[youtube http://youtu.be/TIVE7MxdzTU]

El documental de José Lozano y Hollman Morris titulado Impunity (Impunidad) se estrenó el pasado 20 de junio en Bogotá. Como Estado “democrático” que se precie debe ejercer la censura mediante “la autocensura”. El documental apenas se emitirá por las salas colombianas ni mucho menos del resto del mundo. Este vídeo son fragmentos del documental completo que podéis bajar aquí (es de libre distribución).

El documental es excelente, aunque es necesario saber un poco sobre la historia reciente de Colombia y el paramilitarismo porque continuamente salen nombres y situaciones que no son explicadas adecuadamente.

Este artículo lo planteo no sólo para difundir este excelente documental, sino por analizar qué entiendo yo por paramilitarismo y por qué lo llaman así.

Estado con mayúsculas incluye al “estado” (como elemento funcional: gobierno, ejército, justicia…) más las relaciones sociales de producción, a la dominación ideológica, a las clases, etc, etc.

El Estado colombiano es débil, es incapaz de ejercer no ya la hegemonía en el territorio sino ni siquiera hacer presencia en muchas zonas del país. Pero no porque su estado no sera fuerte, sino porque es incapaz de imponer la hegemonía. La hegemonía se basa en la capacidad de las clases dominantes en pasar a ser clases dirigentes y conformar una sociedad civil estructurada donde la dominación no sea meramente coercitiva sino ideológica y estructural (Gramsci y el método historiográfico).

Fuente IAP

Esta debilidad, o ausencia de sociedad civil estructurada, tiene varias causas en Colombia. Empezando por la formación de una oligarquía criolla mediante la encomiendaDespués, la independencia del imperio español no se hizo gracias a la unidad de la oligarquía y burguesía criolla, sino que desde el principio, con la traición de Santander a Bolívar las clases dominantes estaban divididas. Tanto, que desde la primera independencia la guerra ha sido una constante en Colombia. Guerra entre las clases dominantes y sobre las subalternas. Tanto en la guerra de los mil días de finales de siglo, como la “época de la violencia de mediados del XX”, han sido enfrentamientos entre liberales y conservadores, pero que tenían como principal blanco al campesinado.

Ya Bolívar dijo: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad” y así ha sido, el imperialismo nunca ha sido tan sangriento en Colombia como en los últimos 10 años. El saqueo y el fomento de la guerra perpetua ha sido clave para entender la actual coyuntura colombiana.

Pero las clases subalternas, especialmente el campesinado, no son meros actores pasivos, sino que especialmente desde el año ’48 han resistido, heroicamente podemos decir, los ataques de las clases dominantes. Esta resistencia ha impedido la conformación de una sociedad civil “equilibrada” o sumisa según se mire. Esa resistencia continua frente al despotismo y la injusticia ha hecho que el campesinado no se identifique con ningún proyecto democrático nacional al uso.

Las clases dirigentes no pueden escribir su propia “historia”. Han pasado de ser lacayas del imperio español a, sin revolución, ser lacayas del imperialismo. Este último no le impediría en un principio escribir su propia historia (véase Chile o Argentina), pero es que se encuentra de frente con la resistencia de unas clases subalternas que unido a su propia incapacidad (mediocridad en muchos casos) y codicia ha llevado a que su estrategia sea la eliminación del enemigo mediante la masacre y el terror.

Simplificando mucho, cuanto más sumisas son las clases subalternas menor violencia directa tiene que ejercer el Estado para dominarlas. Y no me refiero únicamente a la resistencia armada, a los grupos insurgentes y las autodefensas campesinas; sino especialmente a los movimientos campesinos y obreros que vienen luchando durante más de un siglo contra la opresión.

Pero quiero hacer hincapié en otra forma de resistencia que pasa desapercibida y que es fundamental para entender la hipótesis de la debilidad del Estado como causa del conflicto armado colombiano. Y esta es la autoorganización campesina. La “especialización” del Estado colombiano en un aparato represor. El abandono de las formas clásicas de “consenso” como la educación, la propaganda, etc en muchas partes del territorio ha hecho que sean la comunidades las que suplan esas carencias. Lo más evidente es en infraestructuras. Las comunidades, a través de sus aparatos de gobierno (las juntas de acción comunal ahora), son las encargadas del mantenimiento (o construcción) de carreteras, puentes, escuelas o puestos de salud. A veces con ayuda económica pero la mayoría de las veces no. Pero no sólo esto. Son estas comunidades las que se encargan de la selección del maestro y la construcción de la escuela. La falta de inversión en salud ha hecho que la medicina tradicional no haya sido desbancada por la “occidental”. Sino que brujos y curanderos utilizan la medicina tradicional y se convierten en líderes de la comunidad, tanto que a menudo son blanco de la represión estatal (como Aicardo).

Pero es que el Estado no es capaz en muchos casos ni de ejercer coerción. En muchos casos es la misma comunidad la que aplica la justicia. Depende de varios factores, de la presencia de algún grupo armado o no, de los niveles de organización, de la coyuntura y del motivo, pero en general los líderes son informados del “delito”, se investiga, la comunidad se reúne y organiza un juicio popular. Suelen ser los grupos armados los que la apliquen. Ya digo, esto es muy general y viene más de percepciones mías sobre terreno que documentación. Pero lo que aquí nos interesa es que el Estado (las clases dominantes) no es capaz ni de que se aplique el sacrosanto Derecho dentro de todo su territorio.

Justicia, salud y educación son los pilares fundamentales en la formación de una sociedad civil, de un Estado (en un sentido amplio) cohesionado y funcional para las clases dirigentes.

Otra de las consecuencias de la falta de cohesión entre las clases dominantes son las contradicciones que se dan dentro del Estado que llevan al uso del paramilitarismo por parte de la oligarquía.

¿Pero qué es el paramilitarismo? Si partimos de la base de que las fuerzas de seguridad (sic) del Estado al servicio de las clases dominantes sirven para mantener el status quo, ¿por qué algunos sectores de esas clases deben formar sus propios ejércitos? Pues por su propio conflicto. Conflicto entre burguesía liberal (comerciante) y terrateniente, y estas con los narcotraficantes. Todo aderezado con capital internacional (minero y agrícola). Como decía al principio, las clases dominantes colombianas no están cohesionadas. Es una cuestión política, ideológica si se quiere. Entonces, para mí, el diferenciar entre Militarismo y paramilitarismo tiene una función política o estratégica. ¿De qué nos sirven a los que no estamos conformes con esta legalidad el que la represión sea legal o ilegal? Porque no podemos olvidar que en definitiva son los ejércitos de los opresores. Pero lo curioso del caso colombiano es que no existe una separación clara entre ambos ejércitos, el legal y el ilegal. En el documental queda claro cómo los hermanos Castaño (fundadores de las Autodefensas unidas de Colombia) y comandantes de las autodefensas se reunían constantemente con los líderes de la oligarquía colombiana. O que los mandos del ejército regular comandan también a paramilitares. O que la inteligencia del ejército era utilizada por los paracos. Sin hablar de infraestructura, recursos, etc.

Pero hay más factores a tener en cuenta. Por ejemplo cuando HH explica que se tuvieron que incrementar las desapariciones (hornos crematorios, enterramientos y “al río”) debido a la presión, mediática digamos, que esos cuerpos ejercían. Ahí sí tenemos que tener en cuenta la legalidad. Pero por qué hay que llamarla “parapolítica”. Si a los terroristas los financia el narcotráfico es parapolítica, pero si los financia una multinacional petrolera es política.

Hay más cosas a analizar, pero no quiero alargar esto. Como son los métodos para generar terror, la magnitud del genocidio (el más grande del continente en la segunda mitad de siglo), la impunidad, el papel del imperialismo estadounidense y europeo, especialmente el cinismo de este último, etc.

En este documental podemos visualizar de lo que son capaces las clases dominantes desesperadas por mantener el poder. Como un gato panzarriba.

Anuncios