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El blog de Moncadista

Nací un 26 de julio…

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La noche más oscura y la verdad en apariencia (Truthiness)

Dennis Loo
15 de enero de 2013

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
2 de marzo de 2013

¿Qué es lo importante, lo que quieres que sea verdad, o lo que es verdad?

Truthiness (NT: la cualidad de exponer conceptos que uno desea que sean verdad, en vez de exponer los hechos) es “lo que yo digo es lo correcto, y (nada) de lo que otro diga podría ser cierto. No es sólo que siento que es verdad, sino que siento que es verdad. No sólo es un atributo emocional, sino un atributo egoista.” Stephen Colbert.

La versión de la caza de Osama bin Laden de La noche más oscura es un ejemplo perfecto de “truthiness” y de la degradación de la verdad. Los cineastas de La noche más oscura se quedan entre dos aguas en la cuestión de la verdad. La película no abre con los créditos y el título. Al contrario, muestra la siguiente línea, con letras blancas en fondo negro: “Basado en relatos de primera mano de sucesos reales.” A continuación, se emiten grabaciones reales de personas atrapadas en el World Trade Center el 11 de septiembre. La siguiente escena se indica en la pantalla que sucede dos años más tarde, es un detenido siendo torturado por agentes de la CIA. Los créditos no aparecen hasta que la película ha terminado. Todo esto está diseñado para dar la impresión de una veracidad periodística o de documental.

El espectador medio sentado en el cine verá, por supuesto, que los cineastas no se han tomado muchas libertades con respecto a la verdad. Sin embargo, están equivocados al hacerlo. Es más indignante, la directora Kathyrn Bigelow y el guionista Marc Boal decidieron, por razones desconocidas, presentar la tortura como el medio por el que los EEUU encontraron a bin Laden, evidentemente una representación falsa comparada con la crónica histórica efectiva.

Bigelow y su estudio, Sony Pictures, afirman que excluir la tortura del relato habría sido falsificar la historia. En respuesta a la película, que ha sido aclamada por la mayoría de los críticos como una obra maestra y la mejor película del año, sin embargo, bastante gente ha descrito la película, por el contrario, como una apología indignante de la tortura (Alex Gibney, Glenn Greenwald, Jane Mayer, Naomi Wolf, el actor David Clennon, yo misma y otros) y la Senadora Diane Feinstein, Carl Levin y John McCain escribieron una carta de protesta. Sony respondió a la controversia publicando esta declaración:

“La Noche Más Oscura no defiende la tortura. No incluir esta parte de la historia hubiera sido irresponsable e inexacto. Apoyamos totalmente a Kathryn Bigelow y Mark Boal, y respaldamos esta extraordinaria película. Nos indigna el que cualquier miembro responsable de la Academia usara su posibilidad de voto en la Academia de Artes y Ciencias Cinematográfica (AMPAS por sus siglas en inglés) como una plataforma para llevar su propia agenda política. Esta película debería ser evaluada como libre de partidismo.

“Castigar el derecho de expresión de un artista es aberrante. Esta comunidad, más que ninguna otra, debería saber lo reprochable que eso es. Mientras respetamos totalmente el derecho de cada uno a expresar su opinión, esta actividad realmente es una afrenta a la Academia y a la libertad de expresión creativa. Debería haber una oposición a este intento de censurar uno de las mejores películas de nuestro tiempo.”

“Como dijo Kathryn Bigelow de manera tan apropiada al principio de esta semana: La representación no es apoyo, y si lo fuera, ningún artista podría entonces reflejar prácticas inhumanas; ningún autor podría entonces escribir sobre ellas; y ningún cineasta podría ahondar en los aspectos complicados de nuestro tiempo. Creemos que los miembros de la Academia juzgarán la película en sus verdaderos méritos y se desconectarán de esta retórica equivocada y mal enfocada.”

Amy Pascal
Co-Presidente de Sony Pictures Entertainment

Bigelow, Boal, y Sony han representado así las críticas a su película como censura y se han envuelto ellos mismos en la bandera de la libertad de expresión. Pero la oposición que su película ha desatado no tiene nada que ver con la censura y definir sus críticas como censoras es deshonesto. La gente que se opone a la tortura quiere que la tortura se enseñe al pueblo estadounidense. La buena película Expediente Anwar del 2007, por ejemplo, protagonizada por Jake Gyllenhaal, Meryl Streep, y Reese Witherspoon, enseñaba la tortura y fue apreciada por aquellos de nosotros que admiramos películas bien hechas y nos oponemos a la inmoralidad e ilegalidad de la tortura. Nos hubiera gustado más que los críticos hubieran apreciado la película  en vez de vapulearla (por razones políticas fundadas o no) como hicieron, ayudando por tanto a hacer de la película un fracaso comercial. Lo que La Noche más oscura hace, al contrario que Expediente Anwar, es usar la tortura como una parte integral para impulsar la historia hacia adelante de una manera engañosa. En La noche más oscura sin la tortura no se hubiera encontrado a bin Laden. Decir que La noche más oscura no defiende la tortura es como decir que Titanic no es una película sobre un barco llamado Titanic que se hunde.

La defensa de Bigelow y Boal

Bigelow y Boal han llamado “absurda” a la crítica de que su película hace apología de la tortura.

¿En que se basan para decir esto? Esto es lo que Boal dijo. He citado en anteriores artículos aquí y aquí esto (y otras declaraciones suyas) pero quiero repetir este pasaje porque quiero abordar su comentario aquí desde unos cuantos ángulos adicionales:

“La película muestra que el tipo fue torturado mediante el submarino, él no cuenta nada y hay un ataque. Muestra que el mismo detenido les da algo de información, que era nueva para ellos, delante de un almuerzo civilizado. Y después muestra al personaje (Jessica Chastain) volver a la habitación de investigación, y toda esa información ya está allí, de otros detenidos que no han sufrido coerción. Esto es lo que sale en la película, si realmente la ves como una película y no como una rampa de despegue para un discurso político.”

Si has visto la película (e incluso si no la has visto pero piensas con detalle lo que Boal dice y lo que otros que han visto la película cuentan sobre este incidente), su explicación es notablemente a) superficial, b) engañosa, y c) descaradamente falsa. Es alucinante que el principal guionista de la película no pueda, o no describa con precisión, lo que sale en su propia película en escenas clave.

Como apunté en artículos previos, para aceptar su explicación de que la película no representa que es la tortura la que da la pieza clave de la prueba (el nombre del mensajero de bin Laden) tienes que ignorar que a) el hecho de que Ammar fue torturado largo y tendido antes del “almuerzo civilizado” y b) el hecho de que Dan, el interrogador, le dice durante el almuerzo que si no coopera con ellos y les dice lo que quieren, puede colgar a Ammar del techo otra vez. En otras palabras, Ammar les da lo que quieren (la identidad del mensajero) gracias a la tortura y a la amenaza de más.

Más adelante en la película, un detenido interrogado por Maya hace que el impacto de la tortura tal como se representa en la película sea otra vez muy evidente. Después de decirle que ha sido torturado antes y que no quiere más, le dice: “Pregúntame algo y responderé.”

Más tarde, en la escena en la habitación de investigación donde, según Boal, Maya descubre que otros detenidos dieron el nombre del mensajero, aunque no mientras eran “coaccionados,” Boal afirma que Maya aprende así (y presumiblemente el espectador) que la tortura de Ammar no fue necesaria después de todo. Aún así, cada uno de los detenidos, excepto quizás uno, y hay un buen número de ellos a los que ve en cintas de vídeo dando el nombre del mensajero, habían sido claramente torturados antes de que dieran el nombre del mensajero. Todos estaban encadenados y en diferentes estados de estrés y agotamiento extremo. Pero incluso si la falsa caracterización de Boal de esta escena fuera verdad y esos detenidos no hubieran sido coaccionados, entonces su argumento de que maya descubre que la tortura no era necesaria en ningún caso funciona si ella estaba pensando que habían torturado de hecho a Ammar para dar el nombre del mensajero y se da cuenta de que esto era innecesario. Por lo que Boal se está todavía contradiciendo a sí mismo de otra manera. En la primera parte de su argumento admite que Ammar no fue torturado. ¿En cuál Sr. Boal? Su defensa, brevemente, está más allá del absurdo desde principio a fin.

Incluso en otra escena de la película, la actitud de los autores hacia la tortura y la detención indefinida se enfatiza aún más. Mientras la CIA está intentando convencer a algunos contactos de la Casa Blanca de que han encontrado la guarida escondida de bin Laden y después de que los representantes de la Casa Blanca les respondan que la CIA no tiene ninguna prueba convincente de que bin Laden está en esa casa, uno de los oficiales de la CIA entra en cólera, “Sabes que perdimos la capacidad de probarlo cuando perdimos el programa de detenciones, ¿a quién se supone que voy a preguntar: a algún tipo en Guantánamo, rodeado de abogados?” En otras palabras, no podemos conseguirte la información directa que quieres porque nos tienes con las manos atadas.

Para el típico espectador que no sabe la verdad sobre los sitios negros de la CIA, que no sabe que durante Bush y Obama la rendición fue y ha sido mantenida, y que la sola idea de que los detenidos están “rodeados de abogados” es ridículo, tendría que pensar, si el resto de escenas de la película no te convencieron, que ir tras los “enemigos” detenidos usando cualquier medio a tu disposición, incluyendo especialmente la tortura, es necesario. Tendrías que llegar a la conclusión de que el programa de detenciones-sitios negros fue útil para encontrar el escondite de bin Laden, y que los detenidos no eran mantenidos en ningún otro sitio más que en Guantánamo, y que la tortura no estaba siendo utilizada allí o cualquier otro lugar. Y estarías equivocado en todo esto.

Pero según los comentarios de los autores, a pesar de esas escenas y del arco narrativo de la película, estarías loco si pensaras que La noche más oscura está promoviendo el uso de la tortura. Bigelow, Boal y Sony Pictures están diciendo de manera efectiva, “¿A quién vais a creer, a mí o tus ojos que mienten?”

Lo que genera otra pregunta: ¿Cómo pueden Bigelow y Boal ofrecer tales explicaciones pobres y falsas?

Mi conclusión es que están tan confiados en que sus insignificantes refutaciones funcionarán como de que sus falsas representaciones en la película funcionarán también: en otras palabras, lo que sea verdad no importa. En su cabeza lo que importa es lo creíble: la apariencia de verdad. Y hay una abundante evidencia para apoyar su jugada en los honoríficos concedidos a la película por críticos y buena parte de Hollywood, por lo menos hasta ahora, a menos que las denuncias sobre sus mentiras se hagan más grandes, más fuertes y se extiendan más.

Antes de citar algunos ejemplos de cómo “truthiness” está funcionando por ahora, un comentario preliminar: su habilidad para escabullirse con falsedades disfrazadas de verdad periodística se ha facilitado por la noción muy extendida de que la verdad es una pendiente resbaladiza y que la interpretación, más que la prueba sólida, es lo que constituye la verdad. Tal como escribí en el prefacio de mi libro, Globalización y la demolición de la sociedad:

Una de las fuerzas más peligrosas que están en marcha en el mundo hoy, tal vez la más peligrosa, es el asalto a la verdad que viene de la derecha y de algunos elementos de la izquierda, fortalecidas por el creciente poder de los cada vez más concentrados medios de comunicación, publicidad, relaciones públicas y propaganda del gobierno, que emanan de los dos grandes partidos políticos, todos tratando de convencernos de lo que es cierto independientemente de lo que sea verdad. Este ataque a la realidad, en ciencia, razón, y en la Ilustración está íntimamente conectado a los acontecimientos en la economía y la política… La globalización y su expresión política, el neoliberalismo, no podría continuar existiendo y prevalecer sin la degradación del significado de verdad.

El otro factor en juego aquí es que gente que debería saber más, por ejemplo, Michael Moore, (i) se están cegando en su respuesta a La noche más oscura por un deseo equivocado, ya sea de defender la película simplemente porque la protagonista es una mujer y está dirigida por una mujer y/o por el deseo de sentirse bien con Obama. Su equivocación o rechazo de llamar a La noche más oscura una película pro-tortura es como poco profundamente decepcionante y como mucho una traición vergonzosa a sus principios.

¿Una película apolítica?

El portal E! Cita a Jessica Chastain, que hace de Maya en La noche más oscura diciendo, “Se dan cuenta (aquellos que han visto la película) de que no es una película propagandística y que no tiene una agenda. Sólo intenta mostrar este momento de la historia con la máxima exactitud posible.”

No creo que se pueda poner a Chastain al mismo nivel de responsabilidad o entendimiento de su papel en la película, como se debería poner al director y guionista. Creo que la cita de lo que Chastain dijo en realidad quiere decir: que ella no cree que salga en una película propagandística y que la película no intenta imponer una agenda, y que sólo se intenta ser fiel al curso de los acontecimientos. Está equivocada y que ella llegue a esa conclusión significa que está extremadamente mal informada sobre la historia real que está supuestamente representando.

Propaganda, Política, Arte, Verdad

Esto nos lleva a preguntas más amplias como qué es la propaganda, qué es ser político, qué es el arte, y qué significa que la historia y los hechos sean ciertos en relación a ser políticos. Hay un número de nociones equivocadas sobre estos asuntos y hace falta alguna clarificación.

Primero, la película no es históricamente precisa. Es una representación falsa, maligna y perversa de la historia. Se exagera su falsedad porque afirman que es periodística – “Esta película esta basada en testimonios de primera mano de sucesos reales.” Sería más precisa si la película hubiera sido comercializada como algo que viene del Archivo de Historia de Dick Cheney, o de los vídeos de reclutamiento de los sótanos de la CIA porque conforma la mutilada visión del mundo preferida por Cheney y la CIA.

Segundo, ¿cómo se podría hacer una película sobre el evento más politizado de los últimos tiempos, el 11 de septiembre, y la principal obsesión política, la Guerra contra el Terror, y no ser político? ¿Cómo se podría hacer una película que trata la tortura y los incidentes terroristas y no ser político? No es posible y cualquier conectado a la película que afirme otra cosa está o bien confundiendo o no entiende lo que es la política.

Incluso si dejamos a un lado la politización sin parangón de los asuntos que se enseñan en la película, es importante apuntar que nunca ninguna película es apolítica, no importa cuál sea el tema. Incluso una película sobre la búsqueda de otros planetas y de los orígenes del universo, o sobre osos polares, o insectos puede escapar de la política. Todo lo que hacemos es político, no político en el sentido de “Soy republicano” o “soy demócrata”, sino político en el sentido de que la política tiene que ver con la prioridad que le damos a qué es más o menos importante hacer si se tienen recursos limitados. Cómo vemos el mundo y nuestro sitio y el de los otros en él es inherentemente político e ideológico.

Además, haciendo una película, escribiendo un libro o un artículo, en la creación de una canción o un poema, cuando elijes lo que vas a leer, ver, en lo que vas a gastar tu tiempo, empezar una conversación o no, sobre lo que hablas y cómo, en qué gastas tu dinero y qué haces con lo que compras y cómo lo tiras, cómo tratas a otra gente y a aquellos del otro género o nacionalidades, y así; todas esas son decisiones políticas, pienses o no en ellas como políticas. Si elijes dejar el motor encendido mientras estás aparcado, eso es una decisión política, incluso si la gente que lo hace no está conscientemente tomando una decisión política: No me voy a preocupar sobre mi contribución al calentamiento global y voy a dejar el motor encendido, incluso si no voy a ningún sitio.

Ninguno de nosotros puede escapar de hacer elecciones políticas y tomar decisiones sobre lo que vamos a hacer cada minuto del día. Tenemos que elegir porque no podemos hacerlo todo, poner atención a todo, entenderlo todo en múltiples maneras constantemente. Esas son decisiones políticas.

Cuando Bigelow y Boal decidieron que iban a representar la tortura en su película, tenían que decidir cuál sería la función de la tortura en la película. Tenían que decidir cómo iban a representar a la CIA (como héroes u otra cosa). Tenían que decidir cómo iban a representar a los musulmanes (como villanos u otra cosa). Tenían que decidir qué escenas se incluirían y cuáles se quitarían. Esas son decisiones políticas.

Tercero, decir que todo es inherentemente político no es lo mismo que decir además que la verdad no existe porque cada uno tiene su manera de ver las cosas. Este es un asunto complicado que necesita de aclaración para desarrollarlo apropiadamente (puede llevar hasta un libro), por lo que me voy a centrar en responderlo aquí tan concisamente como sea posible. Empecemos con la cuestión de la relación entre la diversidad de los puntos de vista de los individuos y la existencia de una realidad objetiva y real. La gente, es verdad, tiene su propia y peculiar manera de ser, escribir, y hablar, pero el rango de visiones que existen es limitado. O sea, todas las opiniones existen en un limitado espectro y se puede dividir en un relativamente pequeño número de opiniones. Eso es porque somos seres sociales y nuestras opiniones individuales no se originan realmente en nosotros sino en los grupos a los que pertenecemos, o con los que nos identificamos, o a los que aspiramos, y esos grupos a su vez ocupan una posición particular relativa a los componentes clave del asunto en cuestión.

A su vez, los grupos tienen una relación específica con las palancas claves de poder y distribución de recursos en la sociedad. Cuál es tu grupo de interés varía dependiendo a qué grupo pertenezcas. Si eres un miembro del 1%, y amas tu dinero más que la justicia, [II], tu grupo tiene un interés material en mantener tu posición de superioridad sobre los recursos y los medios por los que se obtienen y distribuyen los recursos. Tienes un interés material en que las palancas de poder permanezcan en las manos de tu grupo y en que este poder no se distribuya de otra manera (por ejemplo que se trate al petróleo como un recurso compartido en vez de algo de propiedad privada). Si eres parte del 47% de los de abajo, al contrario, tus intereses de grupo están en conflicto con aquellos del 1% y tu grupo estaría mucho mejor si pudiera penetrar la niebla de engaño, desinformación, y uso de la fuerza ejercido por el 1% sobre tu grupo y el resto del 99%. Lo que es una ventaja para el 1%, ocultando las razones verdaderas para las decisiones políticas y económicas, es una desventaja para el resto de la sociedad a la que se perjudica con esas acciones.

El arte no puede escapar de ser político, por lo que la pregunta a un trabajo artístico no es si está o no haciendo una declaración política sino qué declaración está haciendo y si es cierta o no. ¿Es cierta la historia que cuenta La noche más oscura en el sentido que se ajusta con justicia a los eventos históricos? ¿Se consiguió la identidad del mensajero de bin Laden con tortura? La respuesta a ambas preguntas es claramente no. Por lo que la declaración política que hace La noche más oscura es falsa y malévola en este caso porque intenta convencer a la gente de que deberían apoyar que se comentan crímenes de guerra, tales como la tortura. Esta ofensa es mucho más seria ya que la gente detrás de esto está afirmando de manera deshonesta que no están haciendo lo que precisamente están haciendo. Esto queda claro, además de que está muy claro en la película, por las respuestas de algunos de los espectadores con los que han hablado algunos activistas al salir de la película y que dicen que la película les convenció de que la tortura era necesaria.

El arte no se evalúa únicamente, o incluso principalmente, basándose en lo que el artista intentaba hacer conscientemente. Incluso si se pudiera enseñar que los que hicieron la película creen sinceramente que han creado una película apolítica y que no pretendían apoyar la tortura, y que los comentarios de Bigelow de querer hacer una película que ensalza a la CIA hace que sea imposible llegar a tal conclusión, el arte es principalmente evaluado en sus cualidades y su impacto.

Si Bigelow y Boal estuvieran realmente contra la tortura…

Si Bigelow y Boal no pretendían defender la tortura, entonces la respuesta argumentada de cerca, apasionada desde los cuatro costados, dentro y fuera de la industria de que lo que de hecho se ve en la película es una defensa de la tortura, tendría que llevar a cualquier cineasta sincero a llevar a cabo un examen de su película para encontrar qué es lo que hay en la película que lleva a la gente a esta conclusión. Si verdaderamente están en contra de la tortura, y en shock de que alguien pudiera llegar a la conclusión de que su película está defendiéndola, entonces no sería muy difícil para ellos corregir el problema, sin ni siquiera tener que modificar la película. Podrían, por ejemplo, fácilmente revisar la secuencia al comienzo de la película y sustituir el “basado en un relato de primera mano de eventos reales” con algo como “Esto es una obra de arte, no de periodismo, y mientras muchos de los eventos que se muestran están basados en eventos reales, se han tomado ciertas libertades artísticas para representar esos sucesos. La tortura siempre es un crimen de guerra y no apoyamos su uso.” Después de todo, ¿hay algo más importante que ser acusado de apoyar la tortura? En vez de hacer esto tan simple, Bigelow y Boal ofrecen una y otra vez falsas declaraciones sobre lo que hay en la película, de dónde vienen sus críticas, y lo que pretendían. El hecho que hayan respondido así a sus críticas dice mucho de sus intenciones reales y la naturaleza real de la película.

¿Qué es la tortura? ¿Cuál es su propósito?

La tortura es una forma de terror, aplicada a un individuo, diseñada para aterrorizar a todo un pueblo. El propósito de la tortura no es recoger inteligencia, que es por lo que los torturadores torturan a menudo gente que saben sin duda que son inocentes y que no saben nada útil. El propósito de la tortura es convencer al pueblo de que aquellos que están torturando no se amilanarán ante nada y harán cualquier cosa para mantenerse arriba, y que tú deberías temer que tú o tus seres queridos sean las próximas víctimas de su injustificada brutalidad elegidas aleatoriamente. Esto es lo que los inquisidores españoles hacían a aquellos sospechosos de herejía y es la Inquisición española, por cierto, quienes inventaron la técnica del submarino. La tortura no se diseñó para extraer la verdad. Se diseñó para coaccionar a la gente a hacer “confesiones” que por tanto “prueban” la necesidad de la tortura y prueba quién está al mando.

Hay diversas definiciones de la palabra “propaganda,” alguna de las cuales no son peyorativas, pero la más común y la que Chastain usa es esta: “Información, especialmente de naturaleza sesgada o engañosa, usada para promover o publicitar una causa política particular o punto de vista.” Según esta definición tan común del término, La noche más oscura es claramente propaganda ya que usa no sólo información sesgada o engañosa, sino información relevante escandalosamente falsa como elemento central de la narración para la película, para la política pública más relevante y de alto nivel desde 2001, y por tanto promueve la idea de que es permisible torturar a la gente y, de hecho, aquellos que lo hicieron son héroes. Como Bigelow lo describe en el estreno de la película:

“Les quiero emocionar y quiero que sepan que esta es la historia, que en cierto modo está detrás, saben, de todo el grupo de inteligencia que encontró a este hombre. Esos son individuos increíblemente valientes, individuos dedicados que sacrificaron mucho para completar esta misión.”

¿Qué es la realidad? La división que hace bostezar.

El debate en torno a La noche más oscura subraya la división entre aquellos que creen que la realidad es lo que tú crees frente a aquellos que sostienen que la realidad es algo que existe independiente de nuestra consciencia. Este conflicto entre visiones confrontadas de realidad y verdad no es más que una diferencia filosófica escolástica que no tiene consecuencias reales en el mundo. Es un debate filosófico central que tiene implicaciones mundiales de dimensiones cruciales.

El primer grupo, aquellos que piensan que la realidad es lo que crees que es, tiene varios nombres: “basados en la fe,” fundamentalistas, relativistas, postmodernos, solipsistas, etc; para los que la verdad es únicamente una cuestión de interpretación personal (lo que es verdad es lo que yo elijo que sea verdad). O, la verdad es lo que viene en los textos sagrados como la Biblia, el Corán, etc; o por las autoridades, seculares o religiosas, que se supone tienen un acceso especial a la verdad.

En el segundo grupo, los empiristas, el mundo existe independientemente de nuestra existencia y nuestra consciencia de él. El empirismo es la perspectiva de la Ilustración.

El empirismo es la fundación para la ciencia, la visión de la evidencia empírica (hechos, pruebas físicas, datos, cosas que puedes medir, etc) constituye nuestro mundo y son los materiales que usamos para examinar la validez de nuestra hipótesis y teorías sobre lo que pasa, lo que es real y como funcionan las cosas.

En nuestros tribunales, por principio tienes que probar que alguien es culpable mediante el uso de las pruebas, lo bastante fuertes como para constituir las bases para que una conclusión esté más allá de la duda razonable. No es suficiente, o al menos no lo era hasta que la llamada “guerra contra el terror” apareció, apenas acusar a alguien para convertirlo en culpable; se tenía que probar usando datos empíricos y un argumento fuerte y convincente basado en evidencias empíricas (los hechos) que hacían razonable y respaldaban el argumento en vez de socavarlo. Esta forma de jurisprudencia representó un avance crucial sobre anteriores sistemas de “justicia” en los cuales el rey podía detener, torturar y/o colgar a cualquiera porque era el rey. En los principios en juego antes de la Carta Magna, que tiene cerca de 900 años, el poder gubernamental estaba sin control ni límites en su ejercicio: el gobierno podía hacer lo que quisiera, a quien quisiera hacerlo. El miedo y la superstición reinaba en vez de la razón y la evidencia. La noche más oscura refleja el resurgir de los discursos basados en el miedo diseñados para hacer caso omiso de principios legales del debido proceso que se hizo histórico como control frente al ejercicio sin reglas del poder por parte de las autoridades. Tanto Bush como Obama nos han llevado por esta traicionera carretera de la suspensión del debido proceso y la culpabilidad por acusación.

Debido proceso y ciencia, en otras palabras, van de la mano. La falta de debido proceso, tiranía, superstición y fe anti-racional, y un razonamiento que apela únicamente a la autoridad (por ej. Los textos sagrados o la “revelación”) también van de la mano.

La ventaja de ser un empirista es que hay maneras por las que podemos decidir entre versiones conflictivas de la verdad mediante verificación empírica. En esto se basa la ciencia: la verdad existe y puede ser determinada a través de evidencia empírica y que la evidencia viene de un mundo que existe objetivamente en vez de algo creado y mantenido subjetivamente. Sin esta manera independiente de verificar, ninguna versión de la verdad puede ser seleccionada como superior a otra. Cualquier creencia, la noción por ejemplo de que en realidad estamos soñando el mundo y que el mundo no tiene existencia independiente de los sueños, es tan verificable y “verdad” como cualquier otra en ausencia de un criterio independiente.

Un escritor en el Huffington Post llamado G. Roger Denson ha escrito dos artículos sobre La noche más oscura. El primero titulado: El relato de La noche más oscura de la tortura verificado por el fichero mediático de legisladores y oficiales de la CIA. El segundo titulado “Kathryn Bigelow de La noche más oscura falsamente caracterizada por Naomi Wolf como la propagandista nazi Leni Riefenstahl.” En el consiguiente debate, todavía activo, al hilo de sus artículos, en una respuesta a mí dice: “La noche más oscura no muestra tortura INDISCRIMINADA. No enseña que poblaciones enteras sean el objetivo. Ni muestra ataques con aviones no tripulados (sic). Estas rellenando tu falta de argumentos con noticias generales sobre la guerra en Afganistán porque no puedes encontrar ningún hecho documentado que contradiga lo que se cuenta en la película. Ahórranos todas tus especulaciones salvajes y desorientadas (sic). No merecen la pena,”. En respuesta, dije que en parte, su comentario sobre “la tortura INDISCRIMINADA” me recuerda al comentario del ex-republicano Akin sobre “la violación legítima.” (Mientras escribo esto, mi respuesta todavía no ha sido publicada en el Huffington Pos, por lo que no puedo decir a ciencia cierta que el moderador lo publicará.)

Aparentemente, según el Sr. Denson, existe la tortura DISCRIMINADA (ha dicho antes: “Esa fue la razón de la tortura aplicada a Ammar: para salvar vidas”) y existe la tortura INDISCRIMINADA.

Su comentario abre la caja de Pandora: Denson ha afirmado desde el principio que La noche más oscura no defiende el uso de la tortura y que de hecho muestra abiertamente a la gente la realidad de la tortura de manera que verán que es mala, sin embargo aquí asegura que la tortura se usó en Ammar para “salvar vidas” y por tanto, no fue tortura INDISCRIMINADA sino presumiblemente tortura JUSTIFICABLE.

Alguien debería decirle que según la Convención de Ginebra, la Carta de Naciones Unidas, y la ley internacional, la tortura es tortura. Lo he intentado, pero parece que no he conseguido que lo entienda. Tal vez esto explica la ceguera de Bigelow, Boal, Sony Pictures y Denson sobre la película: tal vez para ellos, si los agentes de EEUU usan la tortura, no es en realidad tortura y por tanto por eso pueden decir sin pestañear que la película no apoya la tortura.

La noche más oscura es un microcosmos de un conflicto más amplio que se está dando a escala mundial hoy, alcanzando desde el nivel personal e individual a niveles globales. Tal como escribí en el prefacio a mi libro, La Globalización y la demolición de la sociedad:

Una de las fuerzas más peligrosas que están en marcha en el mundo hoy, tal vez la más peligrosa, es el asalto a la verdad que viene de la derecha y de algunos elementos de la izquierda, fortalecidas por el creciente poder de los cada vez más concentrados medios de comunicación, publicidad, relaciones públicas y propaganda del gobierno, que emanan de los dos grandes partidos políticos, todos tratando de convencernos de lo que es cierto independientemente de lo que sea verdad. Stephen Colbert apodó satíricamente esta tendencia a degradar la verdad como “truthiness” (la apariencia de la verdad. [III] Este ataque a la realidad, a la ciencia, a la razón, y a la Ilustración está íntimamente conectado al desarrollo de la economía y la política, que son el eje central de este libro. La globalización y su expresión política, el neoliberalismo, no podría continuar existiendo y prevalecer sin la degradación del significado de verdad.


[i] Moore envió este tweet el 9 de enero de 2013: “Lo siento, pero cualquier que afirme que La noche más oscura apoya la tortura o bien no ha visto la película o no estaba prestando atención. “La noche más oscura lo deja claro: 7 años de tortura bajo Bush no encontraron a Osama bin Laden. Una vez elegido Obama, la tortura cesa, adivina qué. ENCONTRAMOS A BIN LADEN.” (regresa)

[ii] Hay algunos miembros del 1% que aman más la justicia que el dinero. (regresa)

[iii] Nathan Rabin, “Entrevista: Stephen Colbert,” AvClub.com, 5 de enero de 2006, http://www.avclub.com/articles/stephen-colbert,13970/, se publicó el 19 de enero de 2010.

La gente adora al presidente porque acierta en sus decisiones como líder, incluso si los hechos que lo respaldan no parecen existir. Es el hecho de que lleva la razón lo que es muy atractivo para cierto sector del país. Realmente siento una dicotomía en la población estadounidense. ¿Qué es lo importante? ¿Lo que quieres que sea verdad, o lo que es verdad? … Truthiness es “Lo que yo digo es lo correcto, y (nada) de lo que otro diga podría ser cierto.” No es sólo que siento que es verdad, sino que siento que es verdad. No hay únicamente una cualidad emocional, sino una cualidad egoista

Tortura, tortura por todas partes

Andy Worthington
21 de diciembre de 2012

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
28 de enero de 2013

Para los que llevamos años discutiendo que los funcionarios retirados y los abogados de la administración Bush deben ser considerados responsables por el programa de torturas que introdujeron y usaron en su “guerra contra el terror,” la semana pasada fue de hecho una semana interesante, con los cambios que tuvieron lugar en Estrasburgo, en Londres y en Washington DC, que apuntaban todos hacia que fuera imposible que los torturadores puedan escapar sin rendir cuentas para siempre.

Esto puede ser hacerse ilusiones, dados los esfuerzos de los funcionarios de los EEUU y otros sitios para evitar responder por sus crímenes, y las maneras por las que, a través de argumentos legales y acuerdos en la trastienda, han suprimido todos los intentos para hacerlos responsables. Sin embargo, a pesar de esto, parece que mantener silencio absoluto es imposible, y la semana pasada se produjo un gran avance cuando, con unanimidad, un panel de 17 jueces de la Corte Europea de Derechos Humanos falló a favor de Khaled El-Masri, un alemán vendedor de coches de segunda mano de origen libanés, que es uno de los casos más famosos de error en la identificación de toda la “guerra contra el terror.” Ver un resumen aquí.

Describiendo el fallo, el Guardian explicó cómo la corte declaró que “los agentes de la CIA torturaron a un ciudadano alemán, sodomizado, encadenado y golpeado, mientras la policía estatal de Macedonia observaba,” y “también encontró a Macedonia culpable de torturarle, abusar y encarcelarle en secreto,” también anotando, “es la primera vez que la corte ha descrito el tratamiento impuesto a los sospechosos de terrorismo por la CIA como tortura.”

El-Masri tuvo la mala suerte de tener el mismo nombre de un hombre que al parecer ayudó a los secuestradores del 11 de septiembre, y cuando, después de una discusión con su esposa, llegó solo a Macedonia en la Nochevieja del 2003 para un corto descanso, fue, en cambio, agarrado y mantenido en una habitación de hotel durante 23 días por agentes macedonios, y después entregado a operativos de la CIA en el aeropuerto de Skopje.

Después “le pegaron numerosas veces por todas partes,” así lo describió la corte, añadiendo, “le arrancaron la ropa del cuerpo con tijeras y un cuchillo. Le quitaron la ropa interior a la fuerza. Le tiraron al suelo, con las manos en la espalda le pusieron una bota en la espalda. Después sintió cómo le introducían un objeto firme por el ano… en esa ocasión le administraron un supositorio a la fuerza.” Entonces le pusieron un pañal, encapuchado, lo encadenaron y montaron en un avión.

Terriblemente, la CIA llevó a El-Masri volando a “Salt Pit,” (Cantera de Sal en inglés), una prisión secreta de tortura en Afganistán, donde se le mantuvo durante cinco meses hasta que la CIA se dio cuenta de que era un caso de una identificación errónea, y se le llevó de vuelta a Europa. Soltado en la frontera con Albania, lo abandonaron y dejaron a que se les apañara solo de vuelta a casa, con su historia que suena increíble.

Desde entonces, a cada puerta que ha ido a pedir responsabilidades se la ha encontrado cerrada, y ha lidiado con problemas de salud mental como resultado de su dura experiencia. El veredicto de la Corte Europea de Derechos Humanos (ECHR por sus siglas en inglés) ayudará a vindicar a este pobre hombre, y los 60.000 Euros con los que la corte lo ha indemnizado serán probablemente de alguna utilidad también.

Su victoria no obligará a los EEUU a aceptar responsabilidad de ninguna clase, por supuesto, pero se une a la condena en Italia de 22 agentes de la CIA y un oficial militar de los EEUU retirado, por el secuestro y rendición extraordinaria con tortura en Egipto de un clérigo, Abu Omar, en febrero de 2003, y también da esperanzas a que otros casos ante el ECHR (contra Polonia, Rumanía y Lituania, por estar envueltos en el programa de torturas de la administración Bush) llevarán a victorias similares para aquellos envueltos, en este caso, los “detenidos de alto valor” Abu Zubaydah y Abd al-Rahim al-Nashiri, que están en la actualidad en Guantánamo.

Mientras Khaled El-Masri aseguraba su victoria en Estrasburgo, otra víctima de “rendición extraordinaria” y tortura, Sami al-Saadi, libio y antiguo opositor del ex-dictador Muammar Gaddafi, aseguraba una importante victoria en el Reino Unido, cuando el gobierno británico accedió a pagarle 2.23 millones de libras (3.5 millones de $) en un acuerdo sin juicio relacionado con el papel clave jugado por el Reino Unido, trabajando con los EEUUy Libia, en secuestrar al Sr. al-Saadi y a su familia y entregarlo al Coronel Gaddafi que lo encarcelaría y torturaría.

El rol británico en el secuestro y tortura de al-Saadi se confirmó en cartas encontradas en la oficina del jefe de inteligencia del Coronel Gaddafi Moussa Koussa en Trípoli, durante la caída de Gaddafi el año pasado, y da el papel a Inglaterra con una luz sombría, no sólo en relación a Sami al-Saadi, sino también en el caso de Abdel Hakim Belhaj, otro oponente por mucho tiempo de Gadafi, que también fue secuestrado (en Malasia) y torturado estando envueltos los británicos. Ambos secuestros tuvieron lugar en 2004, mientras Gadafi era llevado a juicio para que abandonara el terrorismo, y concediera a EEUU e Inglaterra acceso a sus campos petrolíferos. Belhaj todavía está llevando su reivindicaciones contra el gobierno británico a través de los tribunales, incluso si su amigo al-Saadi aceptó un acuerdo.

Al-Saadi explicó, “Mi familia sufrió bastante cuando fue secuestrada y llevada a la Libia de Gadafi. Ahora tendrán la oportunidad de completar su educación en la nueva y libre Libia. Ahora podré afrontar el tratamiento médico que necesito debido a las heridas que sufrí en prisión.”

Añadió, “Empecé este proceso creyendo que un tribunal británico llevaría la verdad a mi caso. Pero hoy, con el gobierno intentando presionar a través de tribunales secretos, siento que seguir adelante no es lo mejor para mi familia. Ya pasé por un juicio secreto antes, en la Libia de Gadafi. En muchos aspectos, fue tan malo como la tortura. No es una experiencia que tenga ganas de repetir. Incluso ahora, el gobierno británico no ha dado una respuesta clara a la pregunta: ¿estuvisteis implicados en mi secuestro, en el de mi mujer y mis hijos?”

De nuevo, los EEUU no están directamente implicados, pero las resonancias del acuerdo no pueden ignorar a los EEUU, y, parece, todavía hay más por venir en el caso de Abdel Hakim Blehaj, que dijo de al-Saadi, “Cuando mi amigo Sami al-Saadi fue liberado de la prisión de Abu Salim el 23 de agosto de 2011, pesaba muy poco. Estaba casi muerto. Es un milagro que sobreviviera a ese sufrimiento y ahora está en casa con su familia.”

La tercera novedad significativa de la semana pasada fue la aprobación, por el Comité seleccionado por el Senado en Inteligencia, de un informe de 6000 páginas que llevó tres años terminar, el cual da un análisis exhaustivo del programa de torturas de la CIA bajo la administración Bush. El informe se enviará a la CIA y a la administración Obama, aunque no está claro si será nunca publicado. Debido a que se mantiene clasificado, los juristas no tuvieron la libertad para discutir su contenido tan abiertamente como lo desearían, aunque su crítica al programa de torturas era evidente. La Senadora Dianne Feinstein (Demócrata por California) declaró, “El informe descubre alarmantes detalles sobre el programa de detenciones e interrogatorios de la CIA y plantea cuestiones críticas sobre las operaciones de inteligencia y su control.” También declaró, “Creo con firmeza que la creación de “sitios de interrogación” de larga duración y clandestinos, y el uso de las llamadas “técnicas de interrogación mejorada” fueron terribles errores. La mayoría del Comité está de acuerdo.”

Además, el Senador John McCain (Republicano por Arizona) declaró, “Tengo la esperanza de que podamos alcanzar un consenso en este país para que no volvamos a emplear estos horribles abusos, y que la mera sugerencia de hacerlo debería ser sacada de nuestro discurso político, independientemente de qué partido esté en el poder. Por tanto espero que este Comité tomará los pasos que sean necesarios para finalizar y desclasificar el informe, de manera que todos los estadounidenses puedan ver la crónica por sí mismos, lo que creo cerrará finalmente este doloroso capítulo para nuestro país.”

Por desgracia, mientras también espero que, primero de todo, el informe será publicado, y, segundo, que no será censurado en exceso, es preocupante darse cuenta de que todo lo relacionado con él será graduado por los que están en el poder para evitar la posibilidad de que ninguno sea hecho responsable por lo que tuvo lugar en los más oscuros años de la administración Bush.

Por desgracia, la tortura permanece, o bien fuera de los límites, o glorificada en los dos sitios donde cuenta: en las comisiones militares de Guantánamo, donde el juez principal, el oficial Coronel James Pohl, confirmó la semana pasada que a aquellos que estaban enfrentando juicios se les prohibía mencionar la tortura a la que fueron sujetos en los “puntos negros” de la CIA,” además de en los cines a lo largo del país, donde la nueva película de Kathryn Bigelow, “La noche más oscura”, será pronto proyectada.

Como Carol Rosenberg describió en el Miami Herald, el juez Pohl “aprobó el uso del retraso temporal en la emisión pública del juicio de pena de muerte del 11 de septiembre de igual manera que un censor en su corte, para asegurarse de que nadie divulga detalles de un programa de interrogación de la CIA ahora obsoleto, citando intereses de seguridad nacional.” Rosenberg también explicó que, en una orden de protección de 20 páginas acompañando su sentencia, en respuesta a una objeción de la Unión de libertades civiles americana (ACLU por sus siglas en inglés), explicó con detalle que “cualquier cosa bajo custodia de la CIA es clasificado, incluyendo “sus observaciones y experiencias”, queriendo decir que los acusados no pueden decir en un juicio público lo que les pasó en los llamados “sitios oscuros.”

Al contrario, la directora de cine Kathryn Bigelow no se enfrenta a ninguna censura por su ingenua y peligrosa explicación de los hechos que llevaron al asesinato de Osama bin Laden. Como Jane Mayer del New Yorker explicaba la semana pasada, la película “parece aceptar casi sin dudas que las “técnicas de interrogatorio avanzado” de la CIA jugaron un rol clave en permitir a la agencia identificar el mensajero que sin querer los llevó a bin Laden,” a pesar de que “esta afirmación ha sido desacreditada, repetidamente, por fuentes fiables con acceso a los hechos.”

Mayer también explica que la película “no captura la complejidad del debate sobre el brutal programa estadounidense de detención. No incluye una sola escena en la que la tortura sea cuestionada, incluso aunque durante los años de Bush estuvieran sacudidos por luchas internas en torno a ese asunto, de nuevo, no sólo entre abogados de libertades civiles y derechos humanos, sino dentro del FBI, el ejército, el Departamento de Justicia, y la CIA misma, que en un momento abandonaran el uso de la asfixia porque temían, acertadamente, que el hecho constituía un crimen de guerra.”

Como las películas son tan poderosas, temo que Bigelow estará jugando un gran papel de animador para los defensores de la tortura, para los que la mejor respuesta, mientras se destaque repetidamente el caso de Khaled El-Masri y la vergüenza de entregar oponentes políticos al Coronel Gaddafi para asegurarse su apoyo y su petróleo, será para el presidente Obama y el Congreso asegurarse de que el amplio informe sobre la tortura sea publicado, y no escondido, para que las torturadores no puedan seguir evadiendo responsabilidades por sus crímenes.

Sin responsabilidad, el virus tóxico de la tortura en el cuerpo político de Estados Unidos continuará infectando todo el país con sus veneno. Es el momento de que la negación termine.

Andy Worthington es el autor de Los archivos de Guantánamo: Las historias de los 774 detenidos en la prisión ilegal de Estados Unidos (publicado por Pluto Press, distribuido por Macmillan en los Estados Unidos, y disponible en Amazon, pincha para los EEUU y para GB).

Obama: Un presidente republicano debería tener reglas que limiten la lista de ejecuciones

26 de noviembre de 2012
Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
23 de diciembre de 2012

Durante los últimos cuatro años, Barack Obama no sólo se ha hecho valer del poder para ordenar la ejecución de quien quiera, sino que lo ha ejercido con agresividad, incluyendo a ciudadanos estadounidenses y en cualquier parte del mundo. Se ha resistido enérgicamente no sólo a poner límites legales a este poder para asesinar, sino incluso a algunos esfuerzos para llevar algún mínimo de transparencia a las órdenes de ejecución que da.

Este poder autoproclamado ha resultado en cuatro años de bombardeos aéreos en múltiples países musulmanes a los que no se ha declarado la guerra (usando aviones no tripulados, misiles de crucero y bombas de racimo) y que han acabado con la vida de más de 2500 personas, casi siempre lejos de cualquier campo de batalla. Son típicamente alcanzados mientras van en coche, en el trabajo, en casa, e incluso mientras están rescatando o atendiendo a los funerales de otros que Obama ha mandado a ejecutar. Una buena parte de aquellos a los que ha matado han sido civiles, incluyendo docenas de niños.

Peor aún, su administración ha trabajado para asegurarse de que este poder está sujeto a las menos limitaciones posibles. Esto se logró al principio utilizando la interpretación radical y vaga de la “Autorización para el uso de la fuerza militar” (AUMF por sus siglas en inglés), por la que el presidente puede seleccionar no sólo a los grupos que perpetraron los ataques del 11-9 (tal como la AUMF recoge) sino también a aquellos que él considere “asociados” con dichos grupos, y puede seleccionar no sólo a miembros de esos grupos (como recoge la AUMF) sino a individuos que él considere provean “apoyo considerable” a esos grupos. Obama después blindó esas teorías en el papel convirtiéndolas en ley al firmar en el 2011 el Acta de autorización para la defensa nacional, que codifica permanentemente esas interpretaciones de Bush/Cheney de esos poderes de guerra.

Desde el principio, los funcionarios de Obama han asegurado también que esos poderes no tienen límites físicos, ya que han abrazado sin lugar a dudas lo que una vez fue el precepto central y muy controvertido del radicalismo de Bush/Cheney: el que los EEUU están luchando una “guerra global” en la que “el mundo entero es un campo de batalla”, lo que significa que no existen límites geográficos a los poderes de guerra del presidente. En definitiva, hemos tenido cuatro años seguidos de un presidente que ha ejercido lo que literalmente es el poder más extremo y tiránico que un gobierno pueda ejercer: ejecutar a quien quiera, incluso a sus propios ciudadanos, en total secreto y sin un atisbo del debido proceso; y que se ha resistido a todos los esfuerzos de imponer un marco de límites o incluso transparencia.

Pero al final, según un nuevo artículo de Scott Shane en el The New York Times, el presidente Obama se ha convencido recientemente de que podrían ser necesarios algunos límites y un marco legal real para guiar el ejercicio de su poder para asesinar. ¿Qué fue lo que llevó al final a Obama a llegar a esta conclusión? Fue el miedo a que podría perder las elecciones, lo que significaría que un republicano, grande y malo, ejercería esos poderes, en vez de un benevolente, confiable y noble demócrata, por ejemplo él mismo (negrita añadida):

“Enfrentando la posibilidad de que el presidente Obama podría no ganar un segundo mandato, su administración aceleró el trabajo en las semanas anteriores a las elecciones para desarrollar reglas explícitas para las ejecuciones selectivas de terroristas llevadas a cabo por drones no tripulados, de manera que el nuevo presidente heredaría criterios y procedimientos claros, según dos funcionarios de la administración….

“La cuestión ha podido perder algo de urgencia después del 6 de noviembre. Pero…. el señor Obama y sus consejeros están todavía debatiendo si matar a control remoto debería ser una medida de último recurso contra amenazas inminentes a los Estados Unidos, o una herramienta más flexible, disponible para ayudar a gobiernos aliados a atacar a sus enemigos o para prevenir que militantes controlen el territorio….

“Durante años antes de los ataques del 11 de septiembre del 2001, los Estados Unidos condenaron rutinariamente los asesinatos selectivos de sospechosos de terrorismo llevados a cabo por Israel, y la mayoría de países todavía objetan de tales medidas.

“Pero desde el primer asesinato selectivo por los Estados Unidos en el 2002, dos administraciones han tomado la posición de que los Estados Unidos están en guerra con Al Qaeda y sus aliados, y pueden defenderse a sí mismos atacando a sus enemigos donde sea que se encuentren.

“En parte porque los oficiales de las Naciones Unidas saben que los Estados Unidos están estableciendo un precedente ético y legal para otros países que están desarrollando drones armados, las NNUU planean abrir una unidad en Ginebra a principios del año que viene para investigar los ataques estadounidenses con drones…..

“El intento para escribir un libreto formal con un reglamento para las ejecuciones selectivas empezó el verano pasado después de reportes de noticias del programa de drones, empezado bajo el presidente George W. Bush y expandido por el señor Obama, donde se revelaban algunos detalles del rol del presidente en los procedimientos cuestionables que se utilizan para generar las “listas de ejecuciones” y aprobar los ataques. Aunque los oficiales de seguridad nacional insisten en que el proceso es meticuloso y legal, el presidente y sus principales colaboradores creen que debería ser institucionalizado, un plan de acción que parecía especialmente urgente cuando se creía que Mitt Romney podía ganar la presidencia.

Había preocupación de que la palanca podría no estar más en nuestras manos,” dijo uno de los oficiales, hablando desde el anonimato. Con un debate continuo sobre los límites apropiados a los ataques con drones, Obama no quería dejar un programa “amorfo” a su sucesor, dijo el oficial. El esfuerzo, que habría sido acelerado para completarlo en enero si Romney hubiera ganado, será ahora terminado a un ritmo más relajado, dijo el oficial.”

Ahora que Obama ganó en vez de Romney, tales reglas serán desarrolladas “a un ritmo más relajado.” A pesar de la sugerencia de Obama de que podría ser bueno que incluso él tuviera algún marco legal en el cual operar, no ha tenido ninguna prisa para someterse a sí mismo a ninguna de esas reglas en los 4 años en los que se han matado a miles de personas. Esto hace asumir con seguridad que por “un ritmo más relajado”, el oficial anónimo de Obama quiere decir: “nunca”.

Hay muchos puntos importantes que surgen con este informe: Kevin Gosztola y Marcy Wheeler, entre otros, han hecho como siempre un excelente trabajo discutiendo algunos de ellos, mientras que este artículo del Guardian del domingo informa de la reacción de la Unión de Libertades Civiles Americana (ACLU por sus siglas en inglés) y de otros, a la típica manipulación de Obama de los poderes secretos que se presentan aquí (como siempre, esos asuntos son demasiado secretos para permitir una divulgación del Acta de libertad de información (FOIA por sus siglas en inglés) o examen judicial, pero los oficiales de Obama son libres para filtrar selectivamente lo que quieren que conozcamos a la portada del New York Times). Me quiero centrar en un punto clave destacado por todo esto:

La benevolencia del Partido Demócrata

La arrogancia y el interés propio que está conduciendo esto es impresionante, aunque también un poco típico del pensamiento de los demócratas en general en la era Obama. La premisa aquí es tan evidente en sí misma que es repelente:

Soy un buen demócrata y benevolente líder; por tanto, no son necesarios límites, supervisión, controles o balances, límites legales o constitucionales, transparencia o debido proceso para que ejerza incluso el poder más extraordinario, tal como ordenar la ejecución de personas. Porque debido a mi bondad inherente y probada sabiduría progresista, se puede confiar en mí para ejercer esos poderes ilimitados unilateralmente y en la sombra.

Cosas como controles, vigilancia y debido proceso se necesitan desesperadamente sólo para los republicanos porque (al contrario que yo) esta gente son malévolos por tanto podrían abusar de esos poderes por lo que no se debería confiar en ellos con absoluta y descontrolada autoridad. Ellos (pero no yo) necesitan urgentemente restricciones a sus poderes.

Esta mentalidad no es sólo la creencia viva del presidente Obama, sino también de una considerable porción de los demócratas estadounidenses que lo adoran.

Hay muchas razones por las que los que se identifican como progresistas en los EEUU han cambiado tan radicalmente sus posturas en estos asuntos desde que Barack Obama sustituyó a George W. Bush. Estas incluyen: a) la subordinación a cualquier supuesta creencia por sus ansias de poder partidista; b) de hecho nunca creyeron en esos aclamados principios pero sólo los defendían por oportunismo partidista, por ejemplo, como una manera para desacreditar al presidente republicano; y c) están convencidos ahora de que esos abusos serán sólo cometidos contra musulmanes y, consumidos por sus propio interés, concluyeron que no merece la pena poner atención a esos abusos porque sólo afecta a Otros (este es el privilegio de no ser musulmán que disfrutan la mayoría de los progresistas de EEUU, que los blinda de ser objetivos, por lo que simplemente no les importa; los más sinceros de este tipo incluso admiten su motivación).

Pero la razón principal para este cambio fundamental de opinión es que sinceramente comparten la visión del mundo de auto-exaltamiento que ha llevado a Obama a este punto. La premisa central es que la política internacional toma forma mediante una batalla entre el Bien y el Mal. El lado del Bien es el Partido demócrata; el lado del Mal es el Partido Republicano. Todas las verdades políticas son verificables a través de este prisma maniqueo.

Esta es la narrativa de la moralidad simplista y auto-aduladora que se ve reafirmada una y otra vez mientras están sentados durante horas cada día teniendo sus conjeturas aduladas y validadas (y nunca cuestionadas o desafiadas) al ver MSNBC, leyendo blogs pro-Obama que producen como rosquillas odas a su grandeza, y bebiéndose los millones de dólares de la experta propaganda del partido surgida de las elecciones del año, que difunde esta caricatura de la Liga de la Justicia.

El resultado es este, para muchos, es verdaderamente inconcebible que un líder tan noble, amable y sabio como Barack Obama abuse de sus poderes de detención y asesinato. No es sólo un rancio oportunismo partidista o privilegio que les lleva a no objetar a que Obama abrace esos poderes radicales y las peligrosas teorías que protegen a esos poderes de control o escrutinio. Es que sinceramente lo admiran tanto como líder y hombre que creen de corazón (como Obama mismo obviamente cree) que el debido proceso, los controles y la transparencia no son necesarios cuando él hace uso de esos poderes. A diferencia de cuando los villanos republicanos están en el poder, la bondad de Obama y su sabiduría son las únicas salvaguardas que necesitamos.

Así, cuando Obama ordena matar a alguien, no es necesario el debido proceso y no necesitamos ver ninguna evidencia de su culpabilidad; podemos (y lo hacemos) tan sólo asumir que la persona señalada es un terrorista y merece la muerte porque Obama lo ha decretado. Cuando Obama ordena que una persona permanezca indefinidamente en una celda sin cargos o cualquier oportunidad para cuestionar la validez del encarcelamiento, eso es incuestionable porque esa persona tiene que ser un terrorista o por lo menos peligroso, o si no Obama no habría ordenado su encarcelamiento. No necesitamos pruebas, o presentar pistas, o debido proceso para determinar la validez de esas acusaciones; todo lo que necesitamos es Obama tomando esas decisiones porque confiamos en él.

Sentimientos parecidos a los que conformaron la era Bush

La mentalidad es tan reconocible porque es lo que condujo también a los seguidores de Bush durante años cuando defendían sus medidas de autoridad sin control y poderes en secreto. Aquellos que se pasaron años argumentando contra el uso por parte de Bush/Cheney de poderes extremos siempre confrontaron esa mentalidad en el fondo, una vez que las justificaciones pseudo-intelectuales fueron desenmascaradas: George Bush es un buen hombre y un líder noble en el que se puede confiar para ejercer esos poderes en secreto y sin controles, porque él sólo quiere mantenernos seguros y sólo seleccionará a terroristas.

Moldeado por exactamente el mismo tipo de babosa hagiografía presidencial ahora tan a la boga en círculos progresistas (comparen esto de la era Bush a cosas como esta y esta) los conservadores creían que Bush era un buen hombre y un gran líder de manera que no necesitaba salvaguardas o transparencia. Si Bush quería espiar a alguien, o meter en la cárcel a alguien, entonces (sólo por la virtud de su decreto) podíamos y debíamos asumir que esa persona era un terrorista, o por lo menos había una amplia evidencia para creer que lo era.

Fuimos bendecidos con un líder en el que podíamos confiar para ejercer poderes de guerra ilimitados en la sombra. Esta es precisamente la misma mentalidad aplicada por los demócratas (y por Obama mismo) al presidente actual, excepto que no sólo justifica el espionaje sin debido proceso y la detención sino también la ejecución.

Fe frente a razón y evidencia

Por varias razones es extraordinario que tantos ciudadanos hayan sido enseñados satisfactoriamente a venerar tanto a los líderes de su partido que literalmente creen que no son necesarios controles o transparencia, incluso cuando esos líderes ejercen los poderes más extremos: ejecutar gente, bombardear múltiples países, encarcelar a gente sin cargos, vigilancia masiva y espionaje de comunidades enteras.

Para uno existen suficientes evidencias de que literalmente cada líder de ambos partidos mayoritarios durante el pasado siglo abusaron sistemáticamente de esos poderes porque fueron capaces de ejercerlos desde la sombra. Fue el descubrimiento del Comité de la Iglesia lo que llevó a las reformas de mediados de los 70. Reformas basadas en la premisa de que prácticamente todos los líderes, por virtud de su naturaleza humana, abusarán inevitablemente de esos poderes, ejerciéndolos para fines innobles, si operan sin serias restricciones y vigilancia. Uno tiene que ignorar toda las evidencias históricas para poder poner confianza en un líder en particular para que ejerza esos poderes sin control.

Después están todas las pruebas específicas de los abusos tras el 11 de septiembre. Durante la última década, el gobierno de EEUU (bajo ambos partidos) ha acusado repetidamente a personas de ser terroristas y castigado como terroristas a quienes no eran nada de eso. Ya sea debido a un gran error o a motivos más corruptos, el brazo ejecutivo y todas sus agencias de inteligencia y militares han probado más allá de cualquier duda razonable que su mera acusación de que alguien es un terrorista (no probado con evidencias y sin verificar por ningún tribunal independiente) es en definitiva poco fiable:

Incluso más allá de esto, está bien documentado que el gobierno de EEUU, bajo Obama, a menudo manda ejecutar a gente sin ni siquiera saber la identidad de la persona que están intentando matar. Del artículo del domingo del New York Times:

“Después está el asunto de los ataques aéreos contra personas cuyas identidades son desconocidas. En una videoconferencias en enero, el señor Obama habló de los ataques en Paquistán como “esfuerzo que selecciona y se enfoca en personas que están en una lista de terroristas activos.” Pero durante varios años, primero en Paquistán y más tarde en Yemen, además de “ataques personalizados” contra nombrados terroristas, la CIA y los militares llevaron a cabo “ataques por pautas o patrones” contra grupos de militantes sospechosos y desconocidos.

“Al principio el término se usaba para sugerir específicos “patrones o pautas” de un conocido terrorista de alto nivel, tales como su vehículo aparcado en un lugar de encuentro. Pero la palabra evolucionó a significar el “patrón” de militantes en general (por ejemplo, hombres jóvenes portando armas en un área controlada por grupos extremistas). Tales ataques aéreos han causado el conflicto más grande dentro de la administración Obama, con algunos funcionarios cuestionando si el asesinato de combatientes no identificados está justificado legalmente o merece la pena la reacción violenta local.”

Es realmente impactante ver a ciudadanos asegurar que su gobierno está matando “terroristas” cuando esos ciudadanos no tienen ni idea de a quién se está matando. Pero esto se vuelve más alucinante cuando uno se da cuenta de que ni siquiera el gobierno de los EEUU sabe a quiénes están matando: están matando a cualquiera cuyo comportamiento se cree concuerda con el perfil de un terrorista (“hombres jóvenes portando armas en un área controlada por grupos extremistas”). Y, por supuesto, la administración Obama ha redefinido “militante” para que signifique “todos los hombres en edad militar en una zona bajo ataque aéreo”, reflejando en su propaganda llena de eslóganes que están matando a terroristas cuando, de hecho, no tienen ni idea a quiénes están asesinando.

A la luz de todas estas evidencias, continuar asumiendo ciegamente que las acusaciones del gobierno no probadas de “terrorista” son equivalentes a pruebas de esas acusaciones es abrazar el tipo de confianza basada en la fe que es el centro de la lealtad religiosa y la fe en un dios, no la de un ciudadano racional. Aún así uno se encuentra una y otra vez este diálogo de alguna forma en cuanto sale el tema:

Argumento: El gobierno de los EEUU no debería encarcelar-matar-espiar a gente sin presentar pruebas de su culpabilidad.

Respuesta defendiendo al gobierno: Pero esos son terroristas, y se les tiene que parar.

Pregunta obvia: ¿Cómo sabes que son terroristas si no se ha presentado ninguna prueba de su culpabilidad y no se le ha concedido el debido proceso?

Al final, la única posible respuesta a esta pregunta (la única explicación de por qué esta mentalidad definitivamente autoritaria persiste) es porque se ha adoctrinado tanto a la gente con la central bondad de su particular líder del partido que ignoran toda evidencia empírica, y sus propias facultades racionales, para poner su fe ciega en el líder con el que han crecido amando y admirándolo (si mi líder dice que alguien es un terrorista, entonces me creo que lo son, y no necesito ver pruebas de ello).

Uno puede debatir razonablemente en gran parte que la democracia requiere de cierto grado de confianza depositada en las capacidades y juicio de cualquiera de los líderes políticos que uno apoye. Pero por muy lejos que esa confianza deba llegar, seguramente debe parar bien antes de que se convierta en el poder para encarcelar y matar en total secreto, lejos de cualquier campo de batalla y sin controles o debido proceso.

Principios centrales ignorados que son sustituidos por el amor al líder.

El artículo de El Times describe la visión de Obama de que se necesitaría desarrollar algunas “reglas para los drones” con la posibilidad de la victoria de Romney. Pero algunas de esas reglas ya existen: se encuentra en estas cosas llamadas “la Constitución” y la “Carta de Derechos”, la Quinta Enmienda la cual estipula:

“Ninguna persona será… privada de la vida, libertad, o propiedad, sin el debido proceso legal;”

Aún así se ha dejado de lado todo eso a cambio de una creencia basada en la fe profundamente inquietante y poco saludable de que nuestro líder puede tomar esas decisiones sin que sean necesarios molestos impedimentos.

Para mí, este comentario, dejado en respuesta a un artículo en Gawker el domingo en el nuevo artículo del New York Times, expresa perfectamente el sentimiento que oí durante años en los círculos de la derecha para justificar todo lo que Bush hizo en secreto, y ahora es tan miserablemente común en los círculos progresistas para justificar el uso por parte de Obama de los mismos o incluso poderes más grandes:

“El hecho en cuestión es que las complejidades de la seguridad y la guerra van más allá de lo que aquellos interesados en parecer moralmente superiores están dispuestos a conceder. Sólo pasa que muchos liberales están más interesados en aparentar superioridad moral…

“Yo solía ser exactamente de la misma manera, pero después de hecho consideré genuinamente cómo me sentiría si sostuviera el peso de la presidencia y esas decisiones. No tengo dudas de que la mayoría de los liberales, en esa situación, actuarían igual que Obama…

“Soy liberal, no soy fan de la guerra, ni del fanatismo republicano ni de la demagogia sin sentido por todo el planeta diciendo que América es lo mejor. Pero puedo entender por qué los ataques con drones pueden ser lo más conveniente en una guerra. O quizás, para ser más preciso, sólo puedo entender lo incapaz que soy de entender. Y en vez de suponerme merecedor de entender la complejidad y así ofrecer una crítica, confío en aquellos más inteligentes que yo. Pero muchos de mis compañeros liberales no creen que haya gente más inteligente que ellos. No tengo el egocentrismo de mis compañeros liberales. Es como un republicano moderado viendo como locos a los del ala derecha de su partido incluso si piensan igual en la mayoría de las cosas.”

Esta es la forma platónica de fe en el líder autoritario:

No necesito saber nada; mi líder no necesita probar la verdad de sus acusaciones; él debería castigar a quien quiera en total secreto y sin garantías, y yo asumiré que hace lo correcto (siempre que yo y otros como yo no seamos los objetivos) porque él es superior a mí y yo pongo mi fe en Él.

Cualquiera que piense que el líder (cuando es de mi partido) debería tener que enseñar pruebas antes de matar a alguien, o permitirles el debido proceso, está siendo un purista infantil. Yo solía ser así, hasta que Obama tomó el cargo, y ahora veo lo vital que es confiar en él y no molestarle con todo ese fanatismo “del debido proceso”. Eso es lo que significa ser un ciudadano adulto: confiar en tu líder de la manera en que los niños lo hacen en sus padres.

Este es el único sentimiento que puede explicar la comodidad con la que se permite a Obama (y, antes de él a Bush) ejercer esos poderes extremos sin controles o transparencia. Este es exactamente el sentimiento al que cualquier crítico de Obama se enfrenta constantemente, aunque expresado un poco más sutilmente y con un poco de más dignidad.

Al final, lo más extraordinario de todo esto (más confuso para mí) es lo violentamente contraria que es esta mentalidad al ethos en el que los estadounidenses han sido inculcados: en concreto, que la primera regla inviolable del gobierno es que no se debe confiar en los líderes para ejercer sus poderes sin constantes restricciones (sin lo que se nos enseña en la escuela y que se llama “separación de poderes”. Aquí está cómo Thomas Jefferson expresó esta advertencia en las Resoluciones de Kentucky de 1798:

“En las cuestiones del poder… no escuchéis nada sobre la confianza en el hombre, sino impedirle la malicia mediante las cadenas de la Constitución.”

Y aquí está lo que John Adams dijo en su Revista de 1772:

“Hay peligro en todos los hombres. La única máxima de un gobierno libre debería ser no confiar en ningún hombre vivo con poder para poner en peligro la libertad pública”.

Es literalmente imposible concebir una mentalidad más alejada de estos principios básicos que la que insta a que se pueda confiar en Barack Obama (a diferencia de George Bush o Mitt Romney, o cualquiera de los temidos villanos republicanos que toque hoy) de manera unilateral para matar, encarcelar o espiar en secreto al que él quiera porque es un buen hombre y un líder en el que se puede confiar y por tanto acusaciones sin pruebas deberían ser asumidas como ciertas. Pero este es, de manera aplastante, el sentimiento retorcido y autoritario que ahora predomina en la mayor parte del Partido Demócrata y en la autodenominada ala “progresista”, justo como se hizo en el Partido Republicano y su ala conservadora durante ocho años.

Al final, esta perniciosa y peligrosa confianza en el líder de uno (más allá del normal deseo humano de seguir a un líder) es el subproducto de identificarse en exceso con la personalidad de marca comercial de los políticos. Muchos progresistas de la costa este y oeste (que es donde de manera aplastante los líderes de opinión del Partido Demócrata están) han sido entrenados para verse a sí mismos en Obama y a los rasgos de personalidad a los que aspiran (el padre y marido dedicado, abogado erudito educado en Harvard, sofisticado y urbano), igual que los religiosos conservadores y otros tipos de republicanos fueron entrenados para ver a Bush de esa manera (el cristiano evangélico devoto, el que “vendría a hacer limpieza”, el vaquero patriótico fanfarrón, y padre y marido entregado).

Los políticos son percibidos como si fueran concursantes en un “reality show”: los televidentes deciden quién les gusta o quién no (pero la diferencia es que esas apariencias son reforzadas con cientos de millones de dólares de campañas de propaganda incesante, sofisticada y muy manipuladora (hay una razón por la que la campaña de 2008 de Obama ganó múltiples premios de la industria de marketing y publicitaria). Cuando se nos enseña a vernos reflejados en un político basándonos en una relación personal ficticia, al final se termina poniendo excesiva confianza en aquellos con los que nos identificamos (sería la manera en la que uno confía en un familiar o alguien a quien se quiere), y a albergar excesivo desprecio en aquellos a los que se ha sido entrenado para ver como el malo de la película. En definitiva, los ciudadanos están siendo entrenados para ver a los políticos exactamente de la misma manera en la que Jefferson nos advirtió como peligrosa: “En cuestiones de poder… no escuchéis nada sobre la confianza en el hombre.”

Hay una ironía final en todo esto que merece la pena resaltar. Los líderes y movimientos políticos convencidos de sus propia bondad son aquellos que normalmente necesitan restricciones más grandes y no más pequeñas en el ejercicio del poder. Eso es porque (como los verdaderos creyentes religiosos) aquellos que están convencidos de su natural superioridad moral pueden encontrar cualquier manera de justificar incluso los actos más corruptos ya que están justificados por los nobles fines por los que son puestos, o son purificados por la nobleza de los que están llevando a cabo esos actos.

Las facciones políticas llevadas por las convicciones auto-aduladoras de su propia superioridad moral (junto con sus líderes) son las que más probablemente abusan del poder. Cualquiera que escuchara a los conservadores de la era Bush sabe que esta convicción los llevó al argumento de “estás con nosotros o estás con los terroristas”, y es tan cierto como los progresistas de la era Obama que ven genuinamente el horizonte político como una batalla global entre las fuerzas del Bien (los demócratas, o sea, ellos mismos) y las fuerzas del Mal (los republicanos).

De esta manera no debería sorprender que Obama (y sus seguidores más ardientes) creen de verdad que son necesarias urgentemente reglas para restringir a los republicanos de matar a quien quieran, pero que tal urgencia deja de existir cuando el poder descansa en las manos del actual benevolente líder. Tal mentalidad peligrosa y perversa es extremadamente penetrante en la ciudadanía, y explica bastante por qué y cómo el gobierno de los EEUU ha sido capaz de hacerse con los poderes que ha ejercido durante la última década con tan poca resistencia.

Este artículo apareció originalmente en el blog de Glenn Greenwald en The Guardian UK

La reelección de Obama: Lo que realmente significaba su eslogan de campaña “Hacia adelante” y lo que significa ahora.

8 de noviembre de 2012
Kevin Gosztola

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
26 de noviembre de 2012

El eslogan de la campaña de reelección del presidente Barack Obama era “Hacia adelante”. Mientras los progresistas y otros celebran su victoria, tienen que parar un momento y reflexionar con seriedad de que en realidad su segundo mandato estará marcado por el avance en políticas que él ayudó a institucionalizar o permitió que se afianzaran aún más, algunas de las cuales expandían los poderes ejecutivos y fueron retomadas donde las dejó George W. Bush en 2008.

La institucionalización de las listas de ejecuciones, las normalización de los asesinatos selectivos y la gradual redefinición del debido proceso mediante el asesinato de ciudadanos de EEUU sospechosos de terrorismo sin proceso judicial es un poder espantoso y descontrolado, el cual Obama reafirmó durante su primer mandato.

La firma del Acta de autorización de la defensa nacional en el 2012, que incluía una provisión que permitía la detención indefinida, autorizando a los militares a detener a ciudadanos estadounidenses indefinidamente sin cargos si eran sospechoso de terrorismo, fue una acción desconcertante. Obama sugirió públicamente que no quería esos poderes y que no los usaría, y que no había razón para estar alarmado. Cuando un grupo de individuos demandó y un juez federal emitió un mandato judicial permanente contra la disposición y la declaró inconstitucional, los abogados de la administración de Obama apelaron y un juez restauró el poder.

La decisión se tomó para no procesar a sospechosos de terrorismo en cortes federales. Sospechosos de terrorismo que se cree estaban envueltos en los ataques del 11 de septiembre y otros prisioneros en la Bahía de Guantánamo, que Obama fracasó al no cerrarla, están siendo llevados ahora a un proceso en un tribunal militar (un sistema de justicia de segunda clase donde a uno no se le permite testificar en la corte sobre la tortura sufrida en las manos de los interrogadores de la CIA porque el gobierno reivindica el control de los pensamientos y las memorias de los detenidos.

El espionaje sin orden judicial se ha incrementado considerablemente con Obama. La Unión de libertades civiles americana (ACLU por sus siglas en inglés) obtuvo documentos del Departamento de Justicia que mostraban que las fuerzas de la ley federales estaban “monitorizando cada vez más las comunicaciones electrónicas de los estadounidenses, y lo hacen sin orden judicial, sin suficiente supervisión, o rendición de cuentas significativas.” Ahora, la Corte Suprema está decidiendo si atiende una impugnación contra las enmiendas al “Acta de vigilancia e inteligencia en el extranjero” (FISA por sus siglas en inglés) del 2008, que permitía que las compañías de telecomunicaciones tuvieran garantizada inmunidad retroactiva en casos de espionaje sin orden judicial durante Bush. El acta también permitía la expansión de las redadas de vigilancia. Los abogados del Departamento de Justicia de Obama han argumentado que no tiene que decir a los querellantes impugnando la ley que ellos han estado monitorizando ilegalmente y, incluso si violaron su privacidad, no pasaría nada porque el estado de vigilancia está para quedarse.

Obama rechazó perseguir a los criminales de guerra. Ni una sola persona fue perseguida y condenada por tortura. Incluso aunque firmara una orden ejecutiva como presidente que prohibía “las técnicas de interrogación mejoradas” usadas durante Bush, la tortura fue en realidad des-criminalizada. Se invocaba el privilegio de “los secretos de estado” cuando las víctimas de tortura intentaban denunciar al gobierno por tortura, previniendo de hecho la justicia. Además, el ex-agente de la CIA John Kiriakou fue perseguido por supuestamente filtrar el nombre de un agente secreto, que había sido un secuestrador en el programa de la CIA “Rendición, detención e interrogación”. Se creía que varios individuos de organizaciones de derechos humanos conocían la identidad del agente, y se tuvieron muchas sospechas de que el gobierno estaba persiguiendo a Kiriakou porque fue uno de los primeros en el gobierno en decir en televisión que la CIA tenía una política oficial de tortura mientras Bush era presidente. La persecución destruyó su vida, le hizo un daño tremendo a su esposa y cinco hijos por lo que terminó llegando a un acuerdo con la fiscalía.

El secretismo de Estado se ha disparado: la táctica de la administración Bush de usar “secretos de estado” demasiado amplios se alega para prevenir la desclasificación o exposición de información que hubiera sido utilizada. Obama recurrió ordenes judiciales que liberaban fotos enseñando abusos a detenidos bajo custodia de los EEUU y apoyó legislación para con retroactividad impedir la publicación de fotos bajo el Acta de libertad de Información (FOIA por sus siglas en inglés). Amenazó con vetar la legislación para reformar los procedimientos de notificación del congreso durante acciones encubiertas. Se negó a desclasificar información de la Sección 215 del Acta Patriótica, una sección que se cree permite la recolecta de información no relevante para espionaje o investigaciones sobre terrorismo. Él aumentó la proporción de documentos que son clasificados. Llevó a cabo de manera agresiva una guerra contra la filtración de información clasificada mediante la persecución de los informantes a un grado superior que ningún otro presidente.

El imperio estadounidense mantiene más de 1000 bases. La red se mantuvo para sirvieran como “hojas de nenúfares” (NT: término coloquial para denotar “Localización de seguridad cooperativa”, instalaciones de apoyo) para futuras operaciones en las que se implicaran a drones, Fuerzas Especiales o tropas de EEUU. Camp Lemmonier en Djibouti se transformó en un base militar de drones permanente que puede se utilizada para ataques aéreos en Yemen y Somalia.

La guerra en Afganistán sufrió una escalada. Obama no tuvo la fortaleza para desafiar a los generales. Ahora se lleva a la gente a creer que terminará en 2014. ¿Hasta qué punto puede nadie en la administración Obama garantizar eso ahora? ¿Y el Pentágono? ¿Qué le dicen a esos que sugieren que la guerra se acabará y por qué tiene que durar otros dos años?

La Guerra contra las drogas se luchó con fuerza cuando tomó medidas severas contra los dispensarios de marihuana de uso medicinal. Obama dijo una vez durante su primer mandato, “no me importa un debate sobre el tema de la legalización… Personalmente no estoy de acuerdo en que sea una solución al problema.” No pensó que la legalización de las drogas fuera una solución tampoco, aunque lo hubiera dicho en el 2004. “La guerra contra las drogas ha sido total desastre. Necesitamos pensar de nuevo y despenalizar nuestras leyes sobre la marihuana. Necesitamos recapacitar en cómo estamos llevando la guerra contra las drogas.”

Los votantes en Massachusetts, Colorado y Washington votaron por la legalización de la marihuana. Rechazaron la Guerra contra las drogas. Rechazaron la antipatía que la administración Obama mostró a los jóvenes y otros interesados en la legalización de la marihuana. Decidieron empezar el fin de la prohibición de las drogas en EEUU para que se hagan políticas con sentido común para lidiar con las drogas como un asunto de salud pública en vez de un azote contra el que se debe luchar con fuerza y represión.

Suzanne Nossel de Amnistía Internacional entiende mucho de esto. Ella planteó después de que se anunció su victoria, “cuando se trata de enfrentar el terrorismo, el presidente Obama se ha escondido detrás de imperativos de seguridad nacional para blindar la política de la administración en secreto y en llevar a cabo programas tales como la expansión del uso de drones y e impedir el rendir cuentas.” Añadió, “el segundo mandato del presidente Obama determinará si las manchas en cuestión de derechos humanos de los Estados Unidos después del 11 de septiembre” son una anomalía o la nueva norma.” Anthony Romero, director ejecutivo de la ACLU declaró, “Exhortamos al presidente Obama a desmantelar el estado de seguridad nacional donde la vigilancia sin garantías judiciales, los asesinatos extrajudiciales de ciudadanos estadounidense con drones y otros ataques a nuestras libertades personales se han aceptado.” También entiende la crudeza del primer mandato de Obama.

Si los progresistas, y de manera más importante, los ciudadanos estadounidenses aceptan el estatus quo por los siguientes cuatro años (que es lo que la reelección de Obama dio al país), uno puede esperar que la administración de Obama avance con respecto a la guerra contra las drogas. Puede esperar que la administración avance con respecto al Estado de vigilancia. Puede esperar que la administración avance con la perpetua guerra contra el terror (a la que Obama no llama guerra contra el terror, de manera que parezca diferente a Bush). Puede esperar que la administración avance con respecto a las políticas del imperio estadounidense.

“Hacia adelante”, a diferencia de esperanza y cambio, fue más que un simple eslogan idealista para la campaña de reelección de Obama. Fue una manera inteligente de presentar un mantra que realmente represente la virtud y el estilo de su primer mandato porque se basó en no poner a prueba ningún interés especial o grupo adversario. En su primer mandato, todo lo hacía acorde con el estado de seguridad nacional, dejando crecer a la presidencia imperial porque, quizás, la verdad no le molestó cuando vio cómo funcionaba todo realmente.

Muchos de estos aspectos estaban fuera del debate durante las elecciones. Los candidatos presidenciales de terceros partidos Jill Stein del Partido Verde, Rocky Anderson del Partido de la Justicia y Gary Johnson del Partido Libertario intentaron, a través de sus campañas, enfocar la atención de los estadounidenses en temas claves de derechos humanos y libertades civiles. Sus campañas animaron a un buen número de votantes, que decidieron no dejarían más al Partido Demócrata darlos por garantizados. Pero el alejamiento no fue suficiente para empujar a Obama a decir nada atrevido durante la campaña.

Por lo que, en conclusión, hacia adelante (un eslogan de una palabra, para los negocios como saben tanto los expertos en relaciones públicas como los consejeros de las campañas y empleados) debería ser entendido como una advertencia para todos nosotros de que Obama no tiene intención de revisar la institucionalización, fortalecimiento o continuación de políticas de seguridad nacional alarmantes. Todas continuarán si permitimos que su popularidad o bondad percibida nos silencie e inmovilice, como hizo durante la mayor parte de su campaña de reelección.

Este artículo apareció originalmente en The Dissenter el 7 de noviembre de 2012.

Obama da el paso para hacer de la Guerra contra el terror algo permanente.

Glenn Greenwald
25 de octubre de 2012

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
18 de noviembre de 2012

Una de las principales razones para oponerse a que se consigan poderes abusivos y se erosionen las libertades civiles es que estos siempre se vuelven permanentes, otorgadas no sólo a líderes actuales que uno puede querer y confiar, sino también a futuros cargos que parecen ser más amenazadores y menos benignos.

Esta mañana el Washington Post tenía una historia crucial e inquietante de Greg Miller sobre los esfuerzos decididos de la administración Obama para institucionalizar totalmente (para hacer oficialmente permanente) las competencias más extremas que se han ejercido en el nombre de la guerra contra el terrorismo.

Basado en entrevistas con “oficiales en activo y retirados de la Casa Blanca y el Pentágono, así como de las agencias de inteligencia y antiterrorismo”, Miller informa que mientras que “las guerras convencionales de los Estados Unidos están terminando”, la administración Obama “espera continuar añadiendo nombres durante años a las listas para asesinar o capturar” (la parte de “capturas” de la lista es poco más que simbólica, ya que EEUU se centra desproporcionadamente en la parte de “matar”). En concreto, “entre los oficiales veteranos de la administración Obama, hay un amplio consenso en que es probable que tales operaciones se extiendan por lo menos otra década.” Como Miller indica: “Este cronograma sugiere que los Estados Unidos han llegado sólo hasta la mitad de lo que se conoció como la guerra global contra el terrorismo.”

Para conseguir este objetivo, “el consejero de antiterrorismo de la Casa Blanca John O Brennan está intentando codificar la estrategia de la administración para generar listas de captura o ejecución, como parte de un esfuerzo más amplio que guíe a futuras administraciones a través de los procesos de antiterrorismo que Obama ha abrazado.” Miller escribe que todo esto demuestra “hasta qué punto Obama a institucionalizado la práctica muy clasificada de asesinatos selectivos, transformando ad-hoc elementos en una infraestructura antiterrorista capaz de sostener lo que parece será una guerra permanente.”

El artículo de El Post cita numerosos avances recientes que reflejan este esfuerzo de Obama, incluyendo el hecho de que “el director de la CIA David H Petraeus está presionando para que se expanda la flota de aviones no tripulados armados”, lo que “refleja la transformación de una agencia en una fuerza paramilitar, y deja claro que no pretende desmantelar su programa de drones y volver al enfoque que tenía antes del 11-9 de recoger inteligencia.” El artículo también describe la rápida expansión de operaciones de comando por el Comando conjunto de Operaciones Especiales de los EEUU (JSOC por sus siglas en inglés) y, tal vez más preocupante, la creación de una infraestructura burocrática permanente para permitir al presidente asesinar a voluntad:

“La JSOC ha establecido también un centro secreto de selección a lo largo del río Potomac de Washington, dijeron oficiales de los EEUU tanto en vigor como retirados. Las células de los comandos de selección de élite han estado tradicionalmente localizados cerca de las líneas del frente de sus misiones, incluyendo en Irak y Afganistán. Pero la JSOC creó una fuerza de operaciones en la “región de la capital nacional” que está a 15 minutos de la Casa Blanca de manera que podía estar envuelto más directamente en deliberaciones sobre las listas de al-Qaeda.”

El aspecto más espeluznante de este desarrollo es el bautizo de un nuevo eufemismo orwelliano para los asesinatos presidenciales libres del debido proceso: “ matriz de disposición”. Escribe Miller:

“Durante los pasados dos años, la administración Obama ha estado desarrollando en secreto un nuevo plan de acción para buscar terroristas, la siguiente generación de la lista de objetivos llamada la “matriz de disposición”.

“La matriz contiene los nombres de sospechosos de terrorismo organizados junto a las estimaciones de los recursos que se están juntando para darles de baja, incluyendo acusaciones ya selladas y operaciones clandestinas. Los oficiales de EEUU dijeron que la base de datos está diseñada para ir más allá de las listas de objetivos para ejecutar ya existentes, trazando planes sobre el mapa para ver la “disposición” de los sospechosos que están fuera del alcance de los aviones no tripulados estadounidenses.”

La “matriz de disposición” ha sido desarrollada y será supervisada por el Centro de antiterrorismo nacional (NCTC por sus siglas en inglés). Uno de sus objetivos es “aumentar” “las separadas pero redundantes listas de objetivos para ser asesinados” mantenidas por la CIA y el Pentágono: para servir, en otras palabras, como la oficina central donde se determine quién será ejecutado sin el debido proceso basándose en cómo alguien encaja con la “matriz” del brazo ejecutor. Como lo describe Miller, es una “base de datos única, y que evoluciona continuamente” que incluye “biografías, localizaciones, socios y afiliados a organizaciones conocidos” así como “estrategias para dar de baja a los objetivos, incluyendo peticiones de extradición, operaciones de captura y patrullas de aviones no tripulados”. Este sistema analítico que determina la “predisposición” de la gente será sin duda mantenida totalmente en secreto; Marcy Wheeler dijo irónicamente que “esperaba los argumentos del gobierno explicando por qué no hará pública la matriz de disposición a la Unión de libertades civiles americana (ACLU) bajo el Acta de libertad de información (FOIA por sus siglas en inglés)”.

Todo esto fue motivado por el rechazo de Obama a detener a sospechosos de terrorismo, y consecuente compromiso a simplemente matarlos a deseo (su deseo). Miller cita a “un ex-oficial antiterrorista de EEUU envuelto en el desarrollo de la matriz” al explicar el ímpetu detrás del programa de esta manera: “Teníamos un problema de predisposición.”

El rol central jugado por la NCTC en determinar quién debería ser asesinado (“Es el que cuida de los criterios,” dice un oficial al Post) es, por sí mismo, más que odioso. Tal como Kade Crockford de la Unión de libertades civiles americana (ACLU por sus siglas en inglés) de Massachusetts apuntó en respuesta a esta historia, la ACLU ha advertido desde hace tiempo que el propósito real de la NCTC (a pesar de su enfoque formal en terrorismo) es “la recolección de datos masiva y secreta, y la recogida de datos de la mayoría de la población de los Estados Unidos”.

In particular, la NCTC lleva a cabo una gigantesca operación de recogida de datos, en la que todo tipo de información sobre estadounidenses inocentes es sistemáticamente monitorizada, almacenada y analizada. Esto incluye “grabaciones de investigaciones de las fuerzas del orden, información sobre la salud, historia laboral, viajes y expedientes académicos” (“literalmente, cualquier cosa que el gobierno recoja sería juego limpio”). En otras palabras, la NCTC (ahora con el poder de determinar la adecuada “predisposición” de sospechosos de terrorismo) es la misma agencia que está en el centro del espionaje estatal generalizado e incontrolado llevado a cabo a los ciudadanos estadounidenses.

Peor aún, tal como Chris Calabrese, consejero legislativo de la ACLU documentaba el pasado julio en un análisis de lectura imprescindible, hace muy poco los oficiales de Obama eliminaron salvaguardas sobre cómo puede ser utilizada esta información. Mientras la agencia, durante los años de Bush, tenía prohibida el almacenamiento de información de inocentes estadounidenses que no estuviera relacionada con el terrorismo durante más de 180 días (un límite que “significaba que la NCTC era disuadida de recoger grandes bases de datos llenas de información de estadounidenses inocentes”) es ahora libre de hacerlo. Los oficiales de Obama eliminaron esta restricción al autorizar al NCTC “a recoger y evaluar continuamente información sobre estadounidenses inocentes hasta por cinco años”.

Y como suele ocurrir, esta agencia se dedica a este increíblemente poderoso e invasivo proceso sin literalmente ninguna rendición de cuentas democrática:

“Todo esto está pasando con muy poca supervisión. Los controles sobre la NCTC son mayormente internos a la oficina nacional de inteligencia (DNI por sus siglas en inglés), e importantes agentes de supervisión tales como el Congreso y el Comité de Supervisión de inteligencia del presidente no son notificados incluso si se dan fallos “significativos” en el cumplimiento de las directrices. Protecciones legales fundamentales están siendo abandonadas. Por ejemplo, bajo las nuevas normas, las agencias que recogen información deben cumplimentar informes de la Ley de Privacidad (requerimientos legales para describir cómo serán usadas las bases de datos). Esto a pesar del hecho de que esas agencias no tienen ni idea de cómo el NCTC esta usando la información recogida.

«El colofón de todo esto es el reinicio del ‘Programa de Conocimiento Total de la Información’ que los estadounidenses rechazaron tan vigorosamente justo después del 11S.»

No se necesita ninguna teoría de la conspiración para ver lo que está pasando aquí. De hecho, se necesita una extrema ingenuidad o ceguera para no verlo.

Lo que se ha creado aquí -lo que se ha institucionalizado de forma permanente- es una rama ejecutiva altamente secreta que se ocupa de dos funciones simultáneamente: (1) recoge y analiza cantidades masivas de datos procedentes de la vigilancia de estadounidenses sin ninguna supervisión judicial ni ordenes de registro, y (2) crea e implementa una «matriz» que determina la «disposición» de sospechosos, hasta incluyendo la ejecución, sin una brizna del debido proceso o supervisión. Es simultáneamente un estado de vigilancia y un cuerpo judicial secreto y exento de responsabilidad que analiza quién eres y luego decreta qué se debe hacer contigo, cómo debes ser «dispuesto», al margen de cualquier mínima responsabilidad o transparencia.

Miller del Post reconoce el punto de inflexión que esto representa: «La creación de la matriz y la institucionalización de las listas de ejecuciones/capturas reflejan un cambio que es tan psicológico como estratégico.» Como explica, el asesinato extrajudicial fue en su tiempo considerado tan extremista que se necesitaron extensas deliberaciones antes de que Bill Clinton pudiera apuntar incluso a Osama bin Laden para matarlo con misiles de crucero de África oriental. Pero:

«las ejecuciones selectivas son ahora tan rutinarias que la administración Obama se dedicó gran parte del año pasado a codificar y racionalizar los procesos que las sostienen»

Para entender el legado de Obama por favor vuelve a leer esta frase. Como dijo Murtaza Hussain reaccionando a la historia del Post: «Estados Unidos se desesperaba por el asesinato de Bin Laden en Tarnak Farms en 1998; ahora mata de forma regular a gente de la que apenas sospecha nada».

La insensatez pragmática de la mentalidad que subyace a todo esto es autoevidente: como argumenté ayer (y en muchas otras ocasiones), el asesinato constante no elimina la violencia dirigida contra Estados Unidos sino que garantiza su expansión permanente. Como resultado, escribe Miller, «los oficiales dijeron que no se ve un final claro» cuando se trata de la guerra contra «terroristas» porque, dijo un oficial, «no podemos matar a todo aquel que quiere hacernos daño» pero intentarlo «es parte necesaria de lo que hacemos». Por supuesto, cuanto más EEUU mata y mata y mata, más gente hay que «quiere hacernos daño». Esa es la lógica que ha dado como resultado una guerra permanente contra el terror.

Pero más significativa aún es la visión verdaderamente radical del gobierno sobre la que se basa todo esto. La garantía central de la justicia occidental desde que se escribió la Carta Magna en Estados Unidos con la quinta enmienda a la constitución: «Ninguna persona será… privada de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso de la ley.» Simplemente no puedes tener una sociedad libre, un sistema político que merezca la pena, sin honrar esa garantía, sin esa restricción sobre el poder abusivo del estado.

Y aun así, lo que el Post está describiendo, lo que hemos tenido durante años, es un sistema de gobierno que -sin hipérbole- es la misma antítesis de esa libertad. Es literalmente imposible imaginar un rechazo más violento al proyecto básico de la república que el desarrollo de una rama ejecutiva secreta totalmente exenta de responsabilidad que simultáneamente recoge información de los ciudadanos y luego aplica una «matriz de disposiciones» para determinar qué castigo debe aplicarse. Esto es una distopía política clásica llevada a la realidad (a pesar de lo convincente que esta conclusión pueda parecer, según estos hechos indiscutibles, muchos estadounidenses la considerarán una exageración, una paranoia o peor, por la dinámica psicológica que describo aquí que lleva a muchos buenos pasivos occidentales a creer que la verdadera opresión, por definición, es algo que solo ocurre en otra parte).

En respuesta a la historia del Post, Chris Hayes preguntó: «si tienes una ‘lista de ejecuciones’ pero esta lista sigue creciendo, ¿estás teniendo éxito?» La respuesta depende enteramente de cuál sea el objetivo.

Tal como los Fundadores reconocieron, nada otorga a la élites mas poder -y beneficio- que un estado de guerra. Por esta razón se supone que había barreras considerables para empezarlas y continuarlas -la necesidad de una declaración del congreso, una restricción constitucional para financiar a los militares mas de dos años seguidos, la prohibición de ejércitos permanentes, etc. Así es como lo comenta John Jay en Federalist Nº4:

«Es demasiado cierto, por más que avergüence a la naturaleza humana, que las naciones en general harán la guerra cuando vean que pueden sacar algo de ella; es más, los monarcas absolutos a menudo harán la guerra cuando sus naciones no van a sacar nada de ella, sino por razones y objetivos meramente personales, como la sed de gloria militar, venganza por afrentas personales, ambición o convenios privados para agrandar y apoyar a sus familias y partisanos particulares. Estas y una variedad de motivos, que sólo importan al soberano, a menudo le llevan a meterse en guerras que no están santificadas por la justicia o la voz y los intereses de su pueblo.»

En definitiva, hay facciones en muchos gobiernos que ansían un estado de guerra permanente porque es cuando el poder esta menos restringido y el beneficio es abundante. Lo que el Post está revelando es otro paso significativo hacia ese estado, y está sin duda guiado, al menos por parte de algunos, por un interés personal en la continuación de una guerra sin fin con los poderes y beneficios que acarrea. Entonces contestando a la pregunta de Hayes: la expansión sin limite de listas de ejecuciones extrajudiciales y los poderes ilimitados para implementarlos efectivamente representa un gran éxito para muchos. Lee lo que dice John Jay más arriba para ver por qué esto es así, y por que muy pocos desarrollos políticos, si hay alguno, puede considerarse mas pernicioso.

Politica de detenciones

Asumiendo que la estimaciones del Post son correctas, que “entre oficiales superiores de la administración hay un amplio consenso en que es probable que tales operaciones se extenderán al menos otra década- esto quiere decir que la guerra contra el terror durará mas de 20 años, bastante más que cualquier otra guerra norteamericana. Este ha sido siempre el razonamiento detrás de las detenciones indefinidas -que es lícito detener a personas sin el debido proceso hasta el «fin de las hostilidades». Los que defienden eso están adhiriéndose nada menos que a la cadena perpetua sin cargo alguno ni oportunidad de cuestionar las acusaciones.

Que haya gente muriéndose ahora mismo en Guantánamo después de una década en una celda, sin cargos, muestra lo represivo que es este poder. Extiende esta mentalidad a asesinatos secretos, libres del debido proceso -algo que el gobierno estadounidense claramente tiene intención de hacer, convertirlo en una pieza permanente de la vida política- y no es difícil ver lo verdaderamente extremistas y antidemocráticos que se han vuelto los defensores de la «guerra al terror» en ambos partidos políticos.

Este artículo apareció originalmente en el blog de Glenn Greenwald en The Guardian.

La guerra de la NBC por diversión y beneficio

 

14 de agosto de 2012
Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
29 de octubre de 2012

Esta noche en la NBC empieza un nuevo reality televisivo de temática militar titulado “Las estrellas se ganan los galones”. El programa “combina con entusiasmo la guerra y la fama,” tal como lo describía una revisión del Washington Post hoy. Muestra a 8 famosos (por utilizar la definición más floja del término); tales como al marido de Sarah Todd Palin, el antiguo Superman Dean Cain, y el que fuera miembro de una banda de música de chicos Nick Lachey; haciendo pareja con “veteranos militares y de fuerzas del orden, incluyendo a Green Beret, un oficial del Equipo de operaciones especiales (SWAT por sus siglas en inglés), dos sargentos de la Marina, un miembro retirado de la Fuerza Delta y dos de las fuerzas especiales de la marina” a los que la NBC denomina “Operativos de tipos duros (Badass en inglés).” Todos ellos están bajo el mando del General Wesley Clark, que de hecho una vez pensó que sería presidente, que presenta este reality junto con la que formó parte de Bailando con las estrellas, Samantha Harris (si uno se someten a ver los dos previos del programa más abajo, uno se pregunta cuándo tuvo que pagar NBC para comprar toda la dignidad del General Clark: probablemente más de lo que pagó el grupo Terror para convertirse en su leal cómplice).

Dice el LA Times citando a NBC, que las “estrellas” y los Operativos de tipos duros participarán juntos en “misiones de contrainsurgencia que recuerden a otras que hayan tenido lugar en cualquier parte del mundo,” con “balas reales” y “peligro real.” Sólo en el primer episodio, dice el Post, “tienen que saltar de un helicóptero a un lago mientras van cargados de armas automáticas y toda la equipación; nadar hasta una lancha motorizada; llegar hasta la arena bajo fuego enemigo; destruir una torre de observación con una granada; disparar con fuego real a objetivos del enemigo; caminar a través de barro para apoderarse de la reserva de munición del enemigo y después, finalmente, hacerlo saltar todo por los aires.” En este episodio piloto, uno de los tipos duros del operativo, maravilla a Todd Palin con la habilidad al llevar a cabo una de estas tareas, y exclama: “¡(él) es un animal! ¡Por Dios!… ¡Es igualito a Rambo!” El tipo duro entonces añade: “La próxima vez que vaya a la guerra, quiero a Todd Palin a mi lado.” Otro tipo duro del operativo jura coger a “Nick Lachey, el tipo de la banda juvenil, y convertirlo en Nick Lachey, el tipo malo con una pistola.”

No hace falta decir que todo esto se está haciendo en honor a las tropas. El ganador recibirá 100.000$ para donar a la organización caritativa relacionada con lo militar de su elección. En referencia a las declaraciones de la NBC sobre el propósito del programa, el Post dice que todo se hace “para tomar conciencia sobre lo duro que nuestras fuerzas armadas trabajan, cuánto se sacrifican, y todo eso, hasta que empieza a sonar como unas alabanzas imprecisas.” Reflejando realidades culturales más amplias, los tipos duros del operativo del show son tratados como deidades (uno de ellos “empieza a sentirse cohibido cuando Cain, su compañero de equipo, no para de adularle”). Me pregunto qué sienten tropas de verdad que se enfrentan a peligros a su vida reales sobre que la NBC utilice al ejército y convierta a sus cargas de combate en un divertido reality con “peligro” simulado.” Y, por supuesto, el sustancial beneficio que la NBC espera hacer de vender anuncios no serán de ninguna manera donados a organizaciones de veteranos sino que serán contabilizados como beneficios corporativos, pero todo esto es sólo secundario al objetivo que motiva todo esto, el honor de las tropas.

Las razones por las que todo esto es tan ruin, repulsivo y propagandístico son tan evidentes en sí mismo que no requieren mucha más discusión. Sin embargo, hay un valor real: aquí tenemos una gran cadena televisiva siendo relativamente sincera sobre la manera que ven la guerra y el militarismo, primero y más importante, como una fuente de entretenimiento y beneficio. Recordar el increíble discurso dado en abril del 2003 por Ashleigh Banfield, el corresponsal de guerra estrella de la MSNBC con respecto a cómo la NBC y la MSNBC, entonces propiedad del suministrador armamentístico General Electric, beneficiario de la cobertura de guerra propagandística en Irak, un discurso que (como ella anticipó claramente cuando lo dio) causó su posterior descenso y desaparición de la MSNBC y las noticias:

Supongo que veis suficiente televisión para saber que el gran espectáculo televisivo se ha acabado y que la guerra está ahora prácticamente terminada – por lo menos las mayores operaciones de combate se han terminado, según el Pentágono y los oficiales de defensa – pero es mucho lo que se ha dejado atrás…

Dicho esto, ¿qué es lo que no viste? No viste dónde aterrizaron esas balas. No viste lo que pasaba cuando el mortero tocaba tierra. Una nube de humo no es lo que hace un mortero cuando explota, creedme. Hay horrores que fueron completamente dejados fuera de esta guerra. ¿Entonces fue aquello periodismo o fue cobertura informativa?

Hay una gran diferencia entre periodismo y cobertura, y tener acceso no quiere decir que estés consiguiendo la historia, sólo significa que estás consiguiendo un brazo o una pierna más de la historia. Y eso es lo que conseguimos, y fue una grandiosa y maravillosa imagen que tuvo a mucha gente observando y muchos publicistas contentos con los cables de noticias.

Pero no era periodismo, porque no estoy segura de que en EEUU vacilemos al hacerlo otra vez, luchar en otra guerra, porque parecía un esfuerzo glorioso, valiente y tan exitoso, y nos deshicimos de un horrible líder: nos deshicimos de un dictador, de un monstruo, pero no vimos lo que supuso hacerlo.

Cuando dije que la guerra había terminado en cierto modo quería decir que en el sentido de que se están sacando las cartas de la baraja de los 55 más buscados, y están en cierto modo cayéndose de la baraja a la misma velocidad de como caían las cifras de audiencia de las agencias de noticias. La semana pasada tocamos fondo. Pasamos de tener millones de televidentes a sólo unos pocos miles en tan sólo unos pocos días…

Creo que había muchas voces disidentes antes de esta guerra sobre los horrores de la guerra, pero estoy muy preocupada sobre este programa de televisión de 3 semanas y de cómo puede haber cambiado la opinión de la gente. Ya de por sí muy manipulada…

Este programa televisivo que te acabamos de dar fue extraordinariamente entretenido, y realmente espero que el legado que deja no es el de enseñar la guerra como algo glorioso, porque no hay nada más peligroso para una democracia que piensa que hacer esto es una cosa gloriosa.

La guerra es fea y peligrosa, y en este mundo la manera en que somos discutidos en las calles árabes, alimenta y echa más gasolina a su odio y a su deseo de matarse para llevarse por delante a algunos americanos. Difundir esto es algo peligroso…

Espero tener un futuro en las noticias por cable, pero no de la manera en la que lo hacen algunas agencias de noticias que se envuelven con la bandera estadounidense y de patriotismo y persiguen a un cierto objetivo demográfico, el cual es muy lucrativo. Ya puedes ver los efectos, ya puedes ver grandes contratos en otras compañías, contratos del ala derecha para perseguir este objetivo, y ya puedes ver la bandera ondeando en las esquinas de esas estaciones de noticias donde tienen animada música estadounidense acompañando a su cobertura de guerra.

Lo que esta despreciable chapuza de la NBC realmente revela es la manera en la que la reverencia por todo lo militar se ha convertido en la religión nacional estadounidense, integrada sin problemas en literalmente cada evento cultural. Llamo la atención de este correo electrónico que recibí de un amigo del sur de Florida en septiembre después de haber asistido a un partido de fútbol de la Liga de Fútbol Nacional (NFL por sus siglas en inglés) en Miami:

Permíteme describir la exhibición patriótica de la apertura del partido de anoche. Hombres con metralletas en todas las entradas, para asustar a los terroristas. Cacheos al entrar, para asegurarse de que mi esposa y yo no lleváramos explosivos plásticos. Un emocionante himno nacional con soldados en el campo deletreando U.S.A. Un tributo emotivo a los miles que perdieron la vida el 11 de septiembre y la valiente respuesta de nuestra nación a esa atrocidad (que fue, por supuesto, lo peor que ha sucedido nunca en la historia del mundo). Se gritaron consignas de USA, USA. Después, un avión bombardero “invisible” (o furtivo) sobrevoló el estadio, seguido de fuegos artificiales. Durante el descanso, un escuadrón de paracaidistas del Ejército estadounidense saltó de un avión y cayó en el campo. A lo mejor la semana que viene lancen algunos misiles desde aviones no tripulados (drones).

Venerar a los militares es algo tan común en los rituales de la cultura estadounidense que uno apenas ya no lo nota cuando pasa. Esta mañana, Jake Tapper en las noticias de ABC señaló un divertido vídeo de broma, de su colega de las noticias de ABC, Luís Martínez, corresponsal en el Pentágono, saltando de un avión militar con los Golden Knights, el equipo del ejército de los EEUU que salta frecuentemente a los estadios de fútbol durante el descanso mientras el aclamado público lo vitorea. En el minuto 4 del vídeo, Martínez hace el papel de payaso sin suerte, actuando como un bobo y nervioso con su guía militar varonil y estoico, el sargento Aaron Figel, al que Martínez abiertamente babosea y al que está simbólicamente atado mientras salta.

El que estos juegos alocados, divertidos y aduladores con los militares de los EEUU podría no ser la actividad más apropiada para alguien que se supone es un reportero antagonista cubriendo al Pentágono no se le habría ocurrido a ninguno de ellos porque, como la NBC, están practicando la religión nacional estadounidense (adoración militar) y ¿quién haría una objeción a esto? Martínez fue el reportero que dio anonimato a oficiales militares para calumniar a Michael Hasting sobre su artículo en Rolling Stone que terminó con la carrera del general Stanley McChrystal, permitiendo al oficial anónimo afirmar (falsamente) que las citas utilizadas por Hasting fueron hechas extraoficialmente. Martínez hizo lo mismo cuando dio anonimato a un oficial militar para atacar falsamente una historia de Jeremy Scahill que exponía la red de prisiones secretas en Somalia que efectivamente los EEUU tienen. Nadie practica esta adoración militar como los perros guardianes del Pentágono que trabajan en las televisiones más grandes de la nación.

Experimentar diversión y vibrante entretenimiento al enviar a nuestros militares a la guerra no es único de nuestro tiempo. Adam Smith lamentaba esta pervertida dinámica ya en 1776 en su libro La riqueza de las naciones:

En los grandes imperios la gente que vive en las capitales, y en las provincias lejanas del escenario de la acción, muchos de ellos, apenas sienten ningún inconveniente con la guerra; más bien disfrutan, fácilmente, del entretenimiento de leer en los periódicos las explosiones de sus propias flotas y ejércitos. Para ellos esta diversión compensa la pequeña diferencia entre las tasas que pagan a cuenta de la guerra, y aquellas a las que se acostumbraron a pagar en tiempos de paz. Típicamente no están satisfechos con la vuelta de la paz, que pone fin a su entretenimiento, y a mil esperanzas visionarias de conquista y gloria nacional si la guerra continuara por más tiempo.

De hecho es necesario que EEUU tenga un reality que empareje a grandes y musculosos soldados con adorados famosos de serie B (presentados por un ex-general del ejército junto con a uno que solía estar en Bailando con las Estrellas) jugando asépticos juegos de guerra para el entretenimiento de los espectadores, todo entre anuncios de las empresas más grandes de la nación. De alguna manera para nosotros este es un símbolo demasiado perfecto de la cultura y la política estadounidense para no tenerlo.

* * * * *

Este fin de semana, en Con Chris Hayes de la MSNBC, Rachel Maddow denunció la campaña de Romney por usar un barco de guerra en desuso como apoyo para el anuncio de su vicepresidente, condenando tales actos como el utilizar a los militares para fines políticos como “ofensivo,” especialmente dado que Romney y Paul Ryan no hicieron el servicio militar. Poco después, literalmente, la presentadora del fin de semana de MSNBC Melissa Harris-Perry habló efusivamente sobre todas las políticas militares agresivas de Obama que le habían dado una ventaja política incondicional; explicaba que tiene “un record impresionante en la política exterior para los halcones,” incluyendo “continuar las guerras de persecución, los ataques con drones, la muerte de Osama bin Laden.” Guerras, drones, y el asesinato de un acusado de terrorismo desarmado y el lanzamiento de su cuerpo al océano: observad lo que es ahora alabado en la MSNBC como activos políticos impresionantes, todo en medio de la condena al uso de los militares para ventaja política por alguien que nunca ha servido.

ACTUALIZACIÓN: Nueve premiados con el Nobel de la paz han llamado a la NBC para que se cancele el programa, apuntando que la “guerra no es un entretenimiento” y que “gente (militares y civiles) mueren de manera que son todo menos entretenidos,” añadiendo: “Intentar de alguna manera maquillar la guerra equiparándola a una competición deportiva más bien llama a preguntarse la moralidad y la ética de equiparar lo militar en cualquier parte con la industria del entretenimiento son apenas escondidos esfuerzos para hacer la guerra y sus múltiples costos más agradables al público.” La lista de los laureados con el Nóbel de la paz que firman la carta incluye al ganador en 1984 arzobispo Desmond Tutu, al presidente Óscar Arias Sánchez ganador en 1987, al Dr. Shirin Ebadi ganador del 2003, a Barack Obama (el cual, según Harris-Perry de la MSNBC, tiene “un impresionante récord de políticas exteriores para los halcones”: un extraño atributo para un Nobel de la paz). Numerosos grupos contra la guerra también han hecho circular una petición contra el programa y la “guerra como entretenimiento”, que puede ser firmado aquí.

ACTUALIZACIÓN II: Numerosos comentarios predicen lo que mostrarán futuros episodios, incluyendo este de 2millionlightyearstoandromeda:

El famoso con menos puntos hará girar una ruleta gigante y tendrá que soportar la “técnica de interrogación mejorada” (NT: eufemismo para tortura) que toque. (La NBC ha asegurado a sus socios que si la ruleta cae en “electroshocks en los genitales” todas las partes desnudas serán censuradas.)

Los famosos con más puntuación pasarán al episodio de la semana siguiente. En él atravesarán el centro de Hollywood liderando una caravana de Humvees (Vehículos de alta movilidad) disparando a cualquiera que parezca que alguna vez haya abierto un Corán.

El famoso que más “militantes” mate se bañará en una celebración de confeti de uranio empobrecido y recibirá 100.000$ que serán donados al contratista de defensa de su elección.

Los espectadores en casa que manden un mensaje de texto con la palabra BICHOESPACHURRADO (NT: Bugsplat es como se denomina a las víctimas de los drones) a la NBC entrarán en el sorteo para ¡ganar un día con un piloto de aviones no tripulados de la CIA!

¡Allí aprenderás cómo lanzar un misil con precisión desde un drone y matar a un militante (además de a su entera familia, amigos y a todos sus animales de granja)!

Nadie debería dar ideas a los ejecutivos de la competencia.

Este artículo apareció originalmente en Salon.com el 13 de agosto de 2012.

Nota de Editor (El Mundo no Puede Esperar)

Vea: Felicitaciones a todos por una victoria sobre el programa de juegos bélicos de la red NBC

¿Elecciones imposibles? El conservadurismo de “Breaking Bad”

 Breaking Bad

Jueves, 30 de agosto de 2012. Michael Corcoran, Truthout.

Publicado originalmente en Truthout.

Breaking Bad” es una serie fascinante. Pero los intentos para compararla con “The Wire” (Bajo Escucha en español), que analiza sistemáticamente las instituciones y la experiencia estadounidenses, son equivocados. “Breaking Bad” es fundamentalmente una serie conservadora que trata toda sobre el individuo.

El pasado 2 de septiembre, AMC emitió el último episodio de su quinta y última temporada de “Breaking Bad”, una serie muy popular y críticamente aclamada sobre un maestro de química con poca fortuna que, después de ser diagnosticado de cáncer terminal, empieza una nueva vida como productor de cristal de metanfetamina. Las grandes alabanzas a la serie están ampliamente garantizadas: el argumento es fascinante, la fotografía y la actuación magníficas, y el drama intenso. Algunos se han atrevido incluso a sugerir que “Breaking Bad” representa la mejor televisión moderna que se ha ofrecido, incluso mejorando a The Wire de HBO como la mejor serie de su tiempo. Esto, hay que decirlo, es dar a la serie demasiado mérito.

Por muy entretenida que sea la serie, es importante entender lo que no es: un análisis serio de la guerra contra las drogas, el sistema sanitario, la cultura de las drogas de la clase media o, ni de lejos, la experiencia norteamericana. De hecho, la serie es más bien una demostración de un punto de vista muy conservador que plantea que la vida no es sino una serie de elecciones individuales. La serie, más que sencillamente, atribuye las consecuencias de esas decisiones de lleno a las mujeres y (mayormente) hombres que las toman. Como Chuck Klosterman escribió para Grantland, en un artículo del 2011 alabando a “Breaking Bad” como la mejor serie de la era moderna, la serie presenta un mundo donde “la bondad y la maldad son simplemente elecciones complicadas, no diferentes de cualquier otra cosa.” Esto, añade, es en contraste a “The Wire”, donde (énfasis en el original) “todo es al mismo tiempo bueno y malo” y “las condiciones importan más que los participantes.”

Klosterman, al intentar explicar por qué “Breaking Bad” es la mejor serie de la era moderna, está de hecho, y sin pretenderlo, señalando una de sus más manifiestas debilidades. La debilidad más grande de “Breaking Bad” es la falta de un análisis sistemático del experimento estadounidense, lo que a la vez fue la mejor baza de “The Wire”. De hecho, “Breaking Bad” hace exactamente lo opuesto a un análisis del sistema; en vez de centrarse en los problemas sociales desde un punto de vista general, se centra en lo micro, en la vida de un solo hombre, con ambiciones y moral únicas. Como resultado, “Breaking Bad” nos enseña mucho sobre un hombre fascinante, y apenas nada sobre la experiencia estadounidense.

Breaking Bad” no tenía por qué ser de esta manera. Después del episodio piloto, uno podría haber pronosticado razonablemente que la serie serviría para tratar el impacto de nuestro lamentable sistema de salud en quiebra. De hecho, un artículo reciente en The Nationdescribe la serie ser (erróneamente, yo diría) sobre el “fallido sueño americano,” rellena con “elecciones imposibles.” “Braking Bad,” escribe el autor, “trabaja para desmontar esas pequeñas falacias que evitan que el pobre demande dignidad.”

Pero esta interpretación sobreestima grandemente a “Breaking Bad” como una crítica al capitalismo norteamericano y/o sus instituciones. De hecho, poco después del episodio piloto la serie pivotó rápidamente a algo muy diferente, y algo enraizado profundamente en una especie de conservadurismo masculino e individualista. Resultó que Walter White no cocinaba cristal de metanfetamina porque no podía pagar sus facturas médicas, sino porque no quería aceptar caridad (de amigos bien avenidos) para pagar esas facturas.

Usando un razonamiento y un lenguaje que a los conservadores les debe encantar, White no se humillaría a sí mismo aceptando ayuda de otros, sin importar lo que tenga que hacer para evitar ese destino. Recibir caridad en el mundo de White, le hace débil, le hace menos hombre, y es mucho menos deseable para él que morir de cáncer. La idea de que fue “forzado” a una vida de crimen no hace justicia a la evolución de White a Heisenberg. White tenía elecciones; puede que no fueran elecciones perfectas, pero no eran elecciones “imposibles”, como las que los personajes de “The Wire” afrontan todo el tiempo.

La decisión de White de fabricar drogas no fue hecha claramente desde la desesperación, lo que se enseña más adelante con el hecho de que continúa con la travesura mucho después de que hiciera millones y su cáncer estuviera en remisión. No, la decisión de White reflejaba un conservadurismo clásico que viene directo de los gustos de Edmund Burke. “Un hombre provee para su familia…. porque es un hombre,” dijo el cabecilla de las drogas Gustavo Fring, a un agradecido White. Esta línea enseña por qué “Breaking Bad” puede bien ser la serie de la televisión más conservadora filosóficamente.

“La serie es cuidadosa en enseñar lo duro que es lograr incluso pequeñas cosas. La casa de Walt y Skyler no es lujosa, y sin embargo es muy real la posibilidad de que puedan perderla después de la muerte de Walt. Cuando Walt le dice a Skyler lo que ha hecho, su justificación es indudablemente modesta. Le dice: “He hecho una cosa terrible. Pero la he hecho por una buena razón. Lo hice por nosotros,” dijo Alyssa Rosenberg, del Centro para el progreso americano, en una entrevista por correo electrónico con Truthout. “Aún así, la solución de Walt a este dilema es individualista, guiada por una visión de masculinidad que le hace avergonzarse cuando su hijo pide donaciones para su tratamiento. Conforme la serie avanza, él abraza esta idea de que triunfa como hombre no sólo cuando provee de una modesta seguridad financiera a su familia, sino cuando está amenazando a otra gente.”

Para ser justo, los creadores de “Breaking Bad” son abiertos sobre lo que la serie está intentando hacer y ni siquiera intentan diseccionar los problemas sistémicos en los Estados Unidos. Cada simple detalle de la serie y la vida de White es, como el protagonista explicó a su hijo que se había tragado su mentira sobre la adicción al juego,”todo sobre elecciones.” Y aquí es donde “Breaking Bad” pierde una oportunidad increíble. Aprendes mucho más sobre la sociedad cuando la gente se mueve en un mundo, muy parecido al nuestro, donde las decisiones están restringidas por fuerzas externas y más grandes. “The Wire”, por supuesto, es un asalto totalmente frontal a numerosas instituciones fallidas, y de alguna manera, a la naturaleza brutal del capitalismo en sí mismo, un sistema que deja una clase marginal urbana permanente en las calles de Baltimore con pocas razones para la esperanza y apenas sin posibilidades de escapar.

Aquí vemos que ser “malo” o “bueno” no es simplemente una cuestión de “decisiones complicadas,” sino de un mundo complicado donde muchos son principalmente sujetos del mundo que les rodea. Consideren los giros de los personajes de “Wire” con los chicos jóvenes, como Dukie, cuyo caída a la mendicidad y la adicción a las drogas no puede ser explicada por una cuestión de “complicadas decisiones.” Así mismo, el personaje de Michael, cuya “complicada decisión” de unirse a una banda violenta de asesinos es también complicada pero mucho más que su propio juicio. “Tengo un problema, no puedo acudir a ningún otro,” le dice al líder de la banda Marlo Stanfield. Y no está del todo equivocado. Su hermano pequeño, que no tiene a un adulto de confianza que le cuide, tiene el riesgo de ser abusado sexualmente, forzando a Michael a una “decisión.”

Las elecciones son un lujo que White tiene, y la clase baja pobre urbana no. No por nada, si Dukie de “Wire” hubiera contraído cáncer, lo más probable es que hubiera estado sin diagnosticar y hubiera muerto rápidamente. Y ese es un pensamiento escalofriante y contundente sobre la experiencia americana. “Breaking Bad” apenas ofrece tales reflexiones sobre la vida estadounidense. Los niños de “Wire” son en muchos aspectos, lo que Kurt Vonnegut denomina “juguetes inservibles de fuerzas enormes.” Ellos prueban que no todo el mundo tiene las mismas oportunidades de elegir, y en algunos casos ni siquiera se pueden calificar como elecciones de ninguna manera.

A diferencia de la representación llena de matices que vemos de los traficantes de drogas y adictos en “The Wire,” “Breaking Bad” presenta a la contracultura de la droga de Albuquerque como apenas una panda de idiotas: clase media, niños vagos; prostitutas envejecidas y desdentadas; capos de la droga erráticos y enloquecidos; etc. La representación de Wendy la prostituta es especialmente pésima; en una fría apertura se presentan los horrores de su vida de manera cómica mediante una canción, y en otra escena, el tío Hank se mete con su diente mellado para asustar a Walter Jr. de la marihuana. Incluso el desafortunado Jesse Pinkman, también adicto, es redimido ante las cámaras sólo cuando con Walt prospera en el mercado negro y hace millones, ganando ambos poder y riqueza, dos de los valores absolutos de “Breaking Bad”.

Todo esto con su fascinante estudio del personaje. La transición de White a Heisenberg ha sido dramática, deja con la boca abierta. Think Progress dedicó hace poco un artículo a la idea de que Walt está abusand de Jesse, lo que no es sólo bastante convincente, sino que también demuestra la profundidad con la que puede ser examinado el personaje de Walt. Pero de hecho es del personaje del que podemos aprender, y no mucho del mundo en el que vive. De hecho, Walt y sus experiencias son tan meticulosamente únicos que estamos bastante limitados en cuando a lo que podemos aprender de sus aventuras a través los suburbios del cristal de metanfetamina de Nuevo México. No se puede decir lo mismo para “The Wire” donde la mayoría de los personajes son representativos de una población entera de Estados Unidos: los pobres urbanos.

Es interesante cómo Rosenberg, que ha escrito sobre los aspectos conservadores de la serie, le cuenta a Truthout que “dado lo agudo de la crítica moral de la serie acerca de en lo que se ha convertido Walt, lo profundamente villano que es ahora, tengo que verlo como una crítica tanto del fallo de las instituciones y el “llevarlo solo”, así como la respuesta hipermasculina a esos fallos.”

Sin embargo, los sentimientos conservadores detrás de las acciones de White, si no las acciones en sí mismas, todavía parecen resonar en muchos fans. Al final de la cuarta temporada, la batalla final entre White y Fring se dio como un duelo armado del Western, aunque más horripilante. Fue una televisión irresistible, y al final, nuestro anti-héroe, White, ganó el día. Klosterman, en su ensayo, admite que a pesar de sus caminos engañosos y asesinos, la audiencia es puesta en “la curiosa posición de seguir animando a un individuo que ya no es bueno.” Consideren las palabras: Ya no es bueno. Klosterman usa las palabras “bueno” y “malo” como si el mundo entero pudiera ser situado en un diagrama de Venn que nunca intersecta.

White puede todavía recibir su “justo postre” para cuando la serie termine. Pero “The Wire” no nos tenía apoyando o rechazando a ningún héroe o villano en ningún caso; de hecho los personajes de la serie eran demasiado complicados, con mucha diferencia, para esas etiquetas. “The Wire”, sin embargo, nos tenía apoyando un mundo en el que todos los seres humanos pueden vivir con dignidad y tienen la libertad para de hecho tomar decisiones. Y eso es un testamento a la grandeza de “The Wire,” y un recuerdo de las limitaciones de “Breaking Bad.”

Extremismo normalizado

Cómo los estadounidenses están eficientemente entrenados para aceptar ideas que una vez se consideraron demasiado radicales para ser ni siquiera pensadas

2 de agosto de 2012
Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
3 de septiembre de 2012

¿Recuerdan cuando, en la vigilia del ataque del 11 de septiembre, la Ley Patriótica era controvertida, mostrada como la cara simbólica del radicalismo de Bush/Cheney y ampliamente lamentada como una amenaza al corazón de las libertades estadounidenses y al control de los poderes federales de detención y vigilancia? Y sin embargo ahora, la Ley Patriótica es renovada discretamente cada cuatro años por abrumadoras mayorías de ambos partidos (a pesar de abundantes pruebas de serios abusos), y casi nadie se molesta por ello nunca más. Así es como poderes extremos se normalizan: se convierten en una especie de accesorio en nuestra cultura política que estamos entrenados a darlo por hecho, ver lo deformado como normal. Aquí hay numerosos ejemplos de los dos últimos días que ilustran esta misma dinámica; ninguno parece abrumadoramente significativo en sí mismo, pero ese es el punto:

Después de que Dick Cheney criticara a John McCain el pasado fin de semana por haber escogido a Sarah Palin como candidata a la Vicepresidencia, esta fue la réplica de MacCain:

Mira, yo respeto al vicepresidente. Tuvimos fuertes diferencias como la de si deberíamos torturar a la gente o no. Yo no creo que debamos hacerlo.

¿No es alucinante que la primera frase (“Yo respeto al vicepresidente”) pueda preceder a la siguiente (“Tuvimos fuertes diferencias como la de si deberíamos torturar a la gente o no. Yo no creo que debamos hacerlo”) sin ninguna crítica o controversia? Me doy cuenta de que expresiones no sinceras de respeto son un ritual rutinario entre las élites políticas estadounidenses, pero aún así, la declaración de McCain lleva a este pronunciamiento: Dick Cheney autorizó la tortura (es un torturador) y lo respeto. ¿Cómo puede ser ese un sentimiento aceptable para expresar? Desde luego, es incluso más notable que los oficiales políticos, que todo el mundo sabe autorizaron la tortura estén libres, respetados y prósperos, blindados totalmente de toda responsabilidad criminal. “La tortura” ha sido transformada para siempre de un tabú del que no se podía hablar en una controversia política como cualquier otra, donde permanecerá por mucho tiempo.

Igualmente notable es este artículo de opinión del fin de semana de Los Angeles Times, condenando la lista de la muerte del Presidente Obama y los asesinatos secretos:

Editorial

Cuando el gobierno mata

La garantía al debido proceso de la Constitución significa que el presidente no puede actuar como un juez, jurado y verdugo de sospechosos de terrorismo, especialmente cuando son ciudadanos de los EEUU.

Permitir que el presidente de los Estados Unidos actúe como juez, jurado y verdugo para sospechosos de terrorismo, incluyendo a ciudadanos de los EEUU, basándose en el secreto de las pruebas no se puede reconciliar con la garantía de la Constitución de que no se tomará una vida sin el debido proceso legal.

Bajo la ley, el gobierno tiene que conseguir una orden judicial si pretende poner a un ciudadano de EEUU bajo vigilancia electrónica, y sin embargo no hay una orden judicial comparable sobre una decisión de matar a un ciudadano. Ni siquiera una corte puede revisar las políticas generales para tales asesinatos….

Pero si los Estados Unidos van a seguir por el camino de asesinatos patrocinados por el Estado, el Congreso debería, por lo menos, pedir que una corte juegue algún papel, como la Corte de Vigilancia de Inteligencia Extranjera hace con la vigilancia electrónica de sospechosos de terrorismo extranjeros. Incluso una mínima vigilancia judicial podría hacer que el presidente y sus asesores se lo pensaran dos veces el que un ciudadano estadounidense supusiera un peligro “inminente” tal que que tuviera que ser ejecutado sin un juicio.

¿No es alucinante que una editorial de un periódico incluso tenga que decir: ya sabes, se supone que el Presidente no tendría que tener el poder para actuar como juez, jurado y verdugo y ordenar a ciudadanos estadounidenses a ser asesinados sin transparencia o debido proceso? ¿Y no es incluso más alucinante que el actual presidente ha tomado y llevado a cabo ese poder sin apenas controversia? Recordad que cuando el The New York Times confirmó por primera en el 2010 vez que Obama estaba asesinando a ciudadanos, anotó, citando fuentes “oficiales”, que “es extremadamente raro, si no sin precedentes, que un estadounidense sea declarado como objetivo para ser asesinado.” Ya no. Ese poder presidencial (literalmente es el poder más tiránico que un líder político puede tomar) es ahora también apenas una parte integrante de nuestra cultura política.

Mientras tanto tenemos esto, de la Asociación de Prensa de ayer:

EL DEPARTAMENTO DE POLICÍA DE NUEVA YORK LANZA UN SISTEMA QUE TODO LO VE PARA RASTREAR AL CRIMEN

POR KIMBERLY DOZIER
AP REDACTOR DE INTELIGENCIA

ASPEN, Colorado (AP). El departamento de policía de Nueva York lanzará pronto un “Dominio de sistema de conocimiento” que todo lo ve, que combina multitud de fuentes de información para rastrear tanto criminales como potenciales terroristas.

Raymond Kelly, comisario de la policía de Nueva York, dice que la ciudad desarrolló el software con Microsoft.

Recuerdan cuando el programa de John Poindexter’s “Total conocimiento de la información” (que iba a usar tecnología de minado de datos para escudriñar las transacciones personales de datos electrónicos para encontrar patrones y asociaciones conectadas a amenazas y actividades terroristas”: básicamente era crear vigilancia en tiempo real de todo el mundo (¿era demasiado extremo y amenazador incluso para un EEUU todavía en su pico de histeria pos-11 de septiembre?) Y aquí tenemos al Departamento de policía de Nueva York más de una década después del 11-9 anunciando un programa muy similar en un términos muy parecidos, y es casi imposible visibilizar cualquier controversia real.

De manera similar, en la frase de AP de más arriba en la que se describen los supuestos objetivos de este nuevo programa de vigilancia del NYPD: ¿qué, exactamente, es un “potencial terrorista”? ¿no es un increíble término orwelliano dado que, por definición, puede incluir a cualquiera y a todos? En la práctica, prácticamente significará: todos los musulmanes, más cualquiera que se meta en cualquier activismo que se oponga a las facciones de poder imperantes. Así es como se ha usado siempre el Estado de Vigilancia Americano. Y aún así, lo no deseable del régimen de vigilancia masivo, “que todo lo ve”, fue un hecho (una visión, en definitiva, de que la Stasi de Alemania oriental fue una mala idea que no querríamos replicar en suelo estadounidense), y lo sigue siendo ahora, no hay casi límites al nivel de vigilancia estatal que toleramos.

En el The New York Times de ayer, Elisabeth Bumiller escribió sobre la conmovedora y difícil situación de los pilotos de aviones no tripulados estadounidenses que, sentados enfrente de “la consola de un ordenador en los suburbios de Siracusa,” acabando con vidas de personas a miles de kilómetros de distancia al lanzar misiles contra ellas. La mayoría del artículo está dedicado a obtener simpatía y admiración por esos nobles guerreros, pero al hacer eso, describe involuntariamente el futuro de Estados Unidos con la vigilancia doméstica de los aviones no tripulados:

Entre las tareas psicológicas más duras está la vigilancia cercana mediante misiones de francotiradores aéreos, una reminiscencia del oficial de la Stasi de la Alemania Oriental absorbido por la gente a la que espía en la película“ La vida de los otros. ” Un piloto de un avión no tripulado y su compañero, el que manipula la cámara del avión, observa los hábitos de un militante mientras juega con sus niños, habla con su mujer y visita a sus vecinos. Después intentan escoger el momento en el que atacar cuando, por ejemplo, su familia esté fuera en el mercado.

“Ellos observan a este tipo haciendo cosas malas y después sus cosas normales de su vida anterior,” dijo el Coronel Hernando Ortega, jefe de medicina aeroespacial para el Comando de Entrenamiento de Educación Aérea, que ayudó a llevar a cabo un estudio el año pasado sobre los estrés de los pilotos de aviones no tripulados… “Los ves despertarse por la mañana, hacer su trabajo, ir a dormir por la noche,” dijo Dave, un comandante de la Fuerza Aérea que pilotó aviones no tripulados desde el 2007 al 2009 en la Base Creech de la Fuerza Aérea en Nevada y ahora entrena pilotos de aviones no tripulados en la base Holloman de la Fuerza Aérea en Nuevo México.

Este es el nivel de seguimiento detallado que la vigilancia con aviones no tripulados permite. Numerosos atributos de los aviones no tripulados de vigilancia (su capacidad de quedar suspendidos en el aire por largos periodos de tiempo, su capacidad para permanecer sigilosos, su cada vez precio más bajo y pequeño tamaño) les permite una gran capacidad de vigilancia, duración e invasividad a diferencia de otros instrumentos de vigilancia, como helicópteros policiales o satélites. Recordar que los militares de EEUU ya están usando un nuevo tipo de avión no tripulado en Afganistán (la Medusa, nombrado así por la “criatura mítica griega cuyos ojos que no pestañeaban volvían piedra a aquellos que la contemplaban”) es “capaz de escanear un área del tamaño de una pequeña ciudad” y los “más sofisticados robots que usan inteligencia artificial y que (pueden) buscar y grabar ciertas clases de actividad sospechosa”; presumía un general estadounidense: “La Medusa estará mirando a toda la ciudad, de manera que no habrá ningún modo de que el adversario sepa a qué estamos mirando, y lo podemos ver todo.”

No hay ninguna duda de que este avión no tripulado de vigilancia está llegando a territorio estadounidense. Ya ha sembrado una vasta industria que está rápidamente asegurándose una aprobación formal para la proliferación de esta tipo de armas de vigilancia. Está creciendo, aunque marginalmente, una oposición tanto entre los independientes de izquierda como entre los sectores de tendencia más liberal de la derecha, pero hasta el momento, esta coalición entre ideologías es fácilmente superada por la combinación de los grupos de presión de los fabricantes de aviones no tripulados y los fanáticos del Estado de Vigilancia. La idea de robots voladores sobrevolando suelo estadounidense vigilando lo que los ciudadanos hacen en masa es todavía otra de esas ideas que, en el pasado muy reciente, parecía demasiado radical y distópica para entretener, sin embargo está en camino de ser rápidamente emitido. Cuando eso ocurra, ya no es considerado radical defender tales cosas; el radicalismo es puesto a prueba por oponerse a ellas.

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Independientemente de lo que uno piense sobre el grupo de Russia Today (RT), Alyona Minkovski, presentadora de un programa del grupo, es una excelente periodista y entrevistadora. Anoche se emitió su último programa (se va para trabajar en un programa del Huffington Post) y yo estuve allí anoche, junto con Jane Hamsher, discutiendo diversos temas del estado de la policía local relacionados con los asuntos discutidos aquí:

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Durante el fin de semana, en la columna escribí llamando la atención de la capacidad de internet para detectar falsedades y mitos mejor que el periodismo tradicional, hice referencia al “pánico de masas” causado por la emisión en 1938 de “La Guerra de los mundos” de Orson Wells. Mucha gente (en los comentarios, via email y por otros medios) me objetaba argumentando que tal pánico nunca fue documentado. El profesor de periodismo W. Joseph Campbell argumenta aquí que eso no es más que un mito urbano. Sugiere que la amplia propagación de ese mito por internet socava mi argumento porque muestra cómo internet puede difundir más que combatir falsedades (Dan Drezner da un argumento similar aquí), pero (al menos con el argumento de Cambpell) yo diría que la verdad es justo lo contrario. Dejando aparte que este mito del “pánico de masas” fue creído ampliamente mucho antes de que el uso internet fuera extendido, yo fui rápidamente expuesto, y convencido, por la probable naturaleza mítica de mi afirmación como resultado de un proceso interactivo de periodismo a través de internet, el cual yo elogié.

ACTUALIZACIÓN: En Mother Jones, Adam Serwer argumenta que “finalmente el congreso está haciendo frente al presidente Barack Obama con respecto a los asesinatos selectivos” (en concreto que están “presionando a la administración para explicar por qué cree que es legal matar a sospechosos de terrorismo estadounidenses en el extranjero.” Resaltar que esta presión viene de senadores republicanos, mientras que líderes demócratas tales como Dianne Feinstein están intentando impedir estos esfuerzos para llevar responsabilidad y transparencia básicas a este poder tan radical. Notar el debate aquí: no si el presidente debería tener el poder para ordenar la ejecución de estadounidenses sin el debido proceso, sino simplemente si debería dar cuentas al congreso de lo que hace y cuál cree que es el marco legal que le autoriza a esto.

ACTUALIZACIÓN II: Via BuzzFeed >y Spencer Ackerman, aquí está el logo para las oficinas ejecutivas de la Marina de los EEUU para sus aviones no tripulados:

¿Por qué nos odian?

Este artículo apareció originalmente en Salon.com el 31 de julio de 2012.

La cobardía de los pilotos de aviones no tripulados


12 de julio de 2012
Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
4 de agosto de 2012

El esfuerzo por representar la guerra con aviones no tripulados como una especie de acto valiente y noble se está intensificando:

El Pentágono está considerando condecorar con una medalla de guerra por servicio distinguido a los pilotos de los aviones no tripulados que trabajan en las bases militares que a menudo están lejos del campo de batalla…

El jefe Charles Mugno del Instituto Armado de Heráldica dijo que la mayoría de las condecoraciones requieren “haber pisado el terreno” en una zona de combate, pero apuntó que “las tecnologías emergentes” tales como los drones (aviones no tripulados) y las misiones de combate cibernético son ahora llevadas a cabo por tropas lejos del combate.

El Pentágono no ha aprobado formalmente la medalla, pero el instituto de Mugno ha completado seis diseños alternativos para la comisión de aprobación….

La medalla propuesta tendrá un rango entre la Cruz de Vuelo Distinguido y la Medalla de Soldado por conducta excepcional fuera de zona de combate.

Por lo que las medallas se darían por estar cómodamente sentados en un búnker situado en suelo estadounidense y lanzando bombas con un mando de videojuego a seres humanos a miles de kilómetros de distancia. Para justificar la guerra con drones hay que pretender que la acción requiere algún tipo de valentía, por lo que los militares de EEUU están cada vez más dando los pasos para crear la imagen de guerrero con coraje para los pilotos de los drones.

La Fuerza Aérea ha estado trabajando para crear lazos entre estos dos grupos de aviadores. En primer lugar, los operarios de drones son llamados pilotos, y visten el mismo traje verde de vuelo que llevan los pilotos de combate, aunque nunca se monten en un avión. Sus estaciones de operaciones parecen los cuadros de mando de una cabina.

Y los mismos pilotos de aviones no tripulados están difundiendo fanfarronadas de su propia valentía cada vez más.

Luther (Trey) Turner III, un coronel retirado que volaba en misiones de combate durante la guerra del golfo antes de que se cambiara a pilotar Predators en el 2003, dijo que él no ve su experiencia de combate pilotando drones como “valiente.” “Lo que yo entiendo por el término es que te estás enfrentando con peligro. Y cuando estoy sentado en una estación de mando a miles de quilómetros del campo de batalla, ese no es el caso.” Pero, dijo, “Creo firmemente en que hace falta valor para pilotar un U.A.V. (Vehículo aéreo no tripulado por sus siglas en inglés) especialmente cuando se te ordena quitarle la vida a alguien. En algunos casos lo ves en directo y en color.” Como me dijo más de un piloto en Holloman, un poco a la defensiva, “Aquí no estamos jugando a videojuegos.”

Independientemente de lo que uno piense sobre lo justificable que son los ataques con aviones no tripulados, es uno de los modos de hacer guerra menos “valientes” o con menos coraje jamás inventados. Una cosa es llamarlo justo, pero pretender que es “valiente” es Orweliano al extremo. De hecho, toda la cuestión es permitir que muchos seres humanos sean asesinados sin el más mínimo riesgo físico para esos que están cometiendo el asesinato. Matar mientras te resguardas del peligro es la definición opuesta de valentía.

Esto es por lo que la rápida proliferación de los aviones no tripulados, más allá de sus dilemas éticos y legales, hace que perpetrar violencia y agresión sea algo mucho más fácil (y barato) y por tanto mucho más posible. Hoy en el The New York Times, Thomas Ricks, haciéndose eco de Stanely McChrystal, hace un llamamiento al restablecimiento del servicio militar obligatorio porque exponiendo a toda la nación a los riesgos del combate es la única manera de por fin contener la postura estadounidense de la Guerra Indefinida (“siendo llamados a filas, como dijo el general McChrystal, harían a los estadounidenses pensar más cuidadosamente antes de ir a la guerra”); a la inversa, la guerra con drones, barata y sin riesgos, hace precisamente lo contrario. Si el mero acto de tomar las medidas que llevan a la muerte de otros te hace “valiente,” considerad a todos los asesinos que ahora merecen ese término: dictadores que ordenan que los manifestantes sean ejecutados, tiranos que mandan a otros a la guerra, guardias de prisión que activan sillas eléctricas.

Como por la afirmación de que los “pilotos” no se dedican a acabar con vidas humanas como si de un vídeo juego se tratara, el propio término militar para sus asesinatos con aviones no tripulados, “bug splat” (cuya traducción sería “bicho espachurrado”), que además da nombre a un vídeo juego infantil; y otra prueba que niega esto. De Michael Hastings en Rolling Stone:

En primer lugar, muchos pilotos se resistieron al avance de los drones, al verlos no como otra cosa sino la sustitución robótica de combatientes atléticos altamente entrenados… Ahora, dado el alto perfil y las futuras perspectivas de los drones, los pilotos están haciendo cola para manejarlos, ofreciéndose voluntarios para hacer un curso intensivo de entrenamiento de un año que incluye misiones simuladas. “Hay más entusiasmo para el puesto,” dice el Teniente General David Deptula, un piloto de combate que condujo el programa de vigilancia con drones de la Fuerza Aérea hasta el 2010. “Muchos pilotos tienen muchas ganas de dirigir estos aparatos.”

Para una nueva generación de jóvenes, la experiencia de pilotar un avión no tripulado no es muy diferente a la de los vídeo juegos con los que crecieron. A diferencia de los pilotos tradicionales, que físicamente vuelan sus cargas explosivas sobre su objetivo, los que manejan los aviones no tripulados matan pulsando un botón, sin ni siquiera dejar su base (lo que sólo sirve para de-sensibilizar más aún el acto de acabar con una vida humana). La expresión coloquial militar para un hombre que ha sido asesinado por un ataque desde un avión no tripulado es “bug splat” (bicho espachurrado), ya que la vista de un cuerpo a través de una imagen de vídeo verde y borrosa da la sensación de que es un insecto siendo aplastado.

Cuando el teniente coronel Matt Martin cuenta en su libro Predator, manejar un avión no tripulado es “casi como jugar al vídeo juego Civilization”algo sacado de una “novela de ciencia ficción.” Después de una misión, en la que dirigió un avión no tripulado que tenía como objetivo un instituto tecnológico que había sido ocupada por insurgentes en Irak, Martin se sintió “electrificado” y con “la adrenalina alta,” regocijándose en que “habíamos disparado al instituto tecnológico dejándolo lleno de agujeros, destruyendo grandes áreas del mismo y matando sólo Dios sabe cuánta gente.” Sólo más tarde se hundió en la realidad de lo que había hecho. “No pude sino darme cuenta del horror,” recuerda Martin.

La abogada de derechos humanos Jennifer Robinson narraba recientemente numerosos casos de horribles muertes de civiles entre los que había adolescentes paquistaníes a los que aviones no tripulados quitaron la vida, y observaba que esta “guerra de PlayStation sólo está libre de riesgo para los que manejan esos asesinos a control remoto.” Añadió que el uso del término “bug splat” para las víctimas de los aviones no tripulados “es empleada deliberadamente como una táctica psicológica para deshumanizar los objetivos y de esa manera el que los maneja supera su inhibición para matar; y así ocurre con el público, apático e impasible para actuar,” y que “la expresión tiene orígenes mucho más siniestros y un uso histórico: al deshumanizar a los objetivos paquistaníes, EEUU recurre a la terminología Nazi. Sus objetivos no son sólo objetivos de vídeo juegos, sino molestos o dañinos insectos que deben ser matados.”

No dudo de que algunos atacantes con aviones no tripulados sufren de algo de estrés psicológico al saber que están erradicando vidas humanas con sus mandos y botones rojos (aunque si son sólo bichos lo que están aplastando, ¿por qué debería el estrés ser especialmente agobiante?). Pero ese estrés no se puede comparar con el terror impuesto rutinariamente sobre las poblaciones de muchos países musulmanes que están sufriendo esos ataques. Y cualquier otra cosa es verdad, la guerra con aviones no tripulados es ya tan sumamente barata y fácil que la tentación de usarla regularmente es virtualmente irresistible. Venerándola colectivamente como un acto de “valentía” (de toda clase), mereciendo medallas de guerra, es probablemente sólo para protegerla aún más del escrutinio crítico y de que se pueda poner a prueba.

Este artículo apareció originalmente en Salon.

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