Os voy a contar el último ataque neoliberal a los derechos de los trabajadores cuyo objetivo es desmontar todo el sistema de derechos conseguidos durante décadas de luchas obreras. Pondré como ejemplo mi comarca, y en concreto mi pueblo y el olivar.

Pongámonos en perspectiva. En Andalucía existe mucho latifundismo, el 53% de la tierra pertenece al 4% de los propietarios. Una acumulación de tierras en manos de unos pocos terratenientes que se da especialmente en el oeste de Andalucía. Sin embargo, en el oriente andaluz, especialmente el granadino, es predominante el minifundio, con pequeñas explotaciones familiares.

Debido a las políticas europeas y a las subvenciones de los últimos 25 años se ha incentivado muchísimo el cultivo del olivar. Sin embargo, las familias del oriente granadino no se han podido basar en la explotación familiar, sino que necesitan de otros ingresos extras trabajando en los invernaderos por ejemplo. Durante los años del crecimiento económico derivado de la burbuja inmobiliaria se redujo a la mitad el porcentaje de trabajadores agrarios eventuales subvencionados. A pesar de esa reducción, el pueblo, Zújar, tiene 3.5 veces más trabajadores agrarios que la media andaluza (según el Sistema de Información Multiterritorial de Andalucía, SIMA). En esos años se dio la peculiaridad de que mucha gente que tradicionalmente había trabajado como jornalero eventual en la temporada de la aceituna estuviera empleada en la construcción. Además, todo el olivar sembrado en las últimas décadas estaba empezando a producir. Por eso muchos agricultores contrataron trabajadores extranjeros, principalmente rumanos, a los que se les paga mucho menos que a un jornalero local, lo que generó no pocos problemas y desagravios. Como en tantas otras cosas, el gobierno central ignoró totalmente esta cuestión.

Con o sin explotación de extranjeros, la economía agraria de la zona no pasó de un mero complemento durante los años del boom, y para muchas familias supone la diferencia entre las colas de Cáritas y la exclusión, y la dignidad. Muchísimas familias se ganan unos euros extras trabajando en la campaña de la aceituna para el familiar, el vecino y conocido. El olivar, pero también la huerta, los jornales en los invernaderos de tomate, y la limosna del paro han mantenido una economía de subsistencia en las últimas décadas.

Los distintos gobiernos neoliberales PP-PSOE, están empeñados en destruir todos los derechos conquistados por los trabajadores, entre ellos el subsidio de desempleo. Uno de los últimos bastiones que está atacando el gobierno del Partido Popular para conseguir su objetivo es el de la agricultura minifundista.

Una primera medida, la represión. Desde principios de diciembre, coches de la GC de camuflaje se apostan en las carreteras de nuestro pueblo controlando los tractores que llevan la aceituna del olivar a la almazara, “la cooperativa.” Es algo realmente novedoso en el pueblo, y los agricultores han tenido que hacer una gran inversión (cierto que en muchos casos más que justificada) para adaptar los tractores a las exquisitas exigencias de las autoridades y la benemérita. 80€ por una luz que se desconecta en un bache, 300€ por no llevar la carga bien tapada. Ya se sabe que el ministro del interior, supernumerario del Opus Dei, Jorge Fernández, está apretando los galones a la Benemérita para que aumente la recaudación. Pero lo que os contamos a continuación es más que una cuestión recaudatoria.

Civiles del Seprona peinan la vega junto con a unos inspectores de trabajo en busca de delincuentes muy peligrosos: agricultores defraudadores. Están multando no sólo a los que tienen a jornaleros sin contratar, sino a todos aquellos que recogen su cosecha mientras cobran el paro o jubilados. Desde el franquismo temprano que no se había intentado reprimir la economía de supervivencia de esta manera. Los abuelos del pueblo suelen contar cómo llevar una carga de leña sin un origen claro era motivo suficiente para pasar bien calentitos la noche en el cuartel de la Guardia Civil. Ahora, trabajar la propia tierra se siente (y se paga) como robar.

Pongamos algunos ejemplos con sus números para entender de lo que estamos hablando.

Existen unos 700 socios en la almazara del pueblo que funciona como cooperativa. En total se procesan unos 4 millones de kg. de aceituna. Eso daría unos 5000 kg por familia, aunque la variación es muy grande. Hay 3 agricultores (familias) que puede llegar a recoger un máximo de 80 mil kg de aceituna. Eso, después de riegos, abonos, combustible, etc, se queda en unos 15mil € aprox. Y hay bastantes que producen entre 10 y 20mil. Eso significa que la mayoría de los socios no llegan a esos 5000 kg.

Los que están cobrando el paro agrario cobran 420€ al mes si son mayores de 52, o menos de 200 si son menores de 52 (porque cobran durante 6 meses.) La familia tipo trabaja los meses de verano en los invernaderos de tomate, unos días en mayo y junio, y todo julio y agosto. Unos 3000€. El resto del año hasta la temporada de la aceituna se cobra el paro, 400 y pico al mes.

Con estas medidas se está criminalizando que una persona eche unos 20 jornales de manera ilegal que les dará unos 1000 €. Ese es el fraude, cobrar 400 y pico mientras se trabaja para lo propio o lo ajeno.

Además, durante años han sembrado y trabajado unos árboles que no sólo les iban a dar el aceite del año, sino un dinero extra para mandar a los hijos a la universidad, reformar la casa, comprar ese kilo de langostinos de nochebuena, etc. Este año, encima, el pueblo entero ha hecho una inversión millonaria en instalar riego por goteo, con la esperanza de que eso aumentaría la producción y compensaría la continua bajada del precio del aceite. Y es que este es otro tema, Zújar vende su producción de aceite a multinacionales, el año pasado a la megacorporación alimenticia Unilever, y otras temporadas a Forges por ejemplo. En alguna ocasión el aceite se ha quedado sin vender hasta un año porque los precios estaban casi por debajo de los costes de producción.

Pues con este panorama, las multas que están poniendo a los que cogen sus aceitunas y están cobrando algún tipo de ayuda (subsidio de desempleo, jubilación, ayuda familiar, paro agrario, etc.) van entre 3000 y 6000€.

Estos días he oído multitud de ejemplos. La pareja de jubilados, ella con cáncer, que en el pueblo de al lado los pillan cogiendo sus aceitunas y son multados. El muchacho, casado, con una ligera invalidez que no le impide trabajar, y que quiere compensar la paga echando unos jornales (menos de 10), para ganar unos 500€ extra. No podrá, porque el dueño de la finca no lo “contrata.” El jubilado, que tiene a sus hijos fuera, pero que no puede coger su propia aceituna (de estos hay decenas.)

El que tiene una producción de unos 20.000kg, que necesita que su yerno y el hermano de este le ayuden (pagándoles). Tiene que sacarse una póliza de unos 800€ que sólo puede usar en su finca. Así, no puede ayudar a la vecina que le ha pedido que coja su aceituna para que no se quede en el árbol.

Aquí hay que tener una cosa importante en cuenta, aunque no se encuentran cifras oficiales, más de la mitad del pueblo cobra el paro en alguna de sus formas, lo que supondrá un ingreso de entre 400 y 1000€ por familia. Para que mi familia pueda recoger su aceituna ha tenido que darse de baja un mes en el paro, son 800€ menos. Pero no olvidemos que la aceituna de esta cosecha no se cobrará (con suerte) hasta noviembre del año que viene. ¿Entonces este mes que comen las familias que dependan de ese ingreso?

Pero, ¿qué objetivos tiene el gobierno con esta represión?

Esta represión es otra vuelta de tuerca a la criminalización del trabajador. Lo que pretende el Ministerio de Interior y/o Trabajo con esta campaña es eliminar el subsidio de desempleo por la puerta de atrás, sin dar la cara, ni siquiera por pantalla de plasma.

Nadie puede creerse que esto lo hacen ni siquiera con un afán recaudatorio o justiciero. Ahora es que quieren acabar con lo que ellos llaman economía sumergida. Un dato claro. En la comarca, y especialmente en mi pueblo, hace años que se declara a hacienda prácticamente todo lo que se produce. Por tanto las administraciones tienen acceso a la producción familiar, sus ingresos, el tamaño y localización de sus fincas, por lo que pueden saber si necesitan contratar mano de obra. Entonces, ¿por qué no han ido a las fincas con mayor producción, por qué han multado a abuelos con 500kg de aceituna?

¿A qué viene lo de mandar a la Guardia Civil escoltando a los inspectores de hacienda a las mismas fincas? ¡Pero si ya tenían esos datos! Los que recibían la maldita visita se lo decían a otros, y la voz rápidamente corría por la vega. Salíamos corriendo de nuestra tierra, dejando atrás aperos y aceitunas. Es muy evidente que no pretenden luchar contra el fraude fiscal y a la Seguridad Social. Dicen los que llevan la almazara que este ataque está siendo especialmente duro del sur de Jaén para aquí. Cierto que existe un aumento de las inspecciones en todo el olivar andaluz y extremeño. Sin embargo, no deja de ser injusto y sospechoso que vayan a por los pequeños agricultores. Porque el 71% del fraude fiscal lo llevan a cabo grandes fortunas y empresas, y eso hace que el Estado deje de recaudar 80mil millones de €. Que no, que esto no es una cuestión recaudatoria, aunque luego lo anuncien a bombo y platillo que el gobierno está luchando contra la corrupción y el fraude. ¡ja!

Otra cosa, no se pierdan las nuevas cifras del paro en nuestro país. Miles de jornaleros y pequeños agricultores dándose de baja del paro a la vez.

Una de las primeras consecuencias de la “escabechina” (como lo llaman en el pueblo) es que aquellos cuya producción valiera menos que el mes de paro, la han dejado en el olivo. Después está generando miedo, y una sensación de desesperanza. Me explico. En la última década se viene dando un fenómeno de transición generacional en los agricultores. Probablemente por primera vez desde la guerra, una buena parte de la juventud no ha tenido que emigrar. Incluso después de la crisis de la construcción que como decíamos ha afectado mucho a la comarca. En el verano a los invernaderos de tomate, el subsidio agrario, los olivos de la familia, el huerto y la chapuza te permitía quedarte, tener una casa e incluso soñar con mandar al niño a la universidad.

Esta escabechina manda un mensaje claro: ¡ni lo soñéis! Los jóvenes de la Andalucía rural tienen el mismo destino que sus antepasados: emigrar. A la vendimia, a las “islas,” al levante o ahora, con el poco inglés, al extranjero. Básicamente, es necesario que la juventud agraria sean carne de cañón del capital internacional, mano de obra barata, reserva de fuerza de trabajo.

A la primera generación rural que soñó con vivir toda su vida donde nació le dice claramente que eso no puede ser así. Este es el primer paso: las ayudas al desempleo no estarán siempre ahí.

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