Contestaré a mi amigo Valentín en público.

No sabía que contestarle, porque muchas cosas bullen en mi cabeza, a parte de la tesis doctoral. Pero escuchar la charla de Carlos Enríquez, donde expone su teoría del Proletariado que existió, y que para sorpresa mía, condensa en sólo ¡2 horas de charla!. Os la recomiendo.

Valen, sabes mejor que yo que los trabajadores son estatalistas y que nosotros estamos desamparados. Yo sumo una cosa más, hoy día tenemos que recuperar al individuo para que en el futuro conforme el grupo que será clase para sí, ¡contra la que tendremos que luchar para destruir el Estado! Si algo he aprendido en la soledad de esta puta ciudad de 4 millones de trabajadores, es que nuestro trabajo de hormiguitas debe basarse en buscar la esperanza en las personas que en nuestro entorno huelan a rojo. Hoy, para mí, oler a rojo significa preocuparse por los débiles (en un sentido no cristiano), luchar contra las injusticias, ser sensible, ser EMPÁTICO, luchador, crítico, etc. Las luchas de la clase obrera en un sentido economicista, sindicalista, llevados por las modas, sin un trabajo previo, con una mínima organización, perspectivas, solidaridad, idea de grupo, etc, no tienen mucho sentido para nosotros ahora. Al menos eso entiendo yo. A no ser que sea una organización sindical sólida y duradera en la que puedas olisquear a todos esos de los que hablaba antes.

Yo creo que hoy, y siempre, tenemos que estar con los que quieren luchar, animarlos a que dejen atrás sus miedos, que también son los nuestros. Ser honestos, y no darles manuales. Gritar alto y claro que el futuro no está escrito, que lo tienen que escribir ellos.

Otra cosa que estoy aprendiendo es que si no somos felices en los “tiempos de desamparo” como dice Carlos, no seremos revolucionarios.

No nos convirtamos nosotros en los referentes, al contrario de lo que nos han repetido hasta la saciedad unos y otros. No sustituyamos al padre, al Estado, ni a la madre que lo parió. No seamos Stalin, la victoria no está ahí, es necesaria la lucha, pero no conocemos el resultado. No “enseñemos”, y si lo hacemos, no lo hagamos demasiado rápido.

Hablemos al que quiere oír, no al que más lo necesita. No somos predicadores de una religión nueva, no existe la verdad, aunque podamos demostrar muchas cosas. No se trata de caer en el relativismo, ni en ser derrotistas, ni huir de la organización. Debemos seguir impulsando la organización allá donde sea posible. Pero si tus compañeros de trabajo no quieren luchar… poco más se puede hacer. Es más productivo organizar entonces un partido de fútbol con los que huelan a rojo.

Se dice que el individualismo ha triunfado. Yo creo que es falso, y lo iré desarrollando en el futuro. El problema es que el capitalismo del siglo XXI ha destruido al individuo, después de cargarse al grupo, a la clase. Nosotros, como si fuéramos psicoterapeutas, tenemos que ayudar a que la gente recupere la confianza en uno mismo.

Tenemos que encontrar lo mejor de la contradicción siguiente: si la clase obrera tiene al estatalismo, al papá Estado; y nosotros renegamos del vanguardismo en tanto que reaccionario, porque también tiende al Estado. De esa contradicción creo que tenemos que encontrar los brotes verdes del comunismo.

Mucho ánimo, descansa, estudia, piensa, escribe y al lío.

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