación de campesinos del Catatumbo. El acompañamiento les ofrecía algo más de garantías a los líderes campesinos en su labor organizativa y formativa.

Estos son algunos de los jóvenes líderes que tanto me enseñaron, a los que tanto les debo:

Esa labor ardua y paciente, también con movilizaciones más esporádicas (aunque con represión), ha desembocado en una gran movilización territorial. Entre otras muchas cosas, una de las principales reivindicaciones de la organización es la de que se les permita la creación de una Zona de Reserva campesina (ZRC). Las ZRC son territorios en los que el campesinado posee tierra aunque no la puede acumular, y que de manera colectiva gestiona la producción y distribución de los productos. Estas ZRC, reconocidas por la ley colombiana, y de las que ya hay unas cuantas funcionando, daría al campesinado alternativas dignas a los cultivos de uso ilícito.

El gobierno oligarca tiene otra visión. Su plan es erradicar el cultivo de coca por la fuerza, para empobrecer y desplazar al campesinado, que se convierte en refugiado en las ciudades, o en mano de obra barata para la industria multinacional agraria del aceite de palma. Sin embargo, Santos que es muy inteligente, sabe que el desarrollo de una industria agraria extensiva necesita de cierta estabilidad, de una paz… pero necesariamente sin justicia social. Por eso los diálogos.

Puente necesario para sacar la palma derruido por las FARC.
Puente necesario para sacar la palma derruido por las FARC.

Por tanto, los campesinos están en contra de la erradicación forzosa de la coca porque les deja sin su único sustento y los hace vulnerables. Lo que quieren es su sustitución. No pueden competir con los productos importados (con el Tratado de libre comercio), y menos en las condiciones en las que están las vías y carreteras. Los campesinos no son narcos y si no pueden alimentar a sus hijos se convertirán en esclavos de los biocombustibles.

La represión de la “democracia ejemplar de Latinoamérica” siempre ha sido brutal. 5 millones de desplazados internos, cientos de miles de desaparecidos, motosierras e incluso hornos crematorios son el legado del paramilitarismo, y el terrorismo de Estado. Sin embargo, ni el criminal Uribe se atrevió a masacrar civiles a “plena luz del día” por militares sobre manifestaciones claramente pacíficas, con prensa internacional presente. (Que alguien me corrija aquí). Ya van 4 asesinados.

Así han matado a dos. Fuente El Turbión

Ahora explicaré por qué es tan importante lo que está pasando, respondiendo a distintos tipos de personas.

El apolítico.

El otro día una colombiana me decía que era apolítica, que creía que paramilitares y guerrillas eran lo mismo. Mientras, su gobierno asesina a campesinos que piden carreteras para exportar sus productos, centros de salud, escuelas. Sólo piden ayuda para no depender del cultivo de la hoja de coca.

En este caso ser apolítico es mirar para otro lado, e ignorarlo es ser cómplice.

Otra estrategia, más vieja que el mear, es acusar a los que se manifiestan de estar infiltrados por la guerrilla. Está tan normalizado que coroneles del ejército se atrevían a decirnos, delante de una delegación española, que el 90% de un pueblo apoyaba a la guerrilla. Cometiendo un claro delito contra el DIH al señalar a población civil como combatiente.

Otro colombiano recientemente me decía que Marcha Patriótica estaba “claramente” financiada y organizada por las FARC. El insensato no entiende que al cantar la canción oficial está justificando las masacres como la que está ocurriendo en el Catatumbo.

Los politizados ocupados.

Mucha gente pensará, no sin razón, que esta masacre es otra más de las muchas que suceden en el mundo. Pienso que no es así.

Colombia juega un papel fundamental en el mundo. Desde un punto geoestratégico, por sus recursos, por su apoyo del y al imperialismo. Colombia es el principal desestabilizador de Venezuela. Desde el Catatumbo entran los paramilitares a Venezuela. La resistencia del campesinado catatumbero es la de latinoamérica. La resistencia de latinoamérica es la de los pueblos del mundo.

Sin Colombia, el imperialismo se quedaría sin su principal sustento energético, económico, militar y también político. No olvidemos que el sistema financiero se sustenta sobre el tráfico de armas (Colombia es el segundo receptor de ayuda militar estadounidense) y del lavado del dinero del narcotráfico (no hacen falta más comentarios).

Muchos jóvenes me contaban que se unían a las organizaciones campesinas porque querían paz y dignidad. Porque su futuro parecía predestinado a la emigración o a echarse al monte. Porque la lucha noviolenta les daba la esperanza de un futuro sin guerra. Sin embargo, también me decían que si el Estado volvía a arremeter contra ellos, si volvían las matanzas, se echarían al monte. No se dejarían matar. Esto lo sabe el gobierno guerrerista.

La solidaridad con el Catatumbo y el pueblo colombiano es más necesaria que nunca. No sólo porque la solidaridad es la ternura de los pueblos, sino por mero “egoísmo”: la burguesía española no tendría donde invertir lo que roba en nuestro país si Colombia fuera soberana.

Para solidarizarte, hazte una foto en un sitio emblemático, con un mensaje de apoyo al Catatumbo y manda un tweet con el hashtag  #CatatumboResiste.

Fotos como estas:

DC #CatatumboResistecatatumbo-Egipto

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