Glenn Greenwald. 1 de septiembre de 2013

Traducido de inglés por El Mundo no Puede Esperar 5 de septiembre de 2013

Se celebra que el presidente busque el voto en su última guerra incluso cuando sus asistentes han dejado claro que no es vinculante

Es un poderoso signo de lo bajos que están los estándares de la política estadounidense cuando se expresa gratitud porque un presidente de los EEUU diga que pedirá al Congreso votar antes de que empiece a bombardear otro país que no está ni atacando ni amenazando a los EEUU. El que los EEUU no se verán envueltos en guerras en el extranjero por decisión propia sin el consentimiento del pueblo estadounidense a través de sus representantes en el Congreso es un mandato central de la Constitución de los EEUU, no una innovación liberal y progresista del siglo 21.

Por supuesto, George Bush buscó aprobación del Congreso para la guerra de Irak (aunque lo hizo una vez que estaba claro que el Congreso la garantizaría: Recuerdo perfectamente ver al entonces Jefe de relaciones exteriores del Senado Joe Biden prácticamente rogando a la Casa Blanca de Bush “permitir” al Congreso votar sobre el ataque a la vez que prometía con antelación que lo aprobarían).

Pero lo que hace particularmente extraño de las celebraciones de reacción al anuncio de ayer es que el voto del Congreso que Obama dijo que pediría, parece, en su cabeza, no tener ningún poder vinculante. No hay razón para creer que un rechazo del Congreso a autorizar la guerra contendría a Obama de alguna manera, otro que quizás políticamente. Al contrario, hay pruebas sustanciales en la propuesta que indican que la Casa Blanca ve el voto como meramente consultivo, o sea, sin sentido.

Recordemos cómo, en uno de las peores y más ignoradas acciones de la administración Obama, la Casa de Representantes votó mayoritariamente en contra de autorizar la guerra de EEUU en Libia, y aún así Obama simplemente ignoró el voto y procedió a seguir adelante con la guerra de todas maneras (tal como Clinton hizo cuando la Casa rechazó la autorización que quería para bombardear Kosovo, aunque, por lo menos ahí, el Congreso más tarde apoyó financiar la campaña de bombardeos). ¿Por qué la Casa Blanca ve que el poder del presidente para lanzar una guerra en Libia es imparable por el Congreso, mientras ve su potestad para desatar la guerra en Siria como dependiente de la autorización del Congreso?

Para añadir más a este punto, sus auxiliares han dejado claro que Obama no considera el voto vinculante, tal como informa Time:

“Para hacer las cosas más complicadas, los auxiliares de Obama dejaron claro que la búsqueda del presidente del apoyo del Congreso no sería vinculante. Aún podría atacar Siria incluso si el Congreso plantea un rechazo.”

Es verdad que antes de meter a los EEUU en otra guerra en Medio Oriente es preferible que el presidente busque apoyo del Congreso que no lo haga, pero esto sólo es cierto si el voto se considera algo más que un ritual vacío y simbólico. Declarar antes de tiempo que el debate que el presidente ha pedido y que el voto del Congreso que quiere no son nada más que gestos no vinculantes (sólo importarán si el resultado es el que el presidente quiere que sea) es mostrar un desprecio bastante fuerte tanto por la democracia como por la Constitución.

Bombardeo

Hay pocas cosas más raras que ver a gente defender el bombardeo de otro país incluso reconociendo que no tendrá consecuencias positivas otras que salvar la “credibilidad” de aquellos que bombardean. Y relacionado, es difícil de imaginar un signo más potente de debilidad, de un imperio decadente que la “credibilidad” de la nación dependa del bombardeo periódico de otros países.

Actualización

Según Spencer Ackeman del Guardian, el Secretario de Estado John Kerry, esta mañana en la CNN, dijo esto cuando le preguntaron sin el voto del Congreso sería vinculante: “(Obama) tiene el derecho a hacer esto no importa lo que haga el Congreso.”

Este artículo se publicó en The Guardian UK el 1 de septiembre de 2013.

Anuncios